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Sunday 24/February/2008 10:17
LOS HOMBRES DEL 98
“Y así la bola de la historia rueda...
¡generación de las generaciones1
¡viva, pues la, definitiva! ... y todo
¡generación!”
Miguel de Unamuno.
UNA GENERACIÓN EXCEPCIONALMENTE CREADORA
La época presente comienza en España con la generación que se llama de 1898. Los autores del 98 no son solo glorias oficiales, sino figuras vivas que forman parte de nuestro mundo, que apasionan o que irritan, con quienes se discute, de quienes se recibe estímulo, cuyas críticas se temen: más viva que muchos vivientes.
No es menester insistir en que la fecha de 1898 no determina la significación de la generación así llamada, sino que fue el revelador de esa actitud, iniciada ya algunos años antes (en los primeros libros de Unamuno, como En torno al casticismo, de 1895, o Paz en la guerra, de 1897; en la obra entera de Angel Ganivet, muerto en 1898). La “entrada en la historia” de esa generación, como un personaje del drama histórico, correspondería a 1901, que es cuando empieza a perfilarse su figura. Este nuevo grupo aparece asociado a lo que se llamaba, de manera bastante vaga, modernismo, y los escritores y artistas de la generación del 98 fueron llamados casi siempre “modernistas”, con un matiz normalmente desdeñoso y hasta agresivo. Lo que ocurre es que el término “modernismo” no designa un periodo, menos aún una generación, sino una tendencia o escuela, y de hecho algunos hombres del 98 fueron modernistas y otros no.
Si se piensa en escritores y políticos, hombres definidos por la palabra, ya que la oratoria fue esencial a la política hasta hace pocos decenios; en la generación del 98 se encuentran Unamuno, Ganivet, Costa, Baroja, Azorín, Maeztu, Valle-Inclán, Blasco Ibañez,, Antonio y Manuel Machado, Beravente, Rubén Darío, Menéndez Pidal, Besteiro, Alcalá Zamora; sin olvidar los músicos Albéniz, Falla y Granados, que completan la imagen de la generación.
La autenticidad, la inevitabilidad del ejercicio intelectual, literario o artístico, el no tener más remedio que hacer lo que se hace, es lo que define a los autores del 98. Tienen conciencia del elemento de falsedad del mundo vigente -por lo pronto, casi solamente de eso-, el “desastre” de 1898 actúa como revelador que descubre la dimensión de insinceridad, inercia y aplazamiento de las verdaderas cuestiones que había caracterizado el tiempo de la Restauración. De esa impresión de naufragio nace la musa de la época.
Entran en cuentas consigo mismo y en su situación, aceptan la realidad, reconocen que es tal como es, pero como la encuentran inaceptable, su actitud es inconformista y polémica. Sin embargo, hay que entender esto bien; más que discutir -lo cual supondría entrar en el juego, aceptar los supuestos de la época anterior- van a otra cosa. Por eso se trata de una generación excepcionalmente creadora.
El contacto con la realidad, la forma de posición de ella -desde el paisaje a la historia y la literatura y los problemas vivos-, es de una intensidad desconocida. Al lado de la obra de los hombres del 98, todo lo precedente parece “convencional”. Ese cambio de óptica, esa desnudez del ojo que mira inquisitivamente, reprimiendo la realidad, viéndola en estado naciente, es lo que caracteriza la obra de esa generación, lo que la mantiene viva, con una increíble frescura, todavía hoy. Y como dijo don Miguel de Unamuno. “Cántame aquella canción / que me fraguó el corazón”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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Sunday 17/February/2008 10:12
JOSE DE VARGAS PONCE
(1760-1821)
“Mas, ¿quién el guapo que a contar se atreve
sus gracias todas? Con menor faena
dirá las gotas que un invierno llueve
y del cerúleo mar la rubia arena.
Confieso, porque el diablo no me lleve,
que es un ángel mujer que sale buena.
¡Así el cielo de allá me la enviara
de veinte abriles y donosa cara!”
José de Vargas Ponce.
LA VOZ DE UN GADITANO ILUSTRADO
La nota definidora de buena parte de la poesía ilustrada es el prosaísmo, entendido no en su sentido negativo sino como consciente aproximación al ideal de la buena prosa, modalidad que en la época se consideraba para la expresión de la verdad. Ese mimetismo respecto a la prosa explica algunos criterios de composición de los poemas: planteamientos discursivos y racionales, huida de la afectación retórica, elusión de un ritmo demasiado musical, sintaxis de periodos largos, etc. A esa flexibilidad estilística se une una marcada versatilidad temática que extiende el tratamiento poético a motivos muy diferentes.
Con la poesía más genuinamente ilustrada de Vargas Ponce, coexiste en nuestro poeta la sensibilidad rococó y la sensibilidad clasicista o prerromántica. En su época se hizo muy famoso el poema La proclama de un solterón a las que aspiren a su mano (1808) de este guardiamarina gaditano posteriormente fue cayendo en el olvido. Hoy día son muy pocos los que se interesan por su poesía.
José de Vargas Ponce nació en Cádiz el 10 de junio de 1760. Siguió la carrera de marina, pero acusando una temprana afición por los temas históricos y literarios. El 4 de agosto de 1782 había sentado plaza de caballero de guardiamarina y poco después enviaba a concurso convocado por la Academia Española un Elogio de Alfonso el Sabio. Se trasladó, pues, a Madrid y en 1786 ingresaba en la Academia de la Historia, para la que escribió las normas directrices del Diccionario Geográfico de España, siendo recibido en la Sociedad Matritense y en la Academia de Bellas Artes tres años después. Publicó en 1786 un Plan de educación para la nobleza y un año más tarde su Descripción de las islas Pithusas y Baleares. Trabajó en el observatorio de Cádiz y realizó en 1789 junto a Banzá y Vicente Tofiño el Atlas marítimo de España En 1791 se publica su obra más conocida la Declaración contra los abusos introducidos en el castellano. Más tarde figura en la Junta de Instrucción Pública (1797), pero de nuevo se le ocupa en tareas de profesión, enviándole a Tarragona (1799) para dirigir el embarque de las tropas que debían recobrar Menorca. Recorrió después Cataluña, Aragón y el País Vasco, donde se detuvo hasta 1803, que regresó de nuevo a Madrid, en virtud de una real de orden, para escribir una Historia de la Marina, tarea que eludió cuanto pudo por disconformidad con el plan que se le proponía.
Elegido Director de la Academia de la Historia en 1804, publica ese mismo año su tragedia Abdalacis y Egilona, escrita mientras residió en Guipúzcoa. Al año siguiente fue retratado por Goya. Vuelve a Madrid en 1806 para continuar la referida Historia de la Marina, y entonces publica la vida de Pero Niño y la del marqués de la Victoria.
En 1808 se halla en la Corte y los franceses le hacen prisionero de guerra, quedando detenido en su casa bajo palabra de honor. Aprovecha el ocio para sus trabajos históricos y literarios hasta que relevado de su promesa se traslada a Cádiz, donde es diputado por Madrid en las Cortes ordinarias (1813) y la Regencia le encomienda un plan de instrucción general para todo el Reino.
José de Vargas Ponce vuelve a Madrid en 1814, es reelegido director de la Academia de la Historia, ingresa en la Española, y al abolirse la Constitución es enviado por el Gobierno a Sevilla para arreglar el Archivo de Indias. Fue diputado en 1820, vuelve a Madrid, donde falleció el 6 de febrero de 1821.
Además de las obras citadas, Vargas Ponce escribió otras muchas, entre las que citaremos: Disertación de las corridas de toros (escrita en 1807), Importancia de la marina española (1807), La instrucción pública único y seguro medio de la prosperidad del Estado (1808), El peso duro (1813) y Los ilustres haraganes o Apología razonada de los mayorazgos (1820).
Gran parte de su obra poética tiene un predominante tono burlesco como por ejemplo las octavas reales de Proclama de un solterón: “Frescas viuditas, cándidas doncellas / al veneno de amor busco triaca; / ya más no quiero por Perico entre ellas: / a la que guste ofrezco mi casaca. / Hoy, si hacen migas nuestras dos estrellas, / mano por mano juego a toma y daca. / Niñas, ojos avizor: hoy me remato. / ¿Cuál es la que echa el cascabel al gato?”.
Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras
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Saturday 16/February/2008 18:25
MANUEL MACHADO
(1874-1947)
“Amiga que no se advierte
compañera que se olvida,
afirmación de la vida
que hace pensar en la muerte.”
Manuel Machado.
LA VOZ DEL AMOR Y LA MUERTE
En la creación del poeta sevillano Manuel Machado hay dos temas vitales, presentes de principio a fin y estrechamente conectados: el amor y la muerte, dos corrientes que vienen a juntarse en las aguas de un solo río: el de la vida. A Machado se le relaciona con harta frecuencia con el amor, o mejor dicho, con el amorío. Sin embargo, junto al tema amoroso, Machado ha hecho también de la muerte asunto importante de su poesía. “Poeta de la muerte”, lo llama Gerardo Diego.
Manuel Machado entre el amor y la muerte o, lo que es igual; Manuel Machado ante la vida, que, al cabo, en ese binomio irreductible se concreta para él la existencia: “Canta tú las fatalidades / que son las únicas realidades: / Amor y Muerte”.
Este gran poeta andaluz vivió siempre con la certeza de la muerte clavada en su alma. La sintió revolotear en forma de amenazante mariposa o de agorero murciélago, le caló su frío marmóreo como la nieve invernal hiela la tierra, vio su rostro traidor enmascarado tras el rojo y negro de unos labios generosos y unos ojos azabache con brillo de mortífero puñal, y hasta presintió su acechante presencia en la sombra de su propio cuerpo, fiel y obstinado negativo de su imagen viva: “Sombra, triste compañera / inútil, dócil y muda, / que me sigues donde quiera / pertinaz, como la duda”.
Manuel Machado nace en el barrio de la Magdalena de Sevilla, el 29 de agosto de 1874. Once meses después nace el poeta de las Soledades, su hermano Antonio.
Manuel y Antonio, “almas gemelas”, acuden al colegio del señor Sánchez donde aprenden las primeras letras. En el años 1882, los hermanos Machado conocen el mar, en Huelva. Ambos sienten en su adentros el deseo de ser marinos en cuánto sean mayores. En 1883, los Machados marchan a Madrid y los dos hermanos ingresan en la Fundación Libre de Enseñanza. Comienzan a leer artículos que firma su padre con el seudónimo de Demófilo. Manuel publica su primer libro Tristes y alegres, en 1894. Dos años más tarde, se traslada a Sevilla con el fin de cursar Filosofía y Letras. Aparece su segundo libro Etcétera. A fines de 1897 consigue la licenciatura y se traslada a Madrid, donde frecuenta las tertulias literarias. Dos años después, se traslada a París, como traductor de la editorial Garnier. Aposentado de nuevo en Madrid, recibe la alegría de ver en la calle su libro Alma, que Unamuno comenta entusiasmado. En 1904 estrena en el Teatro del Duque de Sevilla su comedia Amor al vuelo y al año siguiente sale a la luz su poemario Caprichos, de signo modernista. En 1906, aparece La fiesta nacional, tan elogiada por Rubén Darío, un año más tarde se edita Museo y Cantares. Un poco harto de su modo de enfocar la vida se traslada a Barcelona. En 1910 contrae matrimonio con Eulalia Cáceres. En Barcelona aparecen sus libros Trofeos y Poesías escogidas.
En 1912 publica su poemario Cante hondo. Gana la plaza de Bibliotecario Archivero, con destino en Santiago Compostela. Trasladándose posteriormente a la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1918 aparece Sevilla y otros poemas.
En colaboración con Antonio escribió diversas piezas teatrales, siendo su obra cumbre La Lola se va a los puertos que es estrenada en el Teatro Fontalba por la famosa actriz Lola Membrives, el día 8 de noviembre de 1929. Dos años más tarde, los hermanos Machado son nombrados “Hijos ilustres y predilectos de Sevilla”. En 1932, se estrena La duquesa de Benamejí.
En 1936, Manuel formula su adhesión al régimen franquista, quedaban muy atrás las ideas liberales heredadas de sus mayores. Dos años después, Pemán y Eugenio d’Ors le comunican que prepare rápidamente su discurso de ingreso en la Real Academia Española. El 19 de enero toma posesión. Por las mismas fechas se publica en Valladolid su poemario Horas de Oro.
Manuel Machado al enterarse de la muerte de su hermano Antonio, se traslada a Colliure, ignorando la muerte de su madre, a quien deseaba consolar. A partir de este triste suceso, Manuel deja de escribir poesía política. Ya no es el mismo hombre ni el mismo poeta. La muerte de Antonio la tiene clavada en el alma. El 19 de enero de 1947 muere Manuel Machado en Madrid.
Enmarcado en la generación del 98 unas veces y en el modernismo otras, su andalucismo surge en toda su obra lírica con tal personalidad y gracia, que le sitúa aparte de los poetas coetáneos que con él compartieron el movimiento renovador de fines y principios de siglo. Y sobre todo otro valor -o valores que son muchos- prevalece su fidelidad a Andalucía, en una especie de misticismo grave y hondo, bien sentido en el alma y en la inteligencia. De ahí que declarase: “No hay nada superior a la canción del pueblo”.
Siguen teniendo vigencia las palabras de Dámaso Alonso, a pesar del tiempo transcurrido desde que las escribió: “Este hombre, este Manuel Machado, parece jugar, parece reír. No; acercaos: llora. Manuel Machado es profundamente significativo, profundamente grave, profundamente triste: expresó la gravedad por medio de la ligereza”.
El precioso poema de Lírica, uno de los más completos autorretratos del autor; titulado “Rima”, termina en estos versos: “Y... nada más. En mi conciencia inquieta / vigila bien. Espero; / sin saber qué. Y, en tanto, / me anego en risa, disimulo el llanto... / y voy viviendo, mientras no me muero”.
Francisco Arias Solis
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