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BALADA DEL VAQUERO ENAMORADO...

QUIERO HABLAR SOBRE LA PELÍCULA QUE ME HA GUSTADO COMO NO ME GUSTABA NADA DESDE XENA, LA PRINCESA GUERRERA.

 
 
     
 
Tuesday 22/April/2008 05:09

EN LA CAMA


¿Realmente existirá el tipo que le responda a su mujer, a la pregunta de “¿se me notan mucho las ojeras?”, “no, he visto mapaches peores”? Y sin embargo, al ritmo de la rutina, algo así podría colarse. Puede parecer intranscendente si lo comparamos con el calentamiento global o la represión en el Tíbet… pero al parecer molesta. Y son esos detalles los que hacen pesadas las veladas en la cama cuando no hay nada mejor que hacer.



HUMILDEMENTE.JPG

   Descansando humildemente en mi camita…

 

   Si las mujeres supieran lo rico que es comer en la cama no vivirían quejándose de uno al respecto. Estar echado, o sentado, tragando de una bolsa grande de papitas, o una totuma enorme de cotufas (lo que llaman palomitas de maíz en otras partes) o simplemente un sánguche, es algo casi sensual. Uno se siente en la gloria mientras ve su televisor y come. Es como… atrincherarse un rato en el castillo del rey. No como dice una amiga mías, Fátima, que los hombres se siente tan felices haciéndolo como un cochino en su chiquero (aunque la imagen de felicidad no es tan desacertada). Claro, no se va a dormir sobre un mar de migas, mucho menos si la colcha se moja de jugo, refresco o cerveza; esa es una de esas mil cositas que molestan a la hora de ir a la cama.

 

   Tampoco es que uno va a comerse un sánguche de sardinas en el cuarto, todo quedaría apestando, y no es nada grato. Y todo el que ha comido sardinas sabe que estas se las ingenian para dejar caer gotas de aceite por todos lados. Y en un cuarto que apesta, como no sea a plagatox, olor que en lo personal no me molesta, es imposible dormir. A Alicia, una antigua pareja, le gustaba encender temprano, una de esas horribles varitas aromáticas, y había unas que apestaban al punto de hacerme estornudar. Creo que lo hacía a propósito cuando me comía algo en el cuarto, aunque según ella era para espantar ese olor. Pero entre el olor a comida y el de las varitas esas, prefiero mil veces el de los alimentos.

 

   ¿Pero saben que me molesta más en la cama, fuera de la falta de ganas cuando uno cree que sí había interés?, y consultándolo con amigos, encontré concordancia: el olor de las cremas de noche. Por encima de las diez de la noche, despachado todo otro asunto, Alicia se sentaba frente a la peinadora mientras mirábamos las últimas noticias del día por Globovisión. Se untaba los pies sobretodo los talones con una crema extraña, cubriéndolos luego con medias de paño (al parecer tengo los pies fríos y eso no le gustaba, aunque dicen que pies fríos corazón caliente). Rodillas y codos se los frotaba casi con furia con otra sustancia. Tomaba unas toallitas que ya venían perfumadas de algo que según ella liquidaba cualquier huella de impurezas o cremas, y se daba con la fuerza que deben poner para retirar restos de coral del casco de un barco. Frente, nariz y cuello le debían arder, pensaba yo. Luego venían las cremas de la cara, que aunque costosas, ella se aplicaba en grandes cantidades. Según para hidratar, refrescar y rejuvenecer, eliminando las bolsas bajo los ojos o las arruguitas que según ella le sacaba el sol (el sol de años, pensaba yo). Y aquí quiero dar un consejo a los hombres: a menos que lleven mucho tiempo con ella, o que se le conozca por su sentido del humor, jamás le respondan cuando pregunten “¿cómo me veo?”, con un “peor que ayer”.

 

   Alicia, finalmente, se aplicaba crema en las manos y entraba a la cama, con una bendita costumbre de pegarse de mí. Y todos esos afeites tenían un olor perfumado que era agobiante. Era una mezcla extraña que me hacía llorar los ojos. A veces hasta percibía el aroma de la base de pepino que usaba en la exfoliante. Y después quería un abracito o algo así; yo lo toleraba, por ella, pero en verdad, ni verla aplicándose todos esos placebos, y mucho menos la sensación untosa u olorosa en la cama, era grato. Sólo la costumbre salva. Yo le decía:

 

   -Sigue usando tantas cremas y un día de estos voy a abrazarte en la cama y te vas a resbalar cayendo al piso…

 

Julio César.

 
 
   · autor: jcqt2223  · sección: General  
     
   
 
     
 

Comentarios

  • Thursday 16/October/2008 19:32 · alfonso escribió:
    muy buen articulo, me pasa algo por el estilo
 
 
     
     
 
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