¨Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas;Porque ha inclinado a mí su oído;Por tanto, le invocaré en todos mis días.Me rodearon ligaduras de muerte,Me encontraron las angustias del Seol;Angustia y dolor había yo hallado.Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo:Oh Jehová, libra ahora mi alma.¨ Salmo 116:1-4. Todos los días estamos en peligro de morir. Ya sea por alguna enfermedad, por algún asalto que suframos, o por secuestro, por un ataque al corazón, etc. Indudablemente que Dios sabe cuando y de que forma vamos a fallecer. El rige nuestras vidas, sobre todo las de todos los que le obedecen. Todos los días agradecemos a Dios por la vida que nos dá, por su protección al librarnos de la muerte. Es cierto que la presencia de Dios está en todas partes. Es cierto que le podemos dar nuestras sincera gratitud en nuestro hogar, postrados de rodillas; o estando en lo alto de una montaña, levantando nuestros ojos al cielo; en la orilla del mar viendo al horizonte ; o en un lugar apartado, llorando de gratitud; en todas partes Él inclina su oído y escucha nuestra voz y súplicas. Pero, que hermoso también que vayamos al templo, a la casa de Dios, en éste domingo, día del Señor, para darle la honra y la gloria, para alabarle y darle nuestra gratitud por protegernos de todo peligro. ¨Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios.¨ Salmo 96:8.ORACION: Señor, gracias por librarme del peligro y de la muerte. En Jesús, amén.