Fue un verdadero fiasco, un fiasco predecible, previsible, anunciado... Lo que llamó mi atención fue la resolución tan rápida: se jugaban 2 minutos, -y el Barcelona había marcado al minuto y medio-, cuando el desangelado locutor de inconfundible acento centroamericano dijo: va ser larga, eterna la tarde para el Osasuna... Y lo fue también para los televidentes.
A los 25 minutos el partido estaba 3 a 0 y lo único que me sostenía frente a la pantalla era la promesa de una buena goleada -no sé, que extraño encanto tienen esos partidos que se descosen de manera asimétrica y terminan 7 a 1 o 13 a 0-. Pero el local levantó el pie y el segundo tiempo sobro.
El domingo aparecieron los siete partidos que restaban de la segunda fecha de la liga y elegí ver el del Getafe y fue otro bodrio, aunque al menos tuve para celebrar el arco invicto del Pato y la punta de este humilde equipo de Madrid... En fin.
Por suerte, y a pesar de todos sus problemas y sus violencias y sus escándalos existe el pasional fútbol argentino que si no creo que me engancharía definitivamente con otras cosas...
Espero que la tercera sea mejor.