-Ahora lo sé…
¿Eres tú en verdad? ¿Estas son tus mejillas, tu nariz, tu aliento… tu boca? ¿No estaré engañándome? He soñado tanto en mis noches carentes de ilusiones, llenas de vacío y soledad con este momento que…
-Aquí estoy. Al fin te encontré. –susurra contra sus labios el chico moreno, mirándolo con entrega, adivinándolo.
-Joder, Jack… -sólo pudo jadear, entendiéndolo todo de pronto, con brutalidad, el por qué de sus desalientos, tristezas, inconformidad e infelicidad; comprendiendo al fin por qué ese día parecía más claro, el sol más brillante, y la brisa más refrescante y porqué traía olores a heno y flores que antes no había captado. Era eso lo que faltaba… ¡Jack, y su amor! Siempre había sido él, únicamente él. Y con el amor a su lado, nada más hacía falta.
Julio César.
NOTA: Por cuestiones totalmente personales nos leemos hasta después del sábado de Gloria. Descansen, paséenla bien, y tengan en cuenta algo que recuerdo de cuando era muchacho, y que decían las televisoras en esa época: hoy domingo acude a tu iglesia, sólo Dios satisface… Profundo, ¿eh?