Dudaba en publicar esto, que me encantó, porque si alguien ha leído con cuidado, sabrá en dónde lo he usado ya (y entenderá todo lo que pensaba utilizar todavía), pero la autora (ah, caramba, Gitana, ¿y si te meto en un problema? Digamos mejor quien lo publicó para que todos leyéramos), merece el crédito. Sin ella no sería tan fácil para mí entender el dolor de mi alma, la soledad que nos rodea, la cárcel que levantamos a nuestro alrededor, separándonos, aislándonos de la vida. Dios, ¿donde dejaría mi arma?... No, Marga, sólo juego… (suspiro).