De muchacho dolía cuando los amigos se mudaban, o ya no estudiaban con uno; no hay nada más inquietante y molesto que saber que gente importante para ti se va y temes nunca más volver a verlos porque se les quiere y hacen falta… ¿qué será entonces cuando es la vida misma la que ves como se aleja?
Vivir la ilusión del sueño, la ansiedad embriagadora de la espera, “llega mañana… mañana estará aquí”. Sufrir la separación, saber que al llegar ya te dice adiós porque no puede quedarse, porque no es su lugar, porque su hogar está en otra parte. ¿Qué puede ser peor que saber que su vida te pertenece pero no puedes quedártela?
Y todavía hay quienes los llaman seres irracionales. Si se aplicaran un poquito más estaríamos viviendo el drama de esas viejas películas tipo La Noche de los Sapos o El Ataque de los Conejos Gigantes. De las ratas no hablo, siempre me agradó Ben.
No hay gente más cruel que aquella que atiende, por deber o vocación, a otros. Aunque se piense que no, son cosas que ocurren en cualquier centro hospitalario.
Estando en la universidad había un compañero del que se decía que “salía con viejas”; a las muchachas les indignaba. Yo también le criticaba… por envidia. Siempre pensé “ah, si me consiguiera una mujer con real…”. Para desgracia mía, soy feo, ni la pelambre roja me salva. Con el agravante de que con los años he mejorado un poco, según mi mamá, así que imagínense de cuando muchacho…
Lo he dicho y lo repito, debe ser bonito amar con locura; siendo correspondido, claro, eso de enamorarse solo es bien triste, es como el cuento del perro que salta intentando alcanzar a la Luna. Pero sí, debe ser angustioso, desesperante, emocionante, maravilloso e intoxicante amar con todo, entregándose con todo, no como algo razonado, algo grato de simpatías. En fin, los corazones tibios no sabemos de eso, aunque en mi caso me gusta pensar que puede ser.
Suena ha corrido mexicano, ¿verdad? Sé que pensarán: Dios mío, cómo exagera para ridiculizarlos y hacerlos ver como anormales. No, para perjudicarlos sólo hay que citarlos textualmente. Ellos si tienen la comprobada habilidad de hacer dos cosas al mismo tiempo: hablar y meter la pata.
Advertencia: aunque utilizo la palabra ‘verdad’, ni por un momento asumo que esta sea una ‘verdad’. Es simplemente mi parecer y no puedo pretender que sea la única, no soy Chávez, ni uno de los Kirchner o el Ayatolá, no soy infalible. Vaya, mis conocidos no reconocerán tanta modestia. Hablemos un poco de Colombia, lo hago porque eso les revienta a mis enemigos políticos…
¿Quién, hombre me refiero, mayor de treinta y tres, treinta y cuatro, no recuerda un suplemento en blanco y negro de la heroína más grande, y se le notaba en su pequeño bikini tipo hilo, llamada ¡MARIBEL!? Era lo máximo por allá, cuando contaba yo doce o trece años. ¡Qué suplemento…! Y no digo más porque ella solita merece un comentario aparte. El caso es, ¿quién no ama a las guerreras del bien?
A veces uno oye: no entiendo cómo ella sigue con ese hombre que sólo la hace llorar. Y es cierto; pero ¿acaso no lo es también aquello de que la gente a la que amamos es la que realmente puede hacernos daño, a veces hasta sin quererlo? Creo que el amor que sentimos les da ese poder sobre nosotros, y muchas veces esperando que todo mejores, aguantamos.
Algunas personas me han acusado de ser parcializado porque los odios (cierto), o de irracionalmente cruel por ridiculizarlos (aparentemente no es un recurso valido para la inteligencia, pero ¿quién dijo que yo lo era?), pero no soy yo. ¡Ellos me dan demasiado material! A veces tengo que rechazar muchos cuentos que serían graciosos y jocosos, excepto para nosotros que los padecemos, por falta de tiempo. Uno ve un noticiero o lee un periódico y tiene material para una antología completa, con varios apéndices además. ¿Qué culpa tengo?
Bueno, las chicas malas también gustan. Recuerdo que cuando era un muchacho no hubo lo que no hice para ver una película llamada El Pez que Fuma. Trataba de un sujeto que se enamoraba de una chica de botiquín con pinta de burdel, y lo dejaba todo por ella, se lo dio todo, y ella se fue con un chulo que la vivía, y le daba palos (y no amorosos), terminando nuestro héroe preso por matarlo. Para mí siempre fue un misterio el que una persona se destruyera así… pero de nada de eso hablo aquí.
Lamento ser tan ácido, pero tenía a mis enemigos un tanto olvidados, y ya andaban sintiéndose por tal descuido. Son gente tan sensible… cualquier crítica es desestabilización merecedora de cárcel. Ah, el Partido Comunista de Venezuela, hasta que oí la noticia creí que se habían extinguido, pero no, ahí están, regodeándose en su crapulencia. Es para ustedes, mis amigos del PCV…
Este asunto me molestó, y mucho, en su momento. Todavía lo hace, pero ahora creo que es rencor (otro nombre en mi lista, una que ya parece guía telefónica). Como ya van conociéndome, no les sorprenderá saber que soy ecuánime y frío, por lo que ser imparcial y tolerante es normal en mí… ¡cuando duermo!
¡Ya estamos en julio, a mitad de año! ¿No es alarmante? Y hubo tantas cosas que se pasaron por decir. Las tristes, parecidas a la muerte de este hombre joven, Géremi. Hace poco murió un cantante de los buenos, de esos que cantaban con sentimiento, Pecos Kanvas. Y a principios de febrero, a la sombra de la noticia horrible de la muerte del chico australiano, se fue un gran hombre, un valiente representante de la resistencia en mi país, el politólogo e historiador Ítalo Luongo. Han pasado tantas cosas…
Lo de losbaños es cierto, y cumbre: todos se sienten poetas y desean dejar un escrito en sus paredes. ¡Y qué imaginación y dedicación le ponen! Seguro que sexólogos y siquiatras tienen mucho que decir, quitándole lo divertido a un hecho que, por lo demás, puede ser de lo más inocente.
¿Se han fijado que las misses siempre odian la mentira y la hipocresía? ¡Qué mentirosas! Pero no, fuera de juego, todos pensamos igual. O creemos, ¿acaso no les ha dado una tarde por rajarle el pellejo a otro? Cuando dos o tres de nosotros hablamos, la jefa siempre pregunta: ¿están hablando de mí? Lo normal es que le responda: ¿cómo crees, doctora?, nunca hablamos de usted… hasta que se va. Suena divertido, pero hay mucho de oscuro en todo ello.
La depresión es tan extraña, sobretodo cuando parece no sólo cubrirte a ti, sino a todos a tu alrededor. Sin embargo hay cosas que nos alegran, que nos hacen felices por lo menos un instante. Gracias a Dios por los pequeños favores. Seguro que pronto salgo de esta, por ahora déjenme mirarlos un rato, es uno de esos detalles que me hacen sonreír.
Ah, malditas dudas. ¿Cuántas veces no nos detenemos por un temor primitivo, que intentamos disfrazar de cualquier cosa, ante una oportunidad inesperada? “Deja ese trabajo. Déjalo todo y vente con nosotros, estamos comenzando pero vamos a triunfar”. Y te quieres ir, pero te asustas. Y reculas, y escapas. Y luego vive para lamentarlo, hasta que decides olvidar como sea. Hay incertidumbres peores, estás frente a esa persona y notas que sus ojos te dicen claramente: di algo y me quedo; o me voy contigo; o simplemente “di algo, por favor”. Pero callas. Dudas. Y la vida pasa a un lado. Y tú la ves alejándose, sin molestarse en despedirse.
En mi trabajo, de esta jefa que tengo desde hace unos trece meses, me había llamado la atención que nunca nadie venía a reclamarle. No nadie iba por una cita cancelada, una diligencia no hecha o una promesa rota. Una tarde le pregunté cómo hacía y me respondió: cuando vienen a molestarme con algo les digo claramente que yo nunca hago favores, así no me piden nada, ni regresan. ¡Qué mujer! Creo que la amo un poco. Su método es efectivo, pero…