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INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD

Noticias y artúculos de las Asociaciones Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.

 
 
     
 
Wednesday 28/February/2007 05:42

EMILIA PARDO BAZAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



EMILIA PARDO BAZAN

(1851-1921).


 


 


“Y es que antes se llega a la celebridad con escándalo


y talento que con talento solo, y aun suple a veces


al talento el escándalo”.


Emilia Pardo Bazán.


 


 


LA VOZ DE LA CURIOSIDAD INSACIABLE.


 


La Pardo Bazán, escritora de una pieza, tuvo en toda su producción una característica esencialmente femenina: la de recibir las huellas de cuantas influencias le salieron al paso. Tratándose de un espíritu creador de la potenciade la autora de Los pazos de Ulloa, ocioso es subrayar que las influencias que podían avasallarlo no habían de ser meras modalidades del momento. La Pardo Bazán no iba a dejarse arrastrar por unos grupos u otros. Menos aún, a contentarse con seguir los caminos que unos u otros le indicaran. Mas su misma curiosidad; esa curiosidad insaciable, que la hacía entregarse de lleno a unos estudios o a unas lecturas comenzados poco menos que al azar, y sustituirlos por otros estudios, u otras lecturas, cuando aún no se le habían revelado aquéllos sino muy superficialmente; su mismo afán de saber y de avanzar de continuo, no le permitieron nunca equilibrar, en un credo literario sereno, el ideal propuesto y el ideal aceptado.


 


Emilia Pardo Bazán, condesa del mismo nombre, nació en La Coruña, el 10 de Septiembre de 1851.Se casa muy joven con José Quiroga. Su primera producción fue un libro de versos: Jaime. En 1876 obtuvo, con el Estudio crítico de las obras del padre Feijóo, el premio del concurso organizado como homenaje a la memoria de éste. En 1879 publicó Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina; en 1881, Un viaje de novios, cuyo prólogo levantó enorme revuelo, y, a partir de entonces, dio a la estampa, con extraordinaria abundancia, novelas, cuentos, estudios críticos, ensayos, impresiones de viaje, etc. Emilia Pardo Bazán muere en Madrid el 12 de mayo de 1921.


 


Entre sus novelas, y a parte de las ya citadas, destacan: La tribuna, La madre naturaleza, Insolación, Morriña, Una cristiana, La quimera , La sirena negra. Y entre los cuentos: La piedra angular, Arco iris, Cuentos de Marineda, Memorias de un solterón, Cuentos de Navidad y Reyes, Cuentos trágicos, El fondo del alma y Cuentos de amor. Entre sus obras capitales se cuentan: El darvinismo, San Francisco de Asís y La cuestión palpitante.


 


La escritora gallega, que no admitía, según su propia declaración, el yugo del naturalismo francés, y que siempre quiso sentar plaza de casticista, en sus primeras novelas: Un viaje de novios y La tribuna, antes se acuerda de Zola que de los maestros representativos de la novela española de entonces. Sin embargo, el naturalismo de la Pardo Bazán, no es el naturalismo del autor de los Rougon Macquart. Pese a los reproches que algunos sectores le han dirigido, a doña Emilia, aun arriesgándose cuanto es preciso al borde de la realidad descarnada, no resbala hasta cierta crudezas, y mucho menos complácese jamás en ellas. Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, las dos obras más representativas de la Pardo Bazán, son, sin duda, la manifestación más acabada -y más lograda- del naturalismo en nuestra literatura.


 


Y el hecho de que sean “obras rurales”; de que haya necesitado su autora mirar hacia un ambiente rural para elevarse a su máxima altura, no deja de prestarse a ciertas consideraciones. Sin proponérselo; sin saberlo tal vez, la Pardo Bazán, apasionada y diletante de todas las novedades exóticas; catadora, con frecuencia serena, y con frecuencia algo ingenua, de todas las modalidades y modas literarias, se encontró a sí misma, encontró su razón de ser, agrupándose simplemente junto a los novelistas que contemplaban el paisaje de su tierra con voluntad de penetrarlo.


 


A los 86 años de su muerte, todavía es lícito darle a la escritora gallega el título que nadie le ha disputado, de una de las más insignes escritoras de la literatura universal.


 


Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


 


 


1 de marzo: Día del móvil caído.

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Tuesday 27/February/2007 07:06

ANDALUCIA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



ANDALUCIA

 


 


“Es la hermosa Andalucía,


esa que hoy lucha esperando


salga de la noche el día.”


Rafael Alberti.


 

LA MAS ANTIGUA DE LAS CULTURAS PENINSULARES

 


Andalucía es tal vez, la más vieja tierra histórica de Europa y nunca ha mostrado petulancias de particularismo ni ha pretendido nunca ser un Estado aparte. Es verdad que el pueblo andaluz no tiene continuidad histórica y que, por tanto, los andaluces del siglo XXI, no descendemos de los andaluces de la Edad Media, y menos aún, de los de la Edad Antigua. Igualmente, es cierto que las bailarinas de Gades no son las precursoras de nuestras folklóricas actuales. Se puede afirmar, también, que no queda entre nosotros ningún descendiente de Séneca o de Averroes. Pero no es menos cierto que algo habrá quedado, algunas gotas de sangre de tartesos y fenicios correrán por nuestras venas, y en el caso de los hispanorromanos, árabes y berberíscos deberán ser más que unas gotas. Y no hay duda, que hay una cultura en la sangre.


 


Todas las regiones, todas las naciones de Europa, han conocido migraciones, pero ninguna con la intensidad de Andalucía que ha llegado a ser vaciada de su población y repoblada con otra de distinto origen. Es dudoso que exista en occidente una región que haya sufrido trasvases humanos tan radicales. Por ello, la tierra andaluza ha tenido que desarrollar una función unificadora decisiva para perfilar la personalidad del pueblo andaluz y asegurar su continuidad.


 


En esta tierra del Sur, en la que nada envejece porque todo es viejo de nacimiento es fácil comprender que todos los que fueron llegando modificaron sus hábitos con el andar del tiempo, al encontrar una arquitectura urbana adaptada al clima, unas costumbres alimenticias en consonancia con el medio, un ambiente cosmopolita, una gran comunicabilidad social y tradiciones populares muy arraigadas.


 


Andalucía puede considerarse como la más antigua de las culturas peninsulares, si bien, hace tan sólo algo más de cinco siglos que delimitó su espacio geográfico. El espacio andaluz es el resultado de la fusión, a finales de la Edad Media, de los reinos nacidos de la conquista cristiana. Andalucía no era una denominación oficial (tampoco lo era entonces España). La distinción entre la Andalucía de los Tres Reinos y Granada se diluyó con gran lentitud. Pero en el lenguaje popular Andalucía estaba ya identificada con el espacio actual desde 1492, que puede considerarse el año fundacional de Andalucía.


 


Esta realidad nacional que se configura en sus rasgos esenciales a partir de 1492, tiene una personalidad propia indiscutible, no hay una étnica andaluza pero sí un modo de vida andaluz. No existe una lengua andaluza, pero sí hablas andaluzas que no tienen relación de subordinación o dependencia respecto al castellano. Precisamente, la primera gramática castellana que se imprimió en 1492, es obra del andaluz Elio Antonio de Nebrija.


 


El laborioso parto de Andalucía estuvo marcado por feroces luchas religiosas que sirvieron de pretexto para dos resoluciones altamente negativas: el establecimiento de la Inquisición y la expulsión de los judíos.


 


La dimensión americana es también esencial para la comprensión de la personalidad andaluza. La gran aventura del hombre se hizo desde Andalucía. El descubrimiento de América, abrió nuevos e ilimitados horizontes a los andaluces, colocándolos en el centro de las grandes decisiones mundiales, lo que fortaleció la vocación universal del pueblo andaluz y su estilo cosmopolita.


 


Ayer y hoy, con pobreza y riqueza, Andalucía es una realidad nacional entrañable con una acusada personalidad, crisol de razas, hogar abierto a todos, tierra de libertad, donde el hambre se hace grito de dignidad: “¡En mi hambre mando yo!”.


 


En los albores del siglo XXI, es esencial que nadie sea desalentado, que no se prescinda de nadie. Se hace necesario la movilización, de todos los andaluces, exigiendo a cada uno que sea lo que es, y que lo sea para los demás, para construir por todos y para todos un futuro mejor, haciendo cada nuevo día, más Andalucía. Y como dijo el poeta: “Pero que nadie se engañe. / Aunque andaluz, yo soy copla, / soy viento de cualquier parte”.


 


Francisco Arias Solis
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aarias@arrakis.es
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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Monday 26/February/2007 00:58

LA TORTURA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS




LA TORTURA


 


 


“Los tristes de la locura,


de la sangre y el espanto,


la tortura y la tortura.”


Rafael Alberti.


 


 


UNA REMOCIÓN EN LAS CONCIENCIAS



La abolición de la esclavitud fue un máximo tema para la civilización del siglo XIX, para la civilización con epidermis blanca, por supuesto. Lo que nos resta de añose debiera tomar a empeño de honor la supresión de la tortura ejercida todavía en muchos países por las minorías violentas. Una vez suprimida la pena de muerte tan estúpida como bárbara en los países civilizados, lo más urgente sería la eliminación de las torturas y horrores en frío, como práctica consuetudinaria, cínica y felina. Digo felina porque no sé si hay otros animales, fuera de la gata, que brinden a sus pequeñuelos un ratoncete moribundo para su solaz y adiestramiento.


 


Todo lo demás resbala a segundo plano: derechos humanos, códigos, salarios, libertades públicas y sociales, escuelas, higiene, la manifestación del sábado tarde; todo será miseria y basura mientras sea posible que unos hombres armados torturen. Y mientras eso pueda acontecer, todas las pretendidas leyes de humanidad y justicia serán más que inútiles, ya que tapan la boca a quienes gritan espantados ante esas efectivas vigencias.


 


Habla Quevedo de cierto pícaro, tan humilde y modoso, que no “levantaba los ojos a ninguna mujer, aunque sí las faldas”. A esta civilización se le ha ido la fuerza por la pluma. Mucha ley, mucho reglamento; más la vida hace un regate y te saca un palmo de narices. Son cien veces más honestas las leyes que se hacían hace muchos años para ser cumplidas.


 


He aquí un pasaje de Montaigne, incalculablemente actual por donde quiera que abramos sus Ensayos: “A los muertos no los compadezco, y más bien lo envidiaría; los que están muriendo sí me causan gran pena. No me ofenden tanto los salvajes que asan y comen los cuerpos difuntos, como quienes los atormentan y persiguen en vida. En la misma justicia, todo lo que va más allá de la muerte simple me parece pura crueldad, y esto vale sobre todo para nosotros, que debiéramos cuidar de que las almas partiesen en buen estado; lo que no puede ser, si han sido agitadas y desesperadas por tormentos insoportables”. Adorable Montaigne: eres un clásico, sigues viviendo. Tales palabras tendrían todavía que perforar las conciencias de piedra de muchos pretendidos cristianos.


 


El remedio a semejantes desventuras no puede brotar de las leyes, ni de los regímenes políticos que soslayan muy tangencialmente los senos profundos de la vida y de los afanes humanos. Ni es posible curar una infamia realizando otra mayor, porque entonces sería el cuento de nunca acabar. La cura de tan inmensos daños sólo puede venir de una remoción en las conciencias y de una voluntad firme y sostenidamente exteriorizada. El hombre del siglo XXI tendría que experimentar una angustiosa sensación de vergüenza, de no poder vivir, mientras ocurra que semejantes suyos son sometidos sañudamente a violentas torturas. Bastaría incluso con preocuparse fuertemente de ello mientras se platica con el amigo en la calle o con Dios en el templo. Nada resiste a un sentir vivido y manifestado. Y como dijo el poeta: “Hoy no quiero cantar, / quiero mi voz para el grito, / mi aliento para gritar.”


 


Francisco Arias Solis
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No se debeadmitir la violencia ni siquiera contra la violencia

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Sunday 25/February/2007 16:54

FERNAN CABALLERO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


FERNAN CABALLERO


(1796-1877)


 


 


“Si yo fuese la Reina, mandaría escribir una novela de costumbres

en cada provincia, sin dejar nada por referir y analizar.”


Fernán Caballero.


 


LA VOZDE LA NOVELA MODERNA



 


Fernán Caballero inicia con gran decoro la novela realista moderna, que a tan alto rango habrán de llevar, entre otros, Galdós, Pereda, Clarín, la Pardo Bazán, Alarcón y Valera. Esta circunstancia explica los elogios que le tributó la crítica de su tiempo y el éxito alcanzado por sus obras.


 


Cecilia Bölh de Faber nació en Morges (Suiza), el 24 de diciembre de 1796. Su madre, doña Frasquita Larrea, era gaditana; su padre, Juan Nicolás Böhl de Faber, cónsul de Alemania en Cádiz, habíase identificado a tal punto con España y las letras españolas, que publicó varias obras de crítica sobre nuestro teatro antiguo, así como una Floresta de rimas castellanas. Cecilia, pasó su infancia, y parte de su adolescencia, en Hamburgo, junto a su familia paterna. Al regresar a España, asistió en Cádiz, junto a su familia a la tertulia de su madre, foco de política absolutista. A los dieciséis años casó con Antonio Planells, oficial de artillería, con el cual fue harto desgraciada. Viuda a los veintidós años, casó en segundas nupcias, en 1822, con el marqués de Arco Hermoso, con quien se estableció en Sevilla. Enviudó de nuevo en 1835, quedando al poco casi en la miseria. Se volvió a casar con Antonio Aroon de Ayala, que se suicidó en 1863 al verse arruinado. Y entonces fue cuando Cecilia resignóse a vivir de su pluma, y a publicar, con el seudónimo de Fernán Caballero, las obras que tenía cuidadosamente ocultas desde hace muchos años.


 


Muy pronto adquirió celebridad y prestigio. Los más altos personajes enorgullecíanse con su amistad, visitándola en su propia casa Isabel II, los emperadores del Brasil, y los duques de Montpensier, que la trataban como a persona de su mayor confianza. Murió en Sevilla, el 7 de abril de 1877. Como dato curioso debe anotarse que el Gobierno belga le concedió la Cruz de la Orden de Leopoldo, concesión que hubo de quedar sin efecto al enterarse aquel Gobierno de que Fernán Caballero era una mujer.


 


Su producción literaria se manifiesta en tres géneros: poesía, cuento y novela. Las poesías, de tipo popular, y los cuentos fueron recogidos en Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852); las novelas tienen por título: La Gaviota, La familia de Alvareda, Clemencia, Un servilón y un liberalito y Un verano en Bornos.


 


Ideológicamente, todas sus novelas se resuelven en una apología a la virtud y una condena del vicio en cualquiera de sus formas, incluido el progreso cuando se desarrolla sin menoscabo del espíritu.


 


Con Fernán Caballero podemos decir que empieza la novela española moderna. Con La Gaviota, con La familia de Alvareda y Clemencia se abre el paso a esa novela de la segunda mitad del siglo XIX, hecha a base de caracteres, de costumbres y ambientes propios y actuales, sin tener que recurrir a reconstrucciones del pretérito o a exóticos escenarios. Fernán Caballero se inspira en la realidad. “Como no aspiramos -escribe en el prólogo de La familia de Alvareda- a causar efectos, sino a pintar las cosas del pueblo tales cuales son; no hemos querido separarnos ni un ápice de la naturalidad de la verdad”. A esta naturalidad lo sacrifica todo, incluso si hace falta, las bellezas del lenguaje. A esta naturalidad y al intento moralizador, que nunca disimuló la ilustre escritora. Quiere, y así lo dice, que cada obra suya, novela o cuento, sea una lección edificante.


 


Esta obsesión didáctica no le impedía ser encantadoramente sencilla, natural y espontánea. Sí es cierto que la narración se hace a veces demasiado dulzona -”arroz con leche”, la definió Valera-, y sí no es menos cierto que el estilo peca con frecuencia de desmañado y poco castizo, no se le puede negar, en cambio, una frescura de inspiración, una sensibilidad y un poder observador realmente asombroso.


 


Fernán Caballero no fue una estilista, mucho menos una purista; pero fue una escritora que gustó mucho en su tiempo y que todavía se deja leer. De su corazón brotaba una fuente de poesía. “Ha dedicado muchos años de su vida -escribía José Joaquín de Mora- al estudio del temple moral y poético de las gentes”. Las narraciones y los cantos populares recogidos por Cecilia Bölh de Faber presentan un tono natural y espontáneo que no puede menos de suscitar un sentimiento de admiración. Como ejemplo, nos puede valer estacomposición: “Desde el día que nacemos / a la muerte caminamos. / No hay cosa que más se olvide / ni que más cierta tengamos”.


 


 


Francisco Arias Solis
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Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.

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Sunday 25/February/2007 06:43

GERARDO DIEGO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



GERARDO DIEGO

(1896-1987)


 


 


“Manuel de Falla me lleva a la Alhambra.


-Que le enseñen Granada los amigos .


Pero a la Alhambra le acompaño yo-.”


Gerardo Diego.


 


 


LA VOZ QUE BROTA DEL CORAZON


 


Gerardo Diego es el poeta. El hombre que ha entrevistado el misterio y que un día hizo esta afirmación .”¿Quién que es no es social?” Y más sincera no puede ser en Diego si se tiene en cuenta que este fanático de la poesía no tiene un solo verso insincero.


 


De entre los autores del 27, Gerardo Diego es, sin duda, uno de los más difíciles de situar en una estética o línea creativa más o menos uniforme. Su obra se caracteriza por una pluralidad de maneras voluntaria y querida por el poeta. Diego, como Lope es muchos Diegos. Quizá por ello su obra repartida entre la “Bodega y la Azotea” de su unitario laboratorio poético se somete a varios impulsos creadores y férulas expresivas.


 


Gerardo Diego nace en Santander el 3 de octubre de 1896. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y posteriormente en la de Salamanca y Madrid, donde hace el doctorado. En 1920 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto de Soria, y sucesivamente enseñó la misma asignatura en los Institutos de Gijón, Santander y Madrid. En diciembre de 1921 conoce personalmente a Vicente Huidobro, iniciándose una fructífera amistad personal y estética. En1925 -ex aequo con Alberti- obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Fue uno de los más activos organizadores del Homenaje a Góngora que celebró la generación en 1927, con motivo del centenario del gran poeta cordobés. En diciembre de ese año lanza la revista Carmen, desde Gijón. Participó, con Juan Larrea y Huidobro, en el movimiento creacionista. En 1931 se adhiere a la Agrupación al Servicio de la República, creada por Ortega, Marañón y Pérez de Ayala. En julio de 1934 se casa con Germaine Marin en Toulouse. En 1947 es elegido miembro de número de la Real Academia Española. En 1979 -ex aequo con Borges- obtuvo el premio Cervantes. Tras dejar lista para la imprenta su esperada poesía completa, Gerardo Diego muere el 8 de julio de 1987 en su casa madrileña de Covarrubias, cesando para siempre el incansable pestañeo del poeta niño asombrado por el mundo.


 


Su biografía personal y poética resulta ejemplar. Es, por ejemplo, uno de los más claros exponentes del poeta-profesor, y, paralelamente a Alberti (poeta-pintor), el poeta-músico del 27. La apelación a la música es una auténtica nota distintiva de su quehacer poético y de sus concepciones líricas: “Y un asirse y plegarse / a la música hermana / para bien orientarse / en la libre mañana”.


 


Sin embargo, Diego, como Aleixandre y Dámaso, no se marchó al exilio, exagerándose las razones políticas y minimizándose las personales e íntimas. Así, se trajeron y llevaron ciertas concesiones al Régimen constituido tras la guerra y no se recordó su adhesión liberal en los primeros años treinta a la asociación de intelectuales que fomentó el advenimiento de la República o no se valoraron sus profundos sentimientos religiosos difícilmente conciliables con la barbarie de la guerra.


 


A lo largo de más de sesenta años de creación, Gerardo Diego ha elaborado una obra extensa y multiforme: El romancero de la novia, Imagen, Soria, Manual de espumas, Versos humanos, Equis y Zeda, Angeles de Compostela, Limbo, Biografía incompleta, Paisaje con figuras, Egloga de Antonio Bienvenida, Amor solo, Mi Santander, mi cuna, mi palabra, Odas morales, La fundación del querer, Cementerio Civil, Poesía de creación... “Lo primero que llama la atención en la poesía de Gerardo Diego a quien la considera en su conjunto -decía Dámaso Alonso- es su variación, sus variaciones”.


 


La primera “manera” de Gerardo Diego revela una influencia bien asimilada de Juan Ramón Jiménez. La poesía de El romancero de la novia es una poesía sencilla y sentimental, con cierto intimismo becqueriano. Diego inicia pronto su aventura vanguardista. Muy tempranos son sus contactos con el ultraísmo y sus colaboraciones en revistas como Grecia, Cervantes y Alfar. Su experiencia parisina de 1922, invitado por Huidobro, le permite asimismo, conocer de cerca el creacionismo. Fruto de todo ello son una serie de libros que, de Imagen (1922) a Cementerio civil (1972) trazan más de medio siglo de poesía de creación.


 


Realmente Gerardo Diego es un fanático. “Es un fanático de la causa -nos dijo Pedro Salinas-. La causa es la poesía. La muy antigua o la muy moderna, la de Soto de Rojas o la de Huidobro, la de Lope o la de Juan Larrea”. Por tanto, no es extraño que la obra poética de Diego ofrezca no pocas dificultades. Tampoco es fácil de orientarse en una lista que roza el medio centenar de títulos .


 


El bloque cuantitativamente más importante de la producción poética de Gerardo Diego se acoge a la categoría de lo que él llamaba poesía relativa, y que tal vez, podría llamarse poesía de expresión. Pero toda su poesía, lo mismo el verso tradicional, que el puro experimento lírico, brotan humanamente del corazón. Y como dijo el poeta: “No amigos míos. Vuelva la armonía / y el bienestar de los claveles. / Mi corazón amigos fue algún día / tierno galope de corceles”.


 


Francisco Arias Solis
e-mail:
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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Sunday 25/February/2007 06:42

LAS BUENAS COSAS DE HOY POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



 


 


LAS BUENAS COSAS DE HOY

 


 


“Hoy dista mucho de ayer.


¡Ayer es Nunca jamás!”


Antonio Machado.


 


 


ES MUY POSIBLE QUE CUALQUIER


TIEMPO PASADO FUERA PEOR


 


Mi amigo e interlocutor frisa los sesenta años, si es que no los ha dejado atrás. No se puede decir que goza, o sufre, de mala salud, pero es una persona sumamente frágil, obligada a estar muy alerta a cualquier posible desfallecimiento. Tiene, desde ya hace muchos años, una sordera bastante avanzada, que, aunque a veces brinda algunas ventajas, tiene ciertos inconvenientes. Mi amigo se gana el sustento con dificultad, y subsiste únicamente porque no tiene obligaciones familiares y lleva un tren de vida muy modesto. Sus actuales tareas -traducciones no muy bien pagadas de libros que no le interesan gran cosa, correcciones de textos; algún que otro libro por voluntad del autor, pero frecuentemente por encargo- no se ajustan las más de las veces a sus talentos. Periodista nato, de los que cogen las cosas al vuelo y las fijan en artículos nerviosos y brillantes, no tiene periódico ni revista donde colaborar. Escritor que fue muy justamente conocido y celebrado, su nombre no se menciona apenas. Tiene unos pocos amigos fieles, entre ellos el que suscribe, pero no todos están, digamos, a mano ni son los suficientes para que nuestro hombre pueda escapar por completo al demonio de la soledad.


 


He insistido, bien que sin exagerar, en los aspectos que son “desfavorables” a mi interlocutor y amigo para que mejor resalte el interés, y hasta la validez, de algunas de las cosas que me ha soltado en una conversación reciente, al encontrarle después de unos años de ausencia, intelectualmente tan ágil y perspicaz como siempre y hasta con algunos quilates adicionales de despejo.


 


Mi personaje -a quien no identifico por discreción, bien que tengo para él solamente elogios y parabienes- me ha dicho: “¡Qué mundo el nuestro! Se publican incesantemente libros, pero ¿quién los lee? A decir verdad ¿vale la pena leerlos? La llamada nueva poesía no pasa de ser una lata imponente. La filosofía está en la última. La gente va a lo suyo, y lo suyo no es lo nuestro. ¿Por qué permiten que los automóviles circulen por las calzadas? Como uno se descuide al cruzar la calle, acaba por quedar hecho papilla bajo las ruedas de cualquier frenético propietario de vehículo. Hay en la actualidad muy distintos regímenes de gobierno y muy variadas especies de gobernación; unos son avanzados y otros reaccionarios, los hay que administran la cosa pública con parquedad y otros que roban con frenesí, pero ¿te has fijado que todos proclaman que sus objetivos prioritarios son la paz y la creación de empleo? Mientras tanto, en el globo siguen las matanzas, los despojos y los traslados en masa de los seres humanos. El desempleo y las condiciones de trabajo no cesan de empeorar. Y en todas partes cuecen idénticas habas. El aire se hace irrespirable. Los amigos ya no hacen tertulias; o está muy ocupados, o dicen que lo están, o ya no hay humor para departir amigablemente. Los jóvenes están imposibles. Sin embargo, compara su clara franqueza con la turbia deshonestidad de tantos jóvenes del pasado: la honestidad no se mide por la presencia de ropa, sino por la ausencia de pensamientos y deseos tortuosos. Si los jóvenes tienen algún defecto es el creer que son siempre los primeros en hacer lo que hacen o decir lo que dicen. No obstante, hay que reconocer que bastantes de las buenas cosas de hoy se anticiparon ayer, porque, al fin y a la postre, ayer era mejor que anteayer, y peor que hoy, etc.”


 


Así a mi amigo, no le falta razón, ¿cómo le va a faltar? ¿Y quién puede molestarse porque se exprese la esperanza de que mañana sea algo mejor que hoy? Se puede admitir lo que mi amigo dice sin ceder un ápice en la actitud crítica con respecto al hoy, y hasta alegar que esta actitud crítica, cruda y candorosa al mismo tiempo, es una de las buenas cosas de hoy, que conviene conservar y aumentar para mañana. Tampoco está mal la idea de que, contra todas las apariencias, es muy posible que cualquier tiempo pasado fuera peor. Y es que, como dijo el poeta: “Las horas cuando se cuentan / es porque ya están perdidas”.


 


Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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Saturday 24/February/2007 08:05

EL MITO DE AZAÑA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



MANUELAZAÑA


 


 


“Seamos dignos de nuestra historia”.


Manuel Azaña.


 



EL MITO Y LA UTOPÍA DE AZAÑA


 


Pocos hombres públicos en la historia política de cualquier país han sido tan zaheridos y vituperados como Manuel Azaña en el nuestro. Si tuviésemos que juzgarle por las inculpaciones que algunos le han hecho, como obedeciendo a una consigna, tendríamos que pensar que todos los males y errores de nuestro país, tienen un único responsable.


 


Pero Manuel Azaña nació a la gobernación pública el 14 de abril de 1931, como ministro de la guerra. Meses después pasa a la presidencia del Consejo de Ministros, hasta septiembre de 1933. Aunque hubiese sido Atila ¿se concibe que en tan poco tiempo hubiera consumado los desastres que se le atribuyen a él solo? Nadie lo piensa ni puede pensarlo ¿Por qué entonces esta aversión reiterada, este encono exacerbadoy esa persecución incesante? ¿En qué zonas del espíritu humano se esconde tanto odio o fingido desdén contra un hombre, que si de algo pecó, si eso es pecar, fue de excesivo candor, es decir de extremada pureza de intenciones?


 


En efecto, Azaña es un mito demoníaco. Sólo en un pueblo donde una parte de su conciencia social ha sido tan deformada por veinte siglos de supercherías, se concibe que el terror y, al mismo tiempo, la furia de las clases derrocadas por el 14 de abril de1931 hayan hecho de este hombre un símbolo demoníaco, el brazo destructor de sus privilegios. Hecho curioso, el político en quien se incorporaba esa perversidad diabólica no era un Francisco Largo Caballero u otro socialista cualquiera, sino Manuel Azaña, un republicano liberal, un partidario del régimen de la propiedad privada, un exponente de los intereses de la pequeña burguesía.


 


Y sólo en un país de la tradición inquisitoria que tiene España, donde a los poseídos del demonio se les salvaba quemándolos en la hoguera, se comprende que las clases privilegiadas hayan perseguido a Azaña con el encono que han venido haciéndolo, hasta encarcelarle por los sucesos de octubre de 1934.


 


Esta campaña persecutoria contra un hombre elevado a mito demoníaco por las clases privilegiadas ha producido esta reacción afectiva que se manifiesta en los mítines, esta adhesión sentimental de las masas populares por el perseguido. Por una ley de compensaciones, el mito demoníaco de los unos se transforma en ídolo para los otros.


 


Leyendo sus discursos y pudiendo estar o no de acuerdo con todas las ideas del orador, en un punto nos cautiva por completo: en la sugestión estética de su lenguaje. Azaña es un orador que habla como si estuviera escribiendo. No han existido muchos políticos capaces de reunir espontáneamente a casi medio millón de personas para oírle. Con ser un orador de primer orden, no hay que pensar que lo que atraía a esos cientos de miles de oyentes es el hechizo de su elocuencia, generalmente demasiado desnuda y literaria; ni lo que solía prometer, que en eso Azaña es más avaro que pródigo; ni siquiera su ideología liberal, que nunca contó con tantos seguidores.


 


Para Azaña el estado no es un montón de blanda arcilla que se puede modelar a capricho, ni un botín, ni un escenario, ni un cortijo para amigos y compadres. “Se sirve al estado –dice Azaña- sin derechos o recompensas alguna, sin más satisfacción que la interior de haber cumplido con el deber”. Y además añade: “La mayor desdicha de un gobernante o de un hombre público que quiere hacer algo útil en su país son sus amigos”,


 


Azaña sólo promete abnegaciones, sacrificios y el placer de trabajar oscuramente. Un hombre así, apela nada más que a la conciencia del deber en servicio de una idea o un sueño nacional, sin otros medios materiales que la voluntad y la pasión de la justicia, como don Quijote, pero más desvalido aún que él, “yo ni siquiera tengo celada de cartón ni caballo; pero ésa es nuestra locura, ésa nuestra vocación y ése es nuestro propósito”:


 


La mayoría de los que acudían en grandes masas a los mítines de Azaña, mito demoníaco creado por el rencor y la impotencia de algunos, no ven en él, sino la negación y la protesta contra todo lo que pululaba en este país nuestro y de la picaresca: la austeridad frente a la corrupción; la inteligencia cultivada, frente al cretinismo indocto y a la petulancia audaz; la entereza de carácter, frente a la doblezy la infidencia; el espíritu público, frente a la rebatiña secreta; pero sobre todo eso ven al hombre cuya misión es realizar, al menos en parte, la transformación social de nuestro país. “Dentro de la Constitución hemos de movernos todos; pero el ambiente moral y la capacidad de soñar y el empuje resolutivo de las cuestiones pendientes en España ¡ah!, eso no tiene horizontes ni límites, ni se le puede poner barreras”.


 


Esa fue, su noble y bella utopía. Azaña soñaba con realizar poco a poco la transformación de nuestro país por medio de la Constitución. No hay esperanza sin sueño; ni sueños sin esperanza. El esperaba que la sociedad española fuese cada día más moderna y ese fue el motivo capital para que fuera aborrecido por los sectores autoritarios, rígidos y estereotípicamente antiguos. Y como dijo el poeta: “Historia / es hacer memoria”.


 


Francisco Arias Solis
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La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

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Friday 23/February/2007 23:14

LUIS DE GONGORA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



LUIS DE GONGORA


(1561-1627).


 


 


“¡Oh excelso muro, oh torres coronadas


de honor, de majestad, de gallardía !


¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,


de arenas nobles, ya que no doradas!”


Luis de Góngora.


 


LA VOZ ANDALUZA DE PALABRAS VIBRANTES.


 


Cuando el poeta escribe su soneto A Córdoba, se encuentra lejos de su ciudad lejana y amada. “Nunca merezcan mis ausentes ojos”, nos dice Góngora, mientras evoca con los ojos del espíritu sus callejuelas estrechas y silenciosas, en las que nuestros pasos hacen que el silencio sea sonoro. ¿No vio Góngora desde estas calles cordobesas, hace cuatro siglos, este mismo paisaje que seguimos contemplando? El poeta cordobés puso en este soneto a su ciudad su sentido amor, con un fondo de una melancolía, que sentimos al recrearnos en su lectura.


 


“Todos los andaluces somos gongorinos de nacimiento -escribe Rafael Alberti- el más gongorino de los poetas de la generación del 27-, por carta de naturaleza; como se dice. Don Luis de Góngora, al abrir los ojos a este mundo, en la ciudad de Córdoba, ya lo era y, naturalmente, el mejor y más gongorino de todos, pues iba a ser con su apellido el bautizador, no diré de una escuela, sino de una manera de ver y, por lo tanto, de sentir”.


 


Luis de Góngora y Argote nace en Córdoba el 11 de julio de 1561, en el seno de una familia acomodada. Clérigo desde los catorce años y tras sus estudios en Salamanca, es nombrado racionero en la Catedral de Córdoba. En 1617 se ordenó sacerdote para poder ser nombrado capellán en la corte madrileña, donde sostuvo polémicas personales y literarias con Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Cargado de deudas y gravemente enfermo regresa a su Córdoba en 1626, donde fallece el 29 de mayo de 1927.


 


La dualidad -y aun la contradicción - que marca su talante vital tendrá un reflejo en su actividad poética. La mirada fustigadora y crítica, cuando no únicamente burlona, se combina con la del poeta de más altos vuelos imaginativos e idealizadores que rara vez ha conocido la literatura mundial. Esos dos mundos se orillan respectivamente en las llamadas composiciones nuevas (en especial letrillas y romances satíricos y burlescos) y en las mayores (es decir, los poemas extensos). El arte gongorino llega a su cima en los dos poemas mayores la Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades. En estos grandes poemas se lleva a un extremo la tradición cultista que empezó con Garcilaso, complicándose ahora profundamente con una agudeza conceptista de suma dificultad. “A Góngora -decía Federico García Lorca- no hay que leerlo, sino estudiarlo”. La sustancia de esta poesía es un paisaje virgiliano y ovidiano cada vez más ricamente variado; el juego de las metáforas evoca detalles coloristas de la materia física, y se combina con la musicalidad de raras palabras hábilmente combinadas y con alusiones difíciles de resolver. Todo se dispone para darnos a entender una visión muy particular de la realidad. “Mientras que todos piden pan -nos vuelve a decir Federico- él pide la piedra preciosa de cada día. Sin sentido de la realidad real, pero dueño absoluto de la realidad poética”. El redescubrimiento de este mundo gongorino fue la hazaña cultural de los poetas de 1927.


 


Y otro gran poeta andaluz de esa generación, Luis Cernuda, nos dijo: “Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido; / gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado; / gracias demos a Dios, que supo devolverle (como hará con nosotros), / nulo al fin, ya tranquilo, entre su nada”.


 


Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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Friday 23/February/2007 23:12

EL HORIZONTE DE LA POLITICA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS



EL HORIZONTE DE LA POLITICA


 


 


“Sus cantares por el aire


hasta el cielo van a dar;


la muerte se va viniendo


según la vida se va.”


Miguel de Unamuno.


 


LA INFLUENCIA POSITIVA DE LA POLITICA ES MUY LIMITADA


 


Hay una gran preocupación por el estado de la política en España. Salvo sus más directos beneficiarios, poco dudan de que sus derroteros son inquietantes. Pero mi preocupación -que es grande- va más allá, o más abajo. La política es sumamente importante, sobre todo negativamente, porque puede perturbar casi todas las dimensiones de la vida, y si llega a su extremo puede conseguir que se parezca demasiado al infierno. Casi dos tercios del mundo , y temo quedarme corto, lo prueban. La influencia positiva de la política es mucho más limitada: consiste principalmente en dejarnos vivir, en permitirnos buscar la parcela de felicidad que en cada caso sea posible.


 


El deterioro de la vida española que me preocupa no es, pues, solo político, sino que afecta a la sociedad misma, a un estrato mucho más profundo que aquel en que la política opera. Más aún: la posibilidad que la política tiene de causar grandes perturbaciones depende del estado de la sociedad, de su concordia, elasticidad, solidez de creencias, claridad de ideas. Una sociedad plenamente en forma se defiende de los asaltos de la política, obliga a esta a mantenerse en su lugar, le impide extravasarse, reconoce el poder y lo sostiene, pero rechaza toda prepotencia.


 


Se está intensificando hechos que parecen de escasa importancia, que a pocos inquietan, pero que me parecen síntomas de un deterioro de una sociedad que por lo demás sigue siendo sana y vivaz. Afectan sobre todo a aquella zonas de la vida nacional lindantes con la política, es decir, que por su carácter institucional pertenecen a la esfera de la vida pública.


 


Los procedimientos de selección de jurados y de obras para la concesión de premios son sumamente cuestionables, lo cual tiene la consecuencia de que los premios pierden su prestigio; el malestar que existe en torno a nombramientos o elecciones o instituciones culturales revela, no solo la propensión a dejarse manipular, sino algo mucho más grave: la ausencia de criterios claros respecto al valor real de personas y obras, la falta de vigencia de un sistema estimativo responsable y que se imponga a los caprichos, los intereses particulares o los que antes se llamaban “respetos humanos”.


 


En definitiva, la verdadera y sincera estimación queda suplantada por otras consideraciones, y ello introduce un elemento de inautenticidad que me parece peligroso. Cada vez hay más personas que actúan, no de acuerdo con sus íntimas preferencias, con sus valoraciones, sino a pesar de ellas, con arreglo a una escala que les fijan desde fuera, casi siempre con habilidad y destreza, con un complejo sistema de elogios, irrisiones, silencios, con la táctica de “dar por supuesto” que algo es así, aunque un examen real de cinco minutos muestre que en modo alguno es así.


 


¿Cuáles son las consecuencias de este deterioro que insidiosamente está minando la vitalidad y la salud de la sociedad española? Empieza a provocar una retracción, un repliegue hacia la vida estrictamente privada de los más sinceros y responsables; lo cual significa que el escenario público de la vida nacional queda despejado, y va siendo ocupado progresivamente por los demás. Adviértase que un país hay de todo -”de todo en todo”-, y acaso en proporciones no muy variables; lo decisivo es dónde están unos y otros; si están donde es debido, la sociedad marcha bien; si se alteran o se invierten las estructuras adecuadas, el daño es inmenso, y puede ser irreparable.


 


La impunidad social es lo más desmoralizador. Si se llega a la convicción de que se puede hacer o decir cualquier cosa, y que no tendrá sanción, se puede temer lo peor. Una sociedad con resortes ejerce una corrección automática sobre cualquier desmán, del tipo que sea, a veces mediante algo tan sencillo como la administración del saludo o de las expresiones de estimación personal: los efectos son fantásticos.


 


Y ese deterioro es progresivo: ese es su mayor riesgo. Quiero decir que cuando se alcanza un nivel, se prepara el descenso a otro aún más bajo -y todo saben que subir es más difícil y penoso que bajar-. Eso que se llama “la España oficial” -y que no se reduce en modo alguno al gobierno y sus instituciones-, tanto tiempo distante de la España real -cuando no vuelta de espaldas a ella-, se había ido aproximando con maravillosa celeridad a esta última, y esto me llenaba de esperanza. Pero se ha iniciado un despegue -teñido de despego- que es mucho más grave que las vicisitudes de la política en sentido estricto, porque afecta a sus supuestos, a su sustrato social, a las fuentes mismas de la vitalidad nacional


 


Y a última hora esto revierte sobre la política. Me asombran las especulaciones que se leen y se oyen sobre el futuro inmediato de España. Pero sería un error intentar buscar un remedio político a todo ello: hay que buscar en los estratos donde se origina, y desde allí remontarse a las superficie. Si los españoles empiezan a no pasar por movimiento mal hecho, si dan su estimación a quien realmente opinen que la merece, si no aceptan pasivamente todo lo que se le imponga con gesto de autoridad, este país volverá muy pronto a ser dueño de sí mismo, a interrumpir su incipiente enajenación; y de paso despejará el horizonte de su política. Y como dijo el poeta: “Mientras dura este vivir, / ¿por qué tener más deseos / que los que se han de cumplir?”


 


 


Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.



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