Vivir la ilusión del sueño, la ansiedad embriagadora de la espera, “llega mañana… mañana estará aquí”. Sufrir la separación, saber que al llegar ya te dice adiós porque no puede quedarse, porque no es su lugar, porque su hogar está en otra parte. ¿Qué puede ser peor que saber que su vida te pertenece pero no puedes quedártela?
Nunca me faltes, amor…
¿Por qué tiene que ser así, mi amor? ¿Por qué nadie me dijo que sería así cuando era un muchacho que crecía esperando su primera ilusión como un tonto?¿Por qué cuando más se ama más se sufre? ¿Por qué tengo que padecer tu ausencia para ser un poco feliz recordándote a mi lado? Cuando estamos juntos el mundo es claro y hermoso, mi corazón se agita lleno de ganas y de vida; a tu lado quiero gritar, reír, hablar. A tu lado soy tan feliz que olvido que cuando no estás sufro y lloro de amargura cada vez. ¿Puede ser esto malo? ¿Por qué para mí el amor está prohibido? Pero aún me quedas tú. Al menos cuanto con alguien en este mundo que en verdad me quiere, que aguarda por mí, que sueña conmigo. Sólo tú llenas el vacío que era mi vida, amor, y por eso siempre te esperaré aunque me lastime la ausencia, porque a la final sé que llegarás y todo tendrá sentido una vez más. Ven ya, todavía te espero junto a la ventana mirando hacía la montaña…
Julio César.