Me pasa con mis amigos, cuando nos reunimos hablamos de todo, reímos de todo; aquello que es serio o grave también es tratado, aunque se intenta dejar atrás muy pronto. Pero algo que noto es que siempre hablamos de algo pasado, de recuerdos de la cuadra, de la escuela, el liceo o la universidad. Y reímos y reímos. Y nos gusta. Será que como dice el tango, recordar es vivir… otra vez. Quiero compartir un poco de eso con ustedes, aunque ya rayé en el fastidio. ¿Qué puedo decirles? Lo que es importante para uno, siempre parecerá lo más importante del mundo. ¿O no?
¿Qué será eso que no nos deja prosperar y sobresalir? ¿Por qué a otros les va bien y a otros no? ¿Por qué hay ciudades aseadas, ordenadas, donde las cosas funcionan y otras que son… como Caracas?
Sé que me van a criticar por lo que voy a decir, pero trabajando durante tanto tiempo con muchas mujeres muy preparadas y con variados títulos académicos, observaba que cada vez que iban a una reunión importante se peinaban como modelos y usaban unos trajecitos que lo dejaban a uno con los ojos claros y sin vista. Son mujeres hábiles e inteligentes, por eso creo que sabían que había que cubrir todas las esquinas en ese bingo.
Es que ya los imaginaba, ni de casualidad entraron en una iglesia, mucho menos, por equivocación, en un museo, pero los alegres viajeros arrasaron con cuanto licor encontraron en su camino. Ni el agua de los jarrones se les salvó. Y me pregunto yo cuando los veo discutir sobre quién irá a París y quién a Madrid, ¿para emborracharse deben ir tan lejos?
Dentro de nuestros sacos y atrapados en la ciudad podemos mirar a la distancia, hacía las viejas colinas, y un sentimiento de rebeldía, de añoranza… de aventura, de desear buscarla, despierta en nosotros. Una noche, no sé cómo o cuándo ocurrió, dejé de mirar hacia el cielo estrellado; tengo tiempo escapando en mi mente hacía las montañas; ojalá no llegue una tarde cuando no lo recuerde tampoco, cuando ya no halla tiempo ni para eso.
Dudaba en publicar esto, que me encantó, porque si alguien ha leído con cuidado, sabrá en dónde lo he usado ya (y entenderá todo lo que pensaba utilizar todavía), pero la autora (ah, caramba, Gitana, ¿y si te meto en un problema? Digamos mejor quien lo publicó para que todos leyéramos), merece el crédito. Sin ella no sería tan fácil para mí entender el dolor de mi alma, la soledad que nos rodea, la cárcel que levantamos a nuestro alrededor, separándonos, aislándonos de la vida. Dios, ¿donde dejaría mi arma?... No, Marga, sólo juego… (suspiro).
Fracasar es desagradable, en lo grande y en lo pequeño; entonces, ¿quién puede hacer de eso su vida? Creo que el truco está en levantarse después de cada uno, sereno, sin darle el gusto a nadie de saber cuánto nos dolió, pero sacando de ello una enseñanza, al menos eso, aprender de los errores. Sigamos la vida de una joven que falló en un momento dado, llevandose un chasco desconcertante…
…“Una tarde se detuvo su corazón infantil”; tal vez cuando nos enamoramos sin remedio, sin regreso, lo hacemos con corazón de niños. Terrible y maravilloso, pobre de sus víctimas. Este es otro cuento de mi amiga Soledad.
Qué horrible es sentir cargos de conciencia, o culpabilidad, uno debería venir sin ello, o con un botón que lo apagara. Pero tal vez eso nos hace humanos… al menos a la mayoría.
Es por eso que prefiero los viejos clásicos, Halloween, Viernes 13, Pesadillas en la Calle del Infierno, con ellos no había engaños. Sus dementes homicidas eran… honestos en su sentir. También el viejo psicópata en Saw. Es casi decente en su teoría del juego limpio. Pero otros…
¿No te ha pasado que te invitan a una reunión y no quieres ir, y vas quejándote y luego no te quieres ir porque te diviertes una barbaridad? Pasa con todo. Atiendes de mala forma a una persona que viene a quejarse y quedas fascinado; miras a una alguien que te parece simple y cuando te habla te emocionas. Oyes una melodía y te pones idiota. Igual me pasó con esto… encontré oro donde sólo creí hallar aburrimiento.
Hay preguntas e inquietudes que no tienen respuestas, ¿verdad? O si las tienen, pero entonces uno queda mal si las da. Cada vez que me preguntan ¿qué edad crees que tengo?, o ¿de verdad no te acuerdas de mí?, sudo a mares y me evado. Qué maña de la gente de preguntar tonterías.
En la película Batman, el Caballero de la Noche, se repitió dos veces una frase: muere joven como un héroe o vive lo suficiente para convertirte en un villano. Eso les hizo la vida a dos venezolanos notables hasta el momento de su conversión. Uno de ellos era el periodista José Vicente Rangel, quien de paladín de la nacionalidad y la decencia, devino en parodia grotesca de sí mismo (su transformación casi era apreciable a ojo vista, entre temblores, gruñidos, sudores y uno que otro gas expulsado). La otra es esta mujer…
Cuando miramos hacia atrás es fácil reír avergonzado de tantas tonterías que se cometieron… pero que nos hicieron felices en su momento, o no: la chica que va al cine y crees es una cita hasta que llega con el novio; el malestar de barriga visitando a los suegros que acabas de conocer; la media rota que sabías estaba rota pero no te importó hasta caer y lastimarte el pie cuando te quitan el zapato a juro. Todos tenemos muchas de estas historias en nuestro haber, así que ¿para qué apenarse?
Hay una vieja y hermosa canción que dice que si me ven llorando es porque voy amando… Suena extraño, pero como expresó en un poético comentario Jazmín: “Uno no imagina una vida sin felicidad… una vida sin sonrisas y alegrías… a pesar de que el llanto muchas veces empaña algunos de esos momentos, pero después de las lágrimas llega el alivio y las sonrisas…”. ¿Y si entendemos cuándo tenemos la felicidad y simplemente no la dejamos escapar?
¿Imaginan una escena como esta? “No sé, sentí algo raro, ¿seguro que lo tienes puesto?”, pregunta ella. “Claro, mira… ¡Dios mío parece un cuello de tortuga! ¡Se rompió!”. “Ahhh… ¡Si mi marido se entera!”, gimió ella. No, fuera de juego, esas cosas pueden pasar, pero la otra opción es peor, muchísimo peor; no se engañen con tonterías. O que te pase…
Hay personas que son notables, las presiones más salvajes y terribles se ejercen sobre ellas y ahí están, resistiendo y uno no entiende cómo o por qué. Creo que de conocerlos les diría lo que se le dijo a otro como ellos: ¿Qué esperas? Maldice a Dios y muere. Se ven envejecidos, cansados, casi martirizados, pero aguantan. Desde hace más de seis años hay varios ex policías metropolitanos presos por un delito que no cometieron, tanto es así que a pesar de estar la Fiscalía y los tribunales en manos del Gobierno no han hallado forma de condenarlos. Están presos porque se negaron a inculpar a otros de un crimen. Presos por decentes. Este señor De Lamo es otro caso extraño, de él se ha dicho de todo, de todo, desde los medios controlados por el Gobierno, pero él aguanta. Tal vez algo como la virtud, sí arropa a cierta gente.
Mi tren lleva demasiado tiempo detenido en la estación de la tristeza y la insatisfacción, ¿partirá alguna vez? Hoy dije “no puedo, en verdad”, y ahora me pesa. Lo peor es que sabía, de alguna manera sabía que me arrepentiría. Son los muros, siempre están allí aunque no reparemos en ellos porque están hechos de costumbre.
Marga, seguro sabrás de dónde saqué la idea. Has resultado una mina de material melancólico, seguro me alcanzará para una antología completa. ¡Mentira! Sólo juego. Este relato también entra en la categoría de “Hola, soledad…”, así que dejará (o espero) un leve sabor a cobre en la boca. Una advertencia: no se dejen atrapar por ella estando al lado de alguien.
A veces te invitan y sales refunfuñando, negándote al principio, y luego no te quieres ir. A veces no queremos que termine nunca ese extraño momento de felicidad. Y qué barato y fácil sale pasarla bien, pero creo que es por ellos... los amigos.