¿Nunca han hecho algo aún sabiendo que no debían, que era incorrecto o poco elegante? A veces mirar, sonreír, pensar, ocultar algo que sabes que, tal vez, más tarde puede estallarte en la cara es un impulso tan irresistible que lo haces… aunque luego te avergüences. En sí eso es extraño, hacer algo que todo te grita no, saber que estarás mortificado… y sin embargo no te detienes. Debe ser eso que lleva a tantos a cometer delitos, a hacer cosas terribles. Siempre recuerdo, en uno de esos momentos, una frase de Felipillo, el amigo de Mafalda: es terrible que mis debilidades sean más fuerte que yo.
Ahora no podía quitarle las manos de encima…
-Deja la vaina que Michelle, tu mujer, está viendo.
-Ella sabe que somos amigos del alma…
-Entonces quita la mano y deja de…
-Es que esa bicicleta te tiene durito.
-Para ya, coño…
-Sonríe, disimula y quédate quieto. Tenía tiempo sin verte, o tenerte a mano…
Julio César.
NOTA: Mientras eliminaba tantas cosas que ya no interesan, notando que me he apartado mucho de lo que deseaba al iniciar esta página, encontré este corto escrito hace mucho. No lo recordaba. Era una de esas fotografías con las que pensaba jugar a la ambigüedad entre los protagonistas de esa película que tanto me gustó; de hecho la usé durante aquellos tristes días de finales de enero. Me hizo reír mucho cuando lo escribí, al releerlo me preció demasiado atrevido (sobretodo las partes que cambié). Pensé en borrarlo, se los juro, estuve tentado, la envié a la papelera y todo; pero no pude hacerlo. No puedo simplemente eliminar sus fotografías aunque ya las haya usado más de una vez. No es falta de respeto, es… no lo sé.