Ah, malditas dudas. ¿Cuántas veces no nos detenemos por un temor primitivo, que intentamos disfrazar de cualquier cosa, ante una oportunidad inesperada? “Deja ese trabajo. Déjalo todo y vente con nosotros, estamos comenzando pero vamos a triunfar”. Y te quieres ir, pero te asustas. Y reculas, y escapas. Y luego vive para lamentarlo, hasta que decides olvidar como sea. Hay incertidumbres peores, estás frente a esa persona y notas que sus ojos te dicen claramente: di algo y me quedo; o me voy contigo; o simplemente “di algo, por favor”. Pero callas. Dudas. Y la vida pasa a un lado. Y tú la ves alejándose, sin molestarse en despedirse.