No me crean un maniático… al menos no uno peligroso.
¡Qué broma! Apenas hace un rato acaba de llamarme Carmencita, una querida amiga. Me lo dijo toda emocionada aunque intentaba no demostrarlo. De igual manera le respondí: ¿ah, sí? No sabía, gracias. Pero mientras iba colgando y meditándolo, me llené de… ese viejo sentimiento alegre y triste, expectante e inquietante. Quiero y no quiero. Pensé que a estas alturas estaría más tranquilo. De hecho creo que si, pero ahora…
Imagino que todos ustedes (sí están allí) llevan vidas maravillosas, increíbles, ricamente movidas, de salidas, citas, cenas, cines y discotecas… pero si este sábado 5 de abril llegan temprano a sus casa, y no tienen nada mejor que hacer, por el cable, en el canal MGM, promocionan una buena cinta para las 22 horas. Antes habrá un especial (me pregunto si estaré listo para eso, sinceramente no lo sé); pero claro, ¿quién ve esas cosas? Los invito por invitar…
Sin embargo, yo la veré. Creo que llamaré a Alicia y le preguntaré qué hará, ahora anda de novia; casi tengo una seguridad: también ella tiene esa hora ya comprometida, en su cabeza, en su ánimo, esté yo o no, esté con el novio o no. Creo que eso nos distingue a muchos. Es extraño, me siento expectante otra vez, sé que es tonto, ha pasado tiempo, pero a veces es así, se recuerda todo y vuelve a ser como en ese momento.
Julio César.