Hace tiempo le pregunté a una amiga, entre cerveza y cerveza, viendo cierta película: “Alicia, ¿hay algo de lo que te arrepientas de verdad alguna vez?”. “¿Fuera de salir contigo?”, soltó, cómo no, pero sonrió y dijo que sí, de algunas cosillas. Y las enumeró. Y eran bastante. Pobre Alicia, ¡tiene tantos problemas! No me gusta la idea de lamentar algo, me asusta que llegue el momento cuando deba arrepentirme, con dolor y amargura, de algo en verdad. No recuerdo de quién era una autobiografía a la que tituló “No me arrepiento de nada”; eso me agrada más.
No había nadie cuando pasaba por ahí entre diligencia y diligencia, al ir para cumplir, eso estaba lleno hasta el techo. Todas las filas avanzaban con rapidez… excepto esa donde estaba yo. Y creo que me equivoqué cuando utilicé la computadora. No estoy seguro, pero si así fue, me tengo que mochar la mano. ¿Qué sí estoy contento con el resultado? ¡De ninguna manera!
A veces, en verdad, me gustaría manejar de forma adecuada las palabras y hacerme entender. No es fácil muchas veces, Marga, Alejandra, amigos; por suerte se puede recurrir a las de otros. Definitivamente la palabra escrita fue el gran logro de la humanidad. Imagínense todo lo que se perdería de no existir. El mundo siempre estaría comenzando de cero, sin aprender jamás de sus errores… si es que algo aprendemos.
A veces uno tiene que morderse la lengua para no contestar con lo primero que le pasa por la cabeza. Nada más hace unos días una señora, molesta, entró a mi oficina buscando la salida. Le respondí, y después me arrepentí: es la puerta que dice SALIDA en grande. Otro cuento de Divagancias.
Me recuerda una propaganda, también argentina, sobre un grupo de amigos reunidos y uno lee que de cada diez argentinos uno es gay. Cada uno comienza a contar por lo bajo cuántos hay ahí y resultaba que cada uno era el número diez, y notaban un detalle extraño en cada uno de ellos, que si una colita de caballo, un aro, unas medias (calcetines) rosas y cosas así, ¿Saben que me hizo reír?: que me dije, ¿y todos esos tipos reunidos?, que cosa más gay.
Lástima que parece que en Brasil quieren hacerle lo que los hinchas peruanos sueñan con hacerle a Richard Páez, el ex director técnico de nuestra VINOTINTO. Y créanme, no es nada con tintes románticos, o eróticos, que sería mejor. Pero no, nada de eso, hablan de querer su pellejo colgando de un gancho (qué gráficos). Seguro que pronto lo tendremos por aquí de vuelta; hablo de Richard, claro.
A veces miramos a dos personas, una pareja, discutir amargamente, con saña, y nos preguntamos ¿cómo o por qué siguen juntos? Pero ¿qué podemos saber de las cosas que no vemos, de los momentos de intimidad, de compañía, de complicidad? Hay quienes escatiman un saludo, una sonrisa o hasta un beso, pero nunca sabemos qué paraíso o qué infierno está viviendo. Eso hace al mundo tan interesante, y algo aterrador. Hay días malos, pero también buenos momentos. Ya es algo.
Hace tiempo una hermosa joven me fue llevada para que me ayudara con el trabajo; pero fuera de bonita era un desastre. Debía hacer mi trabajo y corregir el de ella. Un día, toda vocecita dulce me dijo: “No lo ayudo, ¿verdad?”. A lo que respondí, mala gente como soy: “Ay, nena, a ti te podrían denunciar en Protección al Consumidor, fuiste una oferta engañosa”. Pero al menos era linda. Ahora está en la sub región y creo que gana más que yo.
Sí, amigos, Marga, lo admito: soy un cerdo capitalista y materialista. Yo no quiero un millón de amigos, sólo efectivo. No es por mala gente, pero ¿se han fijado en lo caro que está el kilo de felicidad?
Con tal de que no ganaran los republicanos, hasta la izquierda habría servido. No, mentira, esos no sirven para un carrizo. En estas elecciones perdieron tres de mis más admiradas mujeres en política: Hilary, Condoleezza y ahora la Sarah. ¿Qué puedo decir?: soy feminista.
Y un día, con suerte, inventarán la pastilla para combatir la panza que sí funcione, y que uno rebaje mientras mira televisión, come costillitas fritas de cerdo y toma cervecitas bien frías. Ah, qué día tan bello será… A veces me pregunto ¿de qué carajos se ocupa tanto científico que no lo han hecho ya? Curando el cáncer, la gripe o la diabetes no es, ¿entonces?
La miras y el corazón palpita, la sangre corre, la boca se seca un poco. Y sonríes, de forma perversa o tierna; y la miras, de forma cariñosa o cáustica, lo que haga falta para que también seas mirado. No lo sabemos, o tal vez sí aunque no lo reconocemos, pero estamos embarcados en el juego…
Como saben, Venezuela es un país novelero, recuerdo regresar de tarde en tarde del liceo al grito de “¡mamá!” y que esta me siseara, callándome, mientras veía una novela rara donde una vieja con un parche en el ojo mataba gente a diestra y siniestra. Era una mexicana, Cuna de Lobos. Se perdía tanto en ella que yo mismo terminé acompañándola, haciéndome el loco, y la verdad habían villanos de fábula. Pero lo mejor era la venganza de la heroína, ver a los malos retorciéndose ante su acoso. La venganza le da sentido a aquello de que al final cada uno recibirá lo que se merece.