Detenerte a tan solo un paso, tus manos caen sobre esos hombros y te pierdes en una mirada, ajena y tuya. El corazón late con locura, la sangre corre por tus venas y el rostro te arde… cuando reparas en un brillo de felicidad en esas pupilas. Y sabes que es por ti. ¿Qué queda si no es robar un beso que, en verdad, se te ofrece?
-Te miro y en tu rostro veo mi vida.
Mientras esperaba recostado de este trailer reconocí que no sabía quién era, qué esperaba o qué me haría feliz. No entendía cómo era mi vida hasta ese momento, ni siquiera sabía si estaba vivo. No conocía mi propio rostro… hasta que alcé mi huidiza mirada y me vi reflejado en tus ojos. Allí lo supe, entonces comprendí qué faltaba. ¡Eras tú! Ahora todo estaba en orden. Todo terminaba… todo comenzaba…
Julio César.
NOTA: Por problemas con la computadora, y por reuniones de urgencia de la Oposición, me retiro unos días, tal vez unos cuantos. También me servirá para hacer un balance, creo que estoy llevando muchos blogs (más de dos, no digo más), y eso dispersa el trabajo de hablar mal de mis enemigos. Aunque me gusta mucho este espacio, gracias por los comentarios. Ya nos leemos, chao.