Yo realmente no entiendo a esta gente, o creen que todo el mundo es imbécil, o son unos enfermos mentales. Hace poco, tres días atrás, como regalo de principio de año, así nos dijeron (creí que era algún bono en efectivo, vaya chasco), se nos reunió en el auditorio para oír una ‘charla magistral’; por mal oído pensé que era algo del magisterio, palabra muy asociada a los maestros y profesores, quienes sí tienen un buen sindicato, colegio y un ministerio mejor. Cobran más. Pero no, eran cuatro sujetos, tres hombres y una dama, de no muy buenas pintas. No asistieron vestidos ni medianamente bien, como si ser revolucionario significara no saber ni qué ponerse para tal tarea. Iban con las consabidas franelitas rojas con la esfinge del Che Guevara. Se nos habló de los tiempos duros que enfrentaba el mundo, con escasez de alimentos, desempleo, contaminación… y cómo no, sobre Venezuela y el futuro de la revolución.
La joven se fue en una de hablar sobre los cambios que ocurren en América Latina, como se han abierto los ojos a los problemas sociales… cerrándose a las soluciones que ya venían implementándose, pensé yo, pero me mordí la lengua y callé. Habló del feroz ataque de la potencia del Norte, del Imperio, por impedir semejantes cambios. Y a mí comenzó a darme calor, ¿qué tenía que ver una estratagema en Washington con que en Caracas no se recoja la basura o no se creen nuevas fuentes de empleo para dar seguridad social a venezolanos sin trabajo y de paso reducir, con un argumento sólido, la cantidad de buhoneros? No lo dijeron. Nadie lo preguntó. En verdad nadie quería estar ahí oyendo paja, pero debíamos. Por mi parte me puse a fantasear, imaginaba al señor Bush, riente, en un laboratorio subterráneo, enviando ondas de estupidina que afectaban las ondas cerebrales de los revolucionaros, impidiéndoles trabajar en resolver problemas concretos. Ah, gente pa’mala, me dije. Aunque ¡también los revolucionarios, por Dios!, ¿acaso no saben que para evitar que les lean o afecten las mentes y que los controlen basta con ponerse un sombrerito hecha de aluminio? ¡Eso lo sabe todo el mundo!
Luego habló un muchacho alto, delgado, de barba curiosa. Creo que intentaba parecerse al Che o algo, pero le quedaba bien mal, me pareció notar algunas migas de pan atrapadas allí. Él habló de la protección que Estados Unidos brindó a dictaduras militares de derecha, brutales y criminales como la de Augusto Pinochet en Chile; y de sus ataques a la dignidad de los pueblos, como el bloqueo a Cuba, y que era deber de los bolivarianos enfrentarlos. Y es cierto, pero el joven olvidaba mencionar la colaboración, protección y responsabilidad de la Izquierda en los brutales crímenes del sátrapa Fidel Castro en la isla. De eso no dijo nada, ni una palabra, como si los presentes fuéramos chinos cogidos al lazo (nunca he entendido de dónde viene este decir, pero me gusta). Ahí yo ya había pasado del calor a un soponcio como de adormecimiento, y de ahí a la arrechera, y parándome hice una pregunta que intentaré recordar aquí:
-Bueno muchachos, ¿ustedes creen de verdad que si Simón Bolívar estuviera vivo apoyaría a un dictador como Fidel Castro que lleva más de cuarenta años montado sobre un pueblo sometido como si de un rey o un emperador se tratara? A mí me parece, que de estar aquí y ahora, se montaría en una balsa, iría a Cuba a darle correazos a toda esa gente y a levantarla en armas para derrocar al tirano, y que ‘no daría descanso a su brazo’ hasta tenerlo en un patio para ser fusilado por el pueblo.
Ah, ¡qué momento! Se confundieron todos. Intentaron hacernos creer que no, que Cuba deseaba eso, que era un régimen de libertades, que el pueblo era feliz en una silenciosa lucha contra el Imperio y bolserías por el estilo. Hubo muchos murmullos, algunos se molestaron conmigo, otros no; pero más o menos todos me conocen y saben que siempre salgo con algo así. Cuando siguieron insistiendo con lo de la campaña mediática de los medios controlados por la oligarquía para desprestigiar la revolución cubana, casi grité y tuve que pararme por segunda y última vez.
-Mira, muchachito, sí es una campaña mediática contra un pueblo libre y feliz puede comprobarse fácilmente. Vamos a VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, llamamos a los otros canales, RCTV y GLOBOVISIÓN, y a CNN, y ustedes cuatro proponen irse a vivir con sus familias a Cuba con todo lo que tienen, y que las primeras cuatro personas que lleguen a la embajada de Venezuela, se les permitirá salir y cambiar de puesto con ustedes, sin llevarse nada de Cuba, y entonces vamos a ver lo que pasa. Ustedes se llevan todo a ese régimen de paz y amor, y el que se quiera ir no se lleva sino lo puesto, vamos a ver qué tanto hay de cierto en lo que dices.
¡Tenía yo tal arrechera! Claro que no se aceptó, todo se fue en bromitas hirientes, en lo de la revolución penetrada y todo eso. Yo ya iba a aclarar que chavista no soy, pero la doctora Jiménez, mi jefa, me clavó esas garras que tiene por uñas en el brazo y me detuvo. Dios mío, qué tibiera. Yo sentí que me iba a dar algo, después me dolió la cabeza, creo que sufrí un mini ACV. En honor a la verdad, en el departamento jamás nos han obligado a ir a marchas, a vestir de rojo o gritar consignas. Estas mujeres, mis jefas actuales, son muy gente para eso, pero esos muchachos que no pueden ni argumentar contra una opinión expresada en voz alta, me sacaron la piedra. Yo creo que si me hubiera cortado una vena, no sangro, la sangre se me había vuelto morcilla de la arrechera.
La clase magistral continúo entre tonterías y vaguedades, pero en verdad sentí que esos muchachos querían irse ya. ¿Qué podían decir o hacer después de lo expresado y de quedarse sin palabras por un momento? El desafío no había sido aceptado ni por hipocresía y sabían que habían perdido la audiencia. La doctora, más tarde, se le secó la lengua y le dolió la garganta de tanto regañarme, por imprudente y necio. Y en el fondo sé que es cierto, y hasta agradezco su preocupación, pero ¿por qué tenemos que vivir con este miedo de expresar lo que pensamos? ¿Cuándo eso se volvió un delito, cuándo comenzó a ser peligroso pensar por tu cuenta? Por eso odio estos regímenes de Izquierda, gente necia que debe amenazar para sostenerse, ya que con logros no pueden.
Julio César.
NOTA: Sin querer, y sin esperarlo, he tenido algunos problemas por esta entrada. Se me considera excesivamente duro, injusto y hasta cruel. Evidentemente muchos no han leído que estamos en guerra, y a falta de tribunales, fiscales y policías, el ciudadano común usa lo que puede y tiene a mano. No se trata de injuriar por injuriar, eso lo dejamos al Presidente de la República.