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INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD

Noticias y artúculos de las Asociaciones Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.

 
 
     
 
Tuesday 30/October/2007 23:37

SALVADOR ESPRIU POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


SALVADOR ESPRIU


(1913-1985)


 


“A mi recuerdo llega


olor de mar velada


de estíos claros. Dura


en mis dedos la rosa


que cogí. Y en los labios,


viento, fuego, palabras


que se han vuelto ceniza.”


Salvador Espriu.


 


LA VOZ SERENA DE LA POESIA


 


Desde la contención del Cementerio de Sinera, a la libertad exultante de Final del laberinto o el humanismo de Semana Santa, el poema de Espriu ha sido, en todos los momentos, un meditar. El mismo Salvador Espriu nos ha dicho que la meditación de la muerte es el tema de su poesía.


 


En pocos poetas se halla tan excelente adecuación entre concepto poético y realización literaria... Lejana de artificio..., dice el poeta, en algún pasaje. Espriu, gran poeta, rehusa todo lo que no sea una sinceridad a ultranza. La poesía de Espriu es de gran valentía intelectual y de espíritu. Espriu es esencialmente poeta. Sin embargo, para una mejor inteligencia de su poesía es conveniente el conocimiento de su obra en prosa, narraciones y teatro.


 


Vitalismo de la muerte. La poesía de Espriu alcanza una serenidad sólo posible con la plena aceptación de la muerte. De no ser así, de no haber ese tremendo ejercicio de la serenidad, su obra poética, podría haber sido la poesía de la desesperanza.


 


Salvador Espriu Castelló nace en Santa Coloma de Farnés, cerca de Gerona, el 10 de julio de 1913, donde su padre ejercía de notario, pero desde su niñez, en que su familia se traslada a Barcelona, reside en esta ciudad habitualmente, alternando esta permanencia con la estancia durante largas temporadas en Arenys de Mar. En 1923 enferma gravemente, lo que le obliga a guardar una convalecencia de dos años. En 1929 publica su primer libro en castellano: Israel. En 1930 ingresa en la Universidad de Barcelona, donde cursa estudios de Derecho e Historia Antigua. En 1931 publica su primer libro en catalán: Dr. Rip. Su primer volumen de poemas no aparece hasta 1946, bajo el título de Cementerio de Sinera. Salvador Espriu muere en Barcelona el 22 de febrero de 1985.


 


Salvador Espriu está considerado como una de las voces más importantes y significativas de la literatura catalana contemporánea y ningún otro poeta catalán contemporáneo ha recibido tanta influencia de la poesía castellana como Espriu. La poesía de Jorge Guillén, principalmente, está presente en Espriu en muchos aspectos: la creación de un mundo poético cerrado, regido por sus propios símbolos y claves, la sobriedad de los recursos retóricos, el rigor intelectual presente en la utilización de cada palabra, la sonoridad áspera y chirriante, y el concebir la obra como un ente utilitario que va desarrollándose y creciendo, perfilando con el paso de los años. Naturalmente, a partir de estas constantes comunes, la personalidad de Espriu es lo bastante original como para merecer la estimación que en los últimos años se le ha concedido tras largo tiempo de laborar cercado casi por el silencio. Quizá sea Espriu el poeta en que más tangiblemente se manifiesta la violenta ruptura que supone la guerra civil y la nostalgia por el “ideal” perdido en la misma. De un modo u otro, en toda la obra de Espriu se expresa este desgarro. Su constante y hasta obsesiva meditación sobre la muerte no es sino consecuencia de la “muerte espiritual” que la tragedia de la guerra provoca.


 


Otro aspecto que cabe señalar en Espriu, al que no se ha dedicado la suficiente atención, es el de su vena esperpéntica. Habría que señalar aquí el magisterio de Valle-Inclán (al que Espriu confiesa admiración y agradecimiento): en ambos autores el resultado tiene un sabor agrio, desazonante, que actúa como revulsivo de cualquier conciencia adormecida.


 


Como en otros escritores de la llamada generación del 36, la tragedia de la guerra incivil ha quedado reflejada en su obra Cementerio de Sinera. ¿En que geografía se halla Sinera? Sinera es la patria espiritual y escenario lírico y físico de la obra espriuana. Este nombre resulta de la lectura inversa del topónimo Arenys, que en catalán significa “arenales”. Arenys de Mar es un pueblo de la costa situado al nordeste de Barcelona y a pocos kilómetros de la capital. Allí vivieron los antepasados del poeta.


 


Mrs. Death es uno de los libros más complejos de la producción espriuana. El poeta sabe que al silencio sólo se podrá llegar después de la palabra. La palabra es camino de silencios. La palabra poética es lo más aproximado al silencio.


 


También destacan entre los títulos de su obra poética: La canción de Ariadna; Libro de Sinera, La piel de toro y El caminante y el muro. En teatros de cámara y ensayo se han representado: Primera historia de Ester, Antígona y Ronda de muerte a Sinera.


 


En La piel de toro, hay una preocupación “por las cosas que pasan” en una comunidad -Sepharad-. Pero, gracias a la universalidad del poema, Sepharad es ... Sepharad y también la comunidad de los hombres todos, de ayer, hoy y de mañana.


 


En busca de la verdad, Espriu se pregunta o nos pregunta: “¿Qué es la verdad? / Quizá tú , tal vez tú o bien tú. / Quizá nadie”.


 


Francisco Arias Solis
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Tuesday 30/October/2007 06:46

SABER MORIR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


SABER MORIR

 


“Ven muerte tan escondida


que no te sienta venir,


porque el placer de morir


no me vuelva a dar la vida.”


Lope de Vega.


 


LA PRESENCIA VIVA DE LA MUERTE


 


Se dice que el cáncer es la enfermedad de nuestro tiempo. No sabemos bien si porque se produce con mayor intensidad o frecuencia que en épocas pasadas, o en razón a que el repliegue de las demás plagas va haciendo, comparativamente, más ostensible esta perturbación biológica. Hay, incluso, quienes piensan que el cáncer no es sino la desordenada aceleración de la muerte con que nacemos.


 


Pero no es el cáncer el tema que nos ocupa, aunque sea el que motiva esta línea. Hablar de la enfermedad como tal corresponde a los biólogos, únicos que podrán en su día hallar el cuadro de soluciones eficaces al mal. Me importa el hombre y la manera y modo en que haya de efectuar mejor el tránsito, que es tanto como decir de forma más tranquila, consciente y edificante. Y mucho me temo que no se está procediendo, en general, como se debiera.


 


Hay seres humanos que siguen temiendo la muerte hasta extremos que denotan un claro fenómeno de malformación intelectual. Sería conveniente recordarles la máxima de Epicteto: “Temes nombrar la muerte, cual si sólo su nombre fuera cosa de augurio funesto. Sin embargo, mal puede haber augurio funesto en lo que no hace sino expresar un acto de naturaleza”. Pero la triste consecuencia de la llamada “sociedad del bienestar”, que es una civilización hedonista, es la falta de formación integral humana, incluso en amplios sectores de las clases dirigentes universitarias. Desconociendo cómo sea en realidad el hombre, piensan algunos que es mejor que el enfermo irremediable ignore su enfermedad, a la que llaman desgracia, y muera entre las ansias de la vida física, que es la forma más cruel de morir.


 


Ignoran que es, al menos, tan importante saber morir como saber vivir.


 


Podrá alegarse que mi crítica pierde entidad fuera del marco de una concepción espiritualista de la existencia. Nada más lejos de la realidad; porque, aun participando de esta concepción, comprendo, sin embargo, el sentido materialista de la vida. Pero es que del materialismo al hedonismo hay tan diferente nivel como lo que va del hombre selecto equivocado a la ignorancia del imbécil.


 


No sólo sabe morir quien es consciente de que este paso no representa sino el dolor del alumbramiento hacia una situación mejor de la propia vida. También debe saber morir quien, por pensar que la vida se extingue con la muerte, comprende que ha de afrontar ese paso, -por hoy irremediable- con la elegancia desprendida del cínico, sin cerril empeño en conservar contra natura unas condiciones biológicas que se han desequilibrado de forma irreversible. Deseará, en todo caso, domeñar en lo posible el dolor y apurar los mejores goces: sabrá morir como Sócrates, entre sus discípulos; como Petronio entre sus amigos, o como Maximiliano de México, diciendo a sus verdugos sin descomponer su gesto: “apuntad al corazón” -que es tanto como decir: no me hagáis sufrir sin causa-.


 


Quien no sabe morir -o no le dejan- es aquel que ignora la proximidad del hecho, y dedica los tiempos y energías que le restan a luchar por una vida que ya no le pertenece, en lugar de prepararse para el tránsito esperanzador o apurar los últimos goces de su propia filosofía.


 


De ahí que me inquiete, y me duela, esa decisión tan extendida de ocultar al enfermo lo irremediable y próximo de su fin. Para que no sufra -dicen-, como si el único sufrimiento fuera el mero dolor físico de la materia biológica. Como si no lo fuera, mucho mayor, el tremendo grito de angustia del hombre sorprendido ante su proyección cósmica o estafado en el libre uso de sus últimas horas de vida terrena.


 


Por ello, si me correspondiera un día la gracia de poder morir despacio, rodeado de mis personas queridas, tengo el deseo y la esperanza de que no se me ocultará la proximidad del fin; porque el ser humano hace, a lo largo de su vida física, tantas cosas de las que desea arrepentirse, que no es mala suerte disponer de un tiempo para corregir la conciencia y preparar la consciencia, a fin de efectuar el tránsito con discreción y mesura en el gesto, tanto como con honradez y limpieza en el corazón. “Primero fue el conocimiento”, dijo Lao Tse. El ser humano que abdica del conocimiento, abandona gran parte de su propia esencia. Quien lo guarda, sabe, como Eurípides, que “lo que proviene de la tierra vuelve otra vez a la tierra, pero lo que tiene un origen celeste torna luego a la esfera de los cielos”. Y como dijo el poeta: “Si el alma duerme / no hagáis ningún ruido / que la despierte. / Para que el sueño / pueda darle a la muerte / silencio eterno”.


 


Francisco Arias Solis
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Te matan y después


piden perdón al cadáver.



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Monday 29/October/2007 07:36

EL MIEDO A LA MUERTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



EL MIEDO A LA MUERTE

 


“Morir es perder la vida.


Y si la vida se pierde,


lo único que te queda


es el vacío de la muerte.”


José Bergamín.


 


LA ULTIMA Y DEFINITIVADESPOSESION

 


Una causa natural del miedo a la muerte, pienso que puede ser atribuida a una elemental razón de fecundidad. Es una regla de la naturaleza humana que nada positivo se consigue sin dolor, desde la venida de un nuevo ser en el desgarro del parto (el parto sin dolor es una adquisición farmacológica que solamente sustituye el agudo de expulsión, pero respetando los meses anteriores de incomodidad, molestia y dolor de la madre), hasta la terminación feliz de no importa qué obra se consigue a través de un largo, tenso, doloroso, muchas veces cansado y esclavizante proceso de elaboración.


 


Juan Ramón Jiménez cuando llega a exclamar “no la toques ya más que así es la rosa”, da por supuesto un largo proceso de elaboración doloroso para llegar a esa perfección intocable. La llamada “belleza de página” que ciertos escritores en prosa consiguen, y no siempre, está llena de muchas horas de trabajo y de una larga y también dolorosa reelaboración para vestir a la idea de las mejores galas de la palabra, para someter a un idioma rebelde o esquivo a la servidumbre de lo que el narrador tiene conciencia que deber ser la simplicidad y armonía de una idea bien expresada. Nada es fecundo sin dolor, ningún arbusto, ninguna flor, ningún coloso se produce si la semilla no muere, ninguna tierra es fértil si no se la rotura, ningún agua es aprovechable si no se la contiene.


 


Otra causa del miedo a la muerte que obra de manera consciente en ocasiones, pero siempre de manera subconsciente es el que consuma la última y definitiva desposesión. El amor a la vida a poco que ésta haya sido pródiga en dones con las personas, es una de las constantes del egoísmo humano en su lado más positivo. El hombre se aferra a lo que posee con un obsesivo sentido de la propiedad, tanto si se trata de la paternidad de una obra como del disfrute de un patrimonio. El “mío” posesivo suele ser la primera palabra que aprende a pronunciar y una de las últimas que se queda impresa en su vocabulario.


 


Esta última desposesión absoluta que significa soltar la vida, tiene que ser por fuerza no solamente impregnada de dolor sino rodeada de un enorme temor, de una enorme contrariedad esencial que va a verse reflejada en el mundo de lo consciente si se le piensa, y que de todas formas obra en el mundo de los instintos como hosca defensa temerosa, ante la pérdida última, definitiva y sin compensaciones equiparables.


 


Por cualquiera de las veredas que queramos transitar para encontrar un sentido de la muerte, nos tropezamos siempre en algunos de los recodos del camino, con la vigencia del dolor y del miedo a la parca. Se disimule o no, se presuma o se niegue, la muerte siempre está rodeada de temor, de pánico, de dolor.


 


La muerte como hecho afrentoso, como un trago difícil de pasar, porque el dolor de la muerte es inseparable del propio vivir. Y por otra parte el miedo. Toda la literatura lírica de la muerte no impide que sintamos de una manera o de otra, espanto de la muerte. Y es que, como dijo el poeta: “No hay más que una sola suerte: / a todos nos da la vida / lo que nos quita la muerte”.


 


Francisco Arias Solis
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Sunday 28/October/2007 18:45

LA ACTUALIDAD DE DON JUAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



LA ACTUALIDADDE DON JUAN

 


 


“Mañana a los sevillanos

aterrará el creer que a manos


de mis víctimas caí.”


José Zorrilla. Don Juan Tenorio.


 


DON JUAN COMO MITO NO HA MUERTO


 


Es sabido que el día 1 de noviembre de todos los años se repone en los teatros de España el drama de Don Juan Tenorio. El mes de noviembre es el mes de los muertos; el día primero todas las familias españolas acuden al cementerio de su ciudad para visitar las tumbas de familiares y amigos: depositan allí sus flores y sus oraciones, en ofrenda ritual al tributo que los muertos merecen. Coincidiendo con esa fecha, la representación de Don Juan Tenorio, tiene pues, un carácter ejemplar para la España católica de todos los tiempos; realiza la función de una “meditatio mortis” popular, que recae sobre la vanidad de la gloria humana, lo efímero de los placeres carnales, lo inconsistente de la fama de don Juan, conquistador infatigable e irresistible de mujeres. No es, por tanto, anacrónico que nosotros retomemos el tema, este tema inagotable de don Juan y meditemos a nuestro modo sobre él en esta hora crítica de su existencia.


 


Hemos de recordar, aunque la cosa sea archisabida de todos, la enorme literatura que su figura ha hecho brotar. Don Juan es, entre los tres o cuatro personajes literarios más famosos del mundo, uno de los que más escritos ha inspirado, más discusiones ha levantado, más juicios contradictorios o ideas opuestas ha sugerido. Y todo ello no por pura casualidad, sino por íntima necesidad de su ser. Don Juan es, de todos los protagonistas literarios, el más confuso, el más complicado, el más lleno de sutiles recovecos o de matices paradójicos.


 


Un tema muy discutido es el de la actualidad o falta de actualidad de la figura de don Juan.


 


Creemos que en los momentos actuales el tipo biológico o psicológico de don Juan abunda con una gran frecuencia, pero desposeído de las circunstancias que le hacían un personaje interesante. En un mundo de rejas y conventos, donde la pureza de la mujer está guardada por el honor del hombre y la espada del marido, don Juan tiene cierta grandeza. Pero en un mundo donde las relaciones sexuales son fáciles y el encuentro entre hombres y mujeres se ve propiciado por el ambiente social, los instrumentos técnicos y la nueva moralde nuestra época, don Juan ha perdido todos sus timbres de gloria. Hoy en día la seducción de una mujer ha perdido sus caracteres misteriosos y aventureros. Ya no son necesarias las viejas artimañas de Ciutti y la Celestina: una llamada por teléfono y un automóvil a la puerta de nuestra dama son suficientes. “Si -como dice Marañón- el Comendador se hace el distraído cuando atropellan a su hija; si el marido hidalgo retrasa intencionadamente su retorno al hogar ante la sospecha de que a la cónyuge puede serle su presencia particularmente enojosa... ¿qué tiene que hacer entre nosotros don Juan?”. Efectivamente, su figura ha perdido grandeza y carácter. Se ha convertido simplemente en un frívolo que no quiere comprometerse con los lazos de una relación responsable y duradera.


 


Por el contrario, don Juan como mito no ha muerto y su expresión sigue conservando el valor simbólico de siempre. Es -como todos los mitos- la encarnación de un figura que ha resuelto todas las contradicciones de la existencia: es cínico y enamorado, pecador y arrepentido, libertino y caballeresco, impío y creyente. Su figura no ha muerto ni morirá porque es la expresión del eterno anhelo humano de resolver de golpe y en una sola vez las paradojas del amor.


 


Aquí está su fuerza y aquí está su grandeza y por eso sigue representándose todos los noviembres en los teatros de España. Su rostro está presente, su figura permanece. Y como dijo don Juan: “¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché? / ¡Hasta los muertos así / dejan sus tumbas por mí!”.


 


Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Saturday 27/October/2007 20:07

DEJAR DE VIVIR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



DEJAR DE VIVIR

 


“Morirse no importa nada:


lo que importa es que la vida


con la muerte se te acaba.”


José Bergamín.


 


MORIR ES LO ULTIMO QUE LE QUEDA AL HOMBRE

 


“A mi juicio -decía Freud con razón-, los filósofos piensan en este punto demasiado filosóficamente”. Es verdad: la muerte ha ocupado a los pensadores de un modo permanente, pero al fin y al cabo, como el resto de los mortales, ante ella no tenemos argumentos, sino consolaciones y nada más que eso. Incluso para algunos la propiafilosofía es una consolación frente a la muerte.


 


Con la edad poseemos un saber acumulativo sobre la muerte que no se limita a la muerte ajena. Creo que vamos sabiendo también de la muerte propia. Pensemos en aquel Quotidie morimur, cada día morimos un poco, de Séneca, tantas veces recordado más tarde. La vida no sólo se ocupa de informarnos que hemos de morir, sino de hacernos saber que somos moribundos o murientes, como sostenían los clásicos, y desde muy temprano.


 


La vieja frase Mors certa, hora incerta no es aplicable a aquel al que se le apaga por momentos la vida, que vive en la totalidad la hora certa y por eso, más que vivir ni morir, “entremuere”, como se decía en castellano antiguo. El moribundo es la persona que entremuere o está en trance de morir, como la llama de una vela que se apaga a la luz del día en el crepúsculo. Todos los verbos expresan una acción, pero pocos como el verbo morir, una acción tan lenta. Más que indicar un acto, un acontecimiento, quiere evocar la resistencia a que esto suceda o cuando menos quiere indicar la lentitud con que sucede. Morir es dejar de vivir, no otra acción más concreta, y eso se hace, poco a poco consumiéndose. En la muerte repentina los segundos se hacen minutos, y en la muerte lenta, a veces queriéndolo así, a veces a pesar nuestro, los minutos pueden durar mucho más de lo que hubiéramos imaginado.


 


Son muy diferentes, pues, la muerte y el morir. La muerte es la misma para todos y todos, a la vez, somos iguales ante la muerte. Pero hay muchas formas de morir y aun en situaciones muy parecidas todos morimos de distinto modo. Escribe Séneca también que “cualquiera puede quitarle la vida a un hombre, pero ninguno puede quitarle la muerte”. No se quiere decir que morir sea un bien, sino que morir es lo último que le queda al hombre. Morir forma parte de nuestra vida, la muerte ya no, porque es el cese de la vida. En esta simple pero certera constatación basaba Epicuro su consolación a Meneceo: “La muerte -le escribía- nada es para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros”.


 


¿Es imaginable vivir siempre? ¿Lo soportaríamos? Recordemos el mito de Quirón, el sabio fundador antes que Esculapio, de la medicina.: Quirón se retiró a su cueva deseoso de morir, pero sufría justamente porque era inmortal. Entonces la muerte es un consuelo metafísico para una angustia, la de ser inmortal, peor quizá que la de ser mortal.


 


Sea moral o no el sentido que da a la muerte la filosofía debe pensárselo también dos veces antes de sugerir de un modo u otro que el ser humano es un ser abocado a la muerte, es decir, atento a ella por un supuesto destino o luctuoso objetivo. Es verdad que estamos sujetos y pendientes de la muerte, pero también que estar vivo, aun sintiéndonos murientes, es un reclamo de continuidad para llegar al minuto siguiente.


 


La situación del moribundo es comparable a la del expatriado, que ahora es un expatriado de la vida. “Se trata -escribe Albert Camus- de un exilio sin remedio, porque no hay recuerdos de una patria perdida ni esperanza de una tierra prometida”.


 


El primer aforismo de Hipócrates nos recuerda: “La vida es breve y la ciencia es larga”. Precisamente por ambas cosas hemos de asumir que el moribundo requiere más asistencia humana que estrictamente clínica. Pero la política médica en general no hace mucho para que esta asistencia humana que todos, al fin y al cabo, habremos de necesitar, posea los medios y sobre todo las orientaciones más adecuadas. Política y medicina están ocupadas en hacernos la vida agradable y al final se olvidan de que somos mortales. Y como dijo el poeta: “La muerte ya no me espanta; / tendría más que temer / si en el cielo me dijeran: / has de volver a nacer”.


 


Francisco Arias Solis
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Friday 26/October/2007 18:52

ASUNTOS URGENTES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


ASUNTOS URGENTES

 


“Al fin de la batalla


y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre


y le dijo: “No mueras; te amo tanto!”


Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.”


César Vallejo.


 


UNA COMUNIDAD ENTERA SE VE AMENAZADA DE EXTINCION


 


En las afueras de lo que se suele llamar, con eufemismo nada encantador, zona afectada -regiones del globo terrestre donde las matanzas, el hambre, la peste y todos los jinetes del Apocalipsis imaginables, más algunos inimaginables, han cabalgado sin freno, sembrando desgracias por centenares, miles, millones-; el resto de los humanos contempla, cuando se entera, esos azotes de muy diversas maneras y con muy diversos ánimos. De todo hay: curiosidad, conmiseración, indiferencia, muchas ganas de ayudar, pero cómo lo vamos a hacer o qué podemos hacer nosotros, envíos de trigo y vacunas, abstención de intervenir para no herir susceptibilidades, conferencias de organizaciones mundiales sobre los mejores modos de resolver el problema, editoriales en cadena.


 


Es cierto que mucho de lo que hacemos podíamos muy bien dejar de hacerlo y convendría hacer cosas que no hacemos, sobre todo si con ellas podemos hacer útiles a alguien, pero hay montones de cosas, incluyendo la satisfacción de algunos de nuestros intereses y apetitos que no hay por qué abstenerse de hacer.


 


Tranquilicémonos: no porque sucedan en alguna parte cosas espantosas, las otras partes han de cesar de hacer lo que hacen y de ser lo que son. Pero hay un segundo punto. Aunque el mundo se compone de muchas cosas y asuntos, unos tienen, cuando menos en ciertos momentos, prioridad sobre otros. Cuando nos llegan las noticias de la nueva oleada humana de damnificados por el terremoto del Perú,del reguero de masacres en Irak y Territorios Palestinos, resulta menos urgente de lo que había parecido imaginar aquella exposición de cerámica de la que se había hablado tanto; no hay más remedio que canalizar muchas energías para salvar lo que se pueda, y a quien se pueda. Si cabe hacer ambas cosas, tanto mejor, y si una, además, sirve de auxilio a la otra, aunque sólo sea para aliviar los ánimos, albricias. Pero no siempre se puede hacer todo, y en estos casos hay que atender a lo más urgente, a lo más indispensable, a lo que no admite espera porque de ello depende todo lo demás. Por supuesto que no siempre resulta claro qué es lo más urgente; prueba de ello es lo mucho que se disputa al respecto. Sin embargo, en casos extremos, cuando el barco se hunde, lo urgente salta a la vista: es hacerlo reflotar. También hay que tener las ideas más claras, respecto a cómo salir de la tremenda guerra de Irak. Y después respecto a cómo evitar el volver a caer en ella.


 


Hay asuntos urgentes en el mundo y uno de ellos es cuando una comunidad entera se ve amenazada de extinción. Esto tiene, pues, prioridad sobre muchas otras cosas. Bien, pero entonces, una vez más, ¿qué podemos hacer nosotros, cada uno de nosotros?


 


Individualmente, poco o nada. Colectivamente, mucho o todo. Ahora bien, la acción colectiva no se ejecuta, aparte la individual, como si hubiera unos “todos” que no fueran nadie en particular. Los individuos pueden hacer algo a través de la comunidad; pero esto quiere decir intervenir en la comunidad de tal suerte que ésta adopte las medidas que se estimen necesarias. Esta acción individual en la colectividad se llama política, y hace que la política no sea, o deba ser, una mera ocupación circunstancial, o un privilegio de unos cuantos. Los asuntos urgentes son, en el fondo, los asuntos políticos. No sólo para casos extremos, como cuando una comunidad se ve amenazada de extinción o bien ocurre alguna sonada catástrofe, sino en todos los casos en que se trata del tan ajetreado, pero poco atendido bien común. Y es que, como dijo el poeta: “Mi madre, mi pobre madre / me dijo más de una vez: “No basta que no hagas mal; / es preciso que hagas bien”.


 


Francisco Arias Solis
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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Thursday 25/October/2007 22:32

FORO LIBRE: HOMENAJE A VALLE-INCLAN



 


FOROLIBRE


ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA


 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

e-mail: pazylibertad@arrakis.es


URL: http://www.arrakis.es/~aarias


 


“¡La noche de octubre! Dicen que de luna


con un viento recio y saltos de mar.


Bajo sus estrellas se alzó mi fortuna,


mar y vientos recios me vieron llegar.”


Ramón del Valle-Inclán.


 


HOMENAJE DE FORO LIBRE A RAMON DEL VALLE-INCLAN

 


El próximo lunes, día 29, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta modernista y gran dramaturgoRamón del Valle-Inclán (1866-1936),con motivo del 141ºaniversario de su nacimiento.


 


El fabuloso Ramón del Valle-Inclán se nos aparece como una figura impar entre los escritores españoles de su generación. Nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra), el 29 de octubre de 1866, hijo de labradores de rancia estirpe,y vivió de joven la aventura de la emigración, como tantos de sus coterráneos, aunque sus andanzas por México fueran breves y sin fortuna. Su vida, primero en Pontevedra y ya definitivamente en Madrid, estuvo dedicada absorbentemente a las letras, dando curso a una exigente vocación que le hizo renunciar a cualquier otro medio de vida.


 


La obra maestra de su primera etapa son las cuatro Sonatas, escritas en el primer quinquenio del siglo XX. En mayo de 1932, Valle-Inclán es elegido presidente del Ateneo de Madrid. En 1933 es nombrado presidente de honor de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma. En dicho año se estrena en el Teatro Español Divinas Palabras por la Compañía de Margarita Xirgu, con escenografía de Castelao y dirección de Rivas Cherif. En 1935 es elegido presidente de la sección española de la Asociación Internacional de Escritores. Acepta ser presidente de honor de la Campaña Nacional contra la pena de muerte.


 


Valle-Inclán, “hijo pródigo del 98” (según la acertada frase de Pedro Salinas), nos presenta todo un vasto panorama de la cultura hispánica como deformación: deformación de la cultura clásica, de la cultura europea, quizá deformación de la propia cultura hispánica en sus mejores momentos. El sentimiento de opresión, de crítica total a la cultura hispánica, crece sobre todo, si consideramos con una sola unidad todo lo escrito por Valle-Inclán en su período maduro, desde La pipa del Kif hasta Baza de espadas. Curiosamente la figura del político gaditano Fermín Salvochea, tratadacon especial simpatía,es la única de la amplia galería de personajes de El ruedo ibérico que destila humanidad, bondad, total desinterés.


 


Lo más curioso de la personalidad de Valle-Inclán, dentro del marco de sus compañeros de cronología ha consistido en una permanente juventud. Mientras los demás escritores de su tiempo reflejaron en su obra el paso del tiempo y el proceso orgánico de la senectud, el permaneció siempre joven.


 


Francisco Arias Solis
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No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.



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Thursday 25/October/2007 04:40

EL VALOR DE LA VIDA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



EL VALOR DE LA VIDA


 


“Todo necio


confunde valor y precio.”


Antonio Machado.


 


LA ESTIMACIÓN DE LA VIDA HUMANA

 


Aunque la muerte, por ser inevitable para todos y la terminación de la vida, parecería un elemento constante e invariable, sucede todo lo contrario: es difícil hallar una realidad respecto a la cual varíen hondamente las interpretaciones y que condicione en mayor medida la perspectiva en que se presentan las demás. Son varias las razones de que la muerte sea previvida de diferentes maneras. Una de ellas su frecuencia, es decir, aquella con que aparece en torno nuestro. En ciertas formas de vida, siempre es inminente, se cuenta con la muerte como algo que puede sobrevenir en cualquier instante, que nos puede alcanzar cuando menos lo pensemos, a nosotros o a las personas que nos importan; en otras situaciones, a la inversa, la muerte parece más lejana; podríamos decir que es segura, pero en cada caso y en cada momento improbable, cierta e inevitable, pero en concreto inverosímil. La determinación del grado de probabilidad con que es la muerte en cada sociedad es un requisito imprescindible para entender esa forma de vida y toda una serie de comportamientos humanos.


 


La elevada mortalidad infantil, la desaparición de millares de personas por hambre, epidemias, inundaciones y cualquier género de desastres; la facilidad del fallecimiento “inexplicado”, por vagas enfermedades que no se localizan, son factores que llevan a una fácil aceptación colectiva de la muerte como algo que pertenece a la condición misma de la vida en su detalle, por tanto, dentro de su trama cotidiana, no como un telón de fondo que la limita en el futuro. En otras formas de vida, en cambio, la muerte está más o menos “localizada”; se le contiene dentro de ciertas fronteras; las grandes calamidades parecen descartadas; se cuenta que no habrá hambre, ni peste, ni terremoto, ni -en algunas fases de la historia- guerra. La muerte se racionaliza, se reduce a medida; las compañías de seguro la prevén y calculan estadísticamente; y hasta para cada individuo aforan su probabilidad: una estipulación de su edad y un reconocimiento médico fijan el importe de la póliza que hay que pagar, es decir, la verosimilitud de la muerte. Cada defunción se explica, se sabe -o se pretende saber, al menos- por qué ha muerto cada hombre; del vago “dolor de costado” que acababa con tantas vidas hace medio milenio. Cada vida es defendida increíblemente más; se lucha con la muerte como si en principio fuese posible vencerla; desde antes se dejaba operar a la guadaña, ahora se intentan remedios extraordinarios: operaciones, transfusiones, trasplantes de órganos; los médicos vuelan en aviones hasta remotos pacientes; estos acuden de continente a continente en busca de hospitales famosos; los “pulmones de acero” van y vienen aceleradamente, compitiendo en velocidad con la muerte. Y a consecuencia de ello parece siempre, cada vez más, accidental y violenta en vez de ser inevitable y natural. Todavía no podemos medir la transformación que esto va a producir en la sensibilidad vital, en el modo de sentirse instalado en la vida. Los hombres que vivimos hoy, al menos los que ya somos adultos, no nos sentimos demasiado afectados, porque estamos sometidos a las vigencias anteriores; dentro de pocos decenios, si otros factores no alteran esta situación, se verá la enorme transformación operada. Y hago esta restricción porque la amenaza de guerra y, sobre todo, de las armas atómicas está introduciendo en las mentes la noción de la probabilidad de la muerte con una fuerza desconocida en Occidente desde hace siglos.


 


Un tema muy próximo, pero que habría que tomar independientemente y no en estricto paralelismo, es el valor que tiene la vida humana en cada sociedad, por tanto, la resistencia que en ella provoca la acción violenta, sobre todo cuando tiene carácter individual, como el crimen; más aún cuando no es algo azaroso y accidental, sino simplemente deliberado y voluntario, como la pena de muerte. En grandes periodos de la historia occidental -para no buscar ejemplos lejanos- esta no ha tenido importancia; se ha aplicado con cierta liberalidad, pero, sobre todo, con perfecta naturalidad, como algo que está dentro del orden y acerca de lo cual no hay que hacer demasiadas alharacas.


 


¿Cuál es en cada sociedad la estimación de la vida? ¿Con cuánta imaginación o con qué mecánico automatismo se piensa en la muerte? Eso es probablemente lo decisivo, no una mera cuestión de “crueldad” o “ternura”. Y como dijo el poeta: “¿Por qué todo el mundo se muere? / Es una pregunta tan tonta/ que no hay sabio que se la plantee. / Ni hay Dios que la responda”.


 


Francisco Arias Solis
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Te matan y después


piden perdón al cadáver.



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Wednesday 24/October/2007 07:44

VICENTE GAOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


VICENTE GAOS


(1919-1980)


 


“No sabe qué es amor quien no te ama.


No sabe qué es amor quienno te mira.


Tú arrancaste a su alma y a su lira


el sol más dulce, la más fiera llama.”


Vicente Gaos. .


.



LA VOZ DE LA AUTENTICIDAD


 


Cuando Gaos acierta, y acierta muchas veces, su poesía alcanza garra, delicadeza y emoción que pocos pueden superar. Gaos es un poeta inspirado. Hay un cierto romanticismo en su vocabulario, que se compagina en su poética, que tiene que ser romántica si se quiere transmitir su apasionada actitud ante la vida y la muerte. La tristeza, la noche, el sentimiento, la rebeldía, el misterio, parecen conferir a buena parte de la poesía de Gaos tintes que pueden denominarse románticos.


 


Gaos ama “el otoño y su tristeza”. Ya con sus Primeras poesías, escritas durante la guerra civil, hay un poema titulado “El otoño”, en el que comienza afirmando que “nada es tan venturoso como el otoño” y que finaliza así: “Oh dulce muerte en el otoño”.


 


Vicente Gaos nace en Valencia el 27 de marzo de 1919 y muere el 17 de octubre de 1980. Hermano del filósofo José Gaos, del poeta Alejandro Gaos y de la actriz Lola Gaos. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid y doctor por la de México. Becado por el gobierno francés en París. Fue profesor de Literatura española en los Estados Unidos de 1948 a 1956. Catedrático de inglés en los Institutos de Segunda Enseñanza de Segovia y Valencia. Fue premio Adonais de 1943 con su libro Arcángel de mi noche, compartido con sendos libros de Alfonso Moreno y José Gutiérrez Carreño. En 1963 obtuvo el premio Agora de poesía. Entre sus obras más conocidas, citaremos: Sobre la Tierra, Luz desde el sueño, Profecía del recuerdo, Un montón de sombra y Ultima Thule. Fue traductor de Shelley, Rimbaud y Elliot, y nos dejó una importante obra crítica: Poesía y técnica poética, Claves de la literatura española....


 


El libro Arcángel de mi noche lo escribe entre 1939 y 1943 y se publica en 1944. Gaos logra manifestarse de forma personalísima. Y sus sonetos van a recoger lo que nunca dejó de atosigar al poeta, la sed de saber, la decepción, el asco final, el escepticismo. El soneto será para él luz y libertad. Luz que el poeta quiere alcanzar, que cree que alcanza, y que no alcanzará.


 


Gaos dirá que vivir y morir “es lo mismo”y que vivir es “ir muriendo”. Y la muerte es la antesala de la nada, invisible fuego en torno al cual ganará la angustia del poeta: “Yo natural de la Nada, / habitante de la Nada, / destinado a la Nada, anónimo...”


 


El escepticismo de Gaos es igualmente escepticismo político y social. Aunque en alguna ocasión aluda al deseo de fraternidad: “cada día / me preocupo y me duele todo / lo que ocurre a mi alrededor”. Entre sus inquietudes está el amor , en el que llega a encontrar la única inmortalidad. Varios de sus sonetos recogen la relación amor/eternidad. Y no es raro que Gaos asocie amor con primavera: belleza de la mujer, belleza de la Naturaleza. La tierra es “madre primera”, como dirá “madre” a la luna. Y “madre” llamará también a la Memoria, como en uno de los poemas de Concierto en mí y en nosotros: “Sí, deja que te diga apasionado / mi azar por ti, luz mía y madre mía / memoria mía en mí, puro deseo / de ser memoria en otros”.


 


A los veintidós días de morir Gaos se imprime Ultima Thule en León. El libro obtiene el Premio Nacional de Literatura. No es la Ultima Thule su mejor libro. ¿Fue una especie de reparación por lo irreparable? Poeta que no se avino a ser manejado. Vicente Gaos no se pliega a las modas literarias, no desiste de su autenticidad. El tema de la autenticidad, tan existencial, se manifiesta con claridad en el poema “El artista adolescente” : “Fui con mis papeles. / Me lo rechazaron. / Me fui a otro lugar. / Me lo rechazaron...”


 


El poema último “De senectute”, de su último libro, significa el postrero vencimiento delpoeta. De noche, en su habitación, hablándose a sí mismo, declara hallarse “en la última milla, en la primera, en la única milla”. Y aunque Gaos afirma que ha plantado un árbol, ha tenido un hijo y ha escrito un libro, el libro es siempre el mismo, “un solo verso interminable”. Al final, luces que se borran, palabras que se cayeron. Y silencio. “... Y quédate solo / con la ilusoria renta de tus muros, / luces borradas, palabras caídas”.


 


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