Dentro de nuestros sacos y atrapados en la ciudad podemos mirar a la distancia, hacía las viejas colinas, y un sentimiento de rebeldía, de añoranza… de aventura, de desear buscarla, despierta en nosotros. Una noche, no sé cómo o cuándo ocurrió, dejé de mirar hacia el cielo estrellado; tengo tiempo escapando en mi mente hacía las montañas; ojalá no llegue una tarde cuando no lo recuerde tampoco, cuando ya no halla tiempo ni para eso.