Lo mismo me pasó con el Cabello de Ángel, todo el mundo decía que era sabroso (aunque jamás he visto a nadie comiéndolo), y una suegra muy apreciada lo hacía, igual que mi abuela. Pero jamás me gustó; no sé por qué, pero me era desagradable al gusto. Cuando tragaba más de dos cucharadas la frente me sudaba y el pulso me temblaba, con el consiguiente: si no quiere, no se lo coma. En tono molesto. Eso me trajo problemas, pero ¿qué se hace?
No tuve tiempo de pensar en nada muy profundo, aunque estas líneas así podrían terminar. Tengo facilidad para este tipo de cuentos, de hecho, como dije, lo único mío publicado son dos relatos del tipo subido de tono. Hay imágenes y situaciones que se conjugan en pocas líneas, hay quien lo hace con dos o tres, que te dejan sonriente y pensativo. Pero esto no lo es, intento jugar a la sutileza, desconcertar, sorprender, pero todos me adivinan. Chao.
Un día alguien va a demandarme, o a decirme algo hiriente y feo. Pero no puedo dejar de imaginar días bonitos donde todo es alegría, luz, calidez, amistad, tal vez cariño… ¡vida! Qué frágil puede ser todo en este mundo, ¿verdad?
Si, es verdad, no alucinan (ni yo), en verdad le deseo aún algunos años más a Fidel (bueno, tampoco tantos) en esta buena tierra de Dios. Ahora seguramente acontece lo que siempre ocurre: me pasa algo a mí y él queda.
Una vez estafado con un cajero automático pregunté si no tenían cámaras como en las series CSI, ¡cómo se rieron de mí! Este detective tal vez no calza esas botas, pero tampoco las de las antiguas técnicas policiales: atrapar al primero que pasara frente a la escena del crimen y golpearlo hasta que confesara, incluso premeditación y alevosía. Se resolvían tantos delitos así… Disfruten esta divagancia.
Para quien no quiere con mucha intensidad, como yo, la cosa intriga: ¿será cierto que hay quienes se sienten morir al estar lejos de la persona amada? ¿Es realmente el tiempo una tortura en esos momentos? ¿Se vivirá soñando, anhelando, esperando siempre? Debe ser bonito sentir algo así, aunque fuera por un tiempo, tan sólo para experimentar la intensidad de la dicha en el reencuentro, ¿verdad? Aunque tanto amor como que asusta.
Hace tiempo en el trabajo, un amigo me pedió que atendiera su teléfono, se escondía de no sé quién. Eso siempre trae problemas (lo comprometen a uno a averiguar esto o aquello, o te forman un lío), y le grité que yo no hacia favores y que todos sabían que conmigo no debían contar para nada. Una señora que estaba allí, esperando para que yo la atendiera, me dijo: se le nota, tiene cara de mala gente. Me reí mucho. Pero hay gente así, tal vez sean las mejores personas del mundo (no creo serlo), pero tienen caras de recontra co…
Atascado en el Metro o rodeado en una esquina entre hombros y cuerpos que se mueven a mi compás, me pregunto siempre… ¿a dónde irá tanta gente? Pero más interesante, ¿en qué piensan realmente? ¿No es una maravilla que nuestros pensamientos no puedan ser sondeados por nadie? Aquí va un relato corto de alguien que sueña… Y la acompaño de una imagen que me gustó mucho, y que tal vez aparezca en uno que otro cuento como este. Disfrútenlo.
Benito Mussolini decía que las multitudes eran hembras (imagino que quiso decir femeninas, que no se me condene de entrada), tal vez eso explica tantas cosas por estos lados. Advierto que ahora sí mucha gente me agarrará rabia, pero ese es el destino de nosotros, los abogados del Diablo, quien por cierto es maladradecidísimo, ni propina da. Por su culpa uno queda disgustado con todo el mundo.
Tres veces en mi vida me ha pasado, me he desmayado; lamento aclarar que no ha sido por nada del corazón, ni emoción ni dolor. Una vez fue por comer porquerías en las calles, desarrollé una amibiasis (fue horrible), y las otras dos como producto de una descompensación por… borracheras. Recuerdo una en especial, varios diciembres atrás, creo que tomé hasta gasolina. Sin embargo, creo, de corazón, que a alguien podría ocurrirle algo como esto. Es más, quien quita, si voy por una calle y me topo con Lucy Lowless, o con…
Continúa cierta historia de celos, de unos que sí me gustan. Aunque no soy dado a los celos, siempre me extrañó el que mi antigua compañera jamás me celara. Creo que me sentía seguro… atrapado en su puño… Me pregunto si se creería la reina del arroz con pollo.
Sé que sueno obsesivo, y no quiero parecerme a misamigos los conspiratologos, pero en verdad no entiendo… ¿Trabajan los demócratas para Bush? ¿Es el Dalai Lama el genio criminal del que tanto habla China? ¿Es lógico que los venados vayan tras los perros y lanzando tiros de escopeta además? No, no lo sé…
Dicen que quién cela, ama; no lo sé, nunca he sido particularmente celoso, creo que soy algo frío, pero siempre me ha parecido que quien cela vive un verdadero infierno, no sé de dudas, de miedos, de desconfianzas; me parece que su tormento es peor: sentirse, saberse o sospecharse no merecedor, indigno, del amor de la persona que lo es todo para él. Suena tan terrible. Sin embargo, en este caso, me gusta saber que cela, que sufre, que tiene rabia porque teme perder, le asusta que otro ocupe su lugar. Lo escribí hace tiempo en mi otro blog.
Pertenecer a una minoría siempre es difícil, sobretodo cuando se está en una reunión y todos te caen encima para saber qué pasa, qué falla. Y están todas esas otras preguntas que no se animan a hacer. También es malo cuando comienzan ‘oye, supe que tu hermano…’. Hace poco encontré a una amiga del bachillerato, quien toda riente y alegre me dijo que debíamos planean el reencuentro de los veinte años. Susto.Bueno, pero ni amarrado voy…
¿Existirá realmente una persona así, que ante tanta adversidad guarde para sí la esperanza de la libertad durante tanto tiempo sin detenerse o desmayar? Casi asusta. Yo no podría, lo quiero todo ya, es una necesidad. Yo no serviría para sembrar cocos y sentarme a esperar por la ganancia… De hecho hay un refrán sobre eso: qué esperanza para el que siembra cocos.
¿Nunca han hecho algo aún sabiendo que no debían, que era incorrecto o poco elegante? A veces mirar, sonreír, pensar, ocultar algo que sabes que, tal vez, más tarde puede estallarte en la cara es un impulso tan irresistible que lo haces… aunque luego te avergüences. En sí eso es extraño, hacer algo que todo te grita no, saber que estarás mortificado… y sin embargo no te detienes. Debe ser eso que lleva a tantos a cometer delitos, a hacer cosas terribles. Siempre recuerdo, en uno de esos momentos, una frase de Felipillo, el amigo de Mafalda: es terrible que mis debilidades sean más fuerte que yo.
Fue uno de esos momentos cuando uno quiere saber y no saber, mirar y no, como cuando una final de fútbol, entre dos grandes, llega a una conclusión de penaltis, donde se desea y no se desea mirar, porque aunque la suerte puede ayudar a cualquiera, o se tenga mucha experiencia, siempre pierden los tuyos. Es una ley de la vida. Es como la ley que asegura que al encender un cigarrillo mientras esperas un taxi, nada más la primera bocanada sea exhalada, este aparece de la nada. Galca, amiga, no lo leas.
Cuando supe que Alicia andaba en eso me dije, se volvió loca; pero respeto su decisión, y lo escrito aquí nada tiene que ver que ande con uno de estos tipos detestables (¿qué mujer de fundamento…?). Repito, no lo hago por desquite, fue sólo una casualidad.