Una cierta luz crepuscular destellaba en la lejanía, donde océano y firmamento aparentaban fundirse en fraternal abrazo… El lucero del alba comenzaba a resplandecer jactancioso… Las callen bullen con un tumultuoso trajín, con un alboroto revoltoso, tan desordenado como inusitado… Desconcertada, sin rumbo fijo, acabo siendo impelida, engullida por esa caterva humana… A la deriva… Había salido unos minutos antes, lapso bastante para ser cómplice de tan febril convulsión…
Resuelvo adelantar alguna compra… Siempre tediosa labor la de mercadear… Enardecedora de las más sublimes reflexiones filosóficas, existenciales… En realidad, siempre consideré el consumo como el más digno ejercicio filosófico, como la más digna inclinación metafísica… Hordas ardientes de dispendio, desenfreno lascivo, espíritu maligno que con perversidad maquiavélica va poseyendo espíritus inertes… Quizás enjambres de personajes ignorados en conclusión sartriana… Quizás ya no vendemos el alma al diablo, compramos el diablo mismo… Quizás el diablo se viste de Prada… Qui lo sa…
Por hoy, entre tanta disquisición filosófica, regresaré a mi hogar, más cansada, más madura (bello eufemismo de vieja), más arruinada pero “venturosa” y “ufana” con mi botín. Al fin y al cabo, ya lo decía un sabio, las dos fuerzas que mueven al mundo, el sexo y el dinero son…