No hay nada de desenfado, los que tienen que perder pierden, y así van quedando sólo las grandes potencias. Me pregunto que resortes de la psicología explican esas actitudes de obediencia y acatamiento a lo que parece un destino inexorable.
Entonces se van los suecos, los mexicanos, hoy los ecuatorianos, cumpliendo, y sólo en el mejor de los casos -como puede ser el de los mexicanos-, apenas con inquietar, casi sin forzar al sistema que les ha fijado que llegan hasta ahí nomás... y con la lógica imperando sin desobedientes el fútbol se queda sin fútbol, sólo negocio sin sorpresas, sólo negocio absolutamente previsible, y aburrido.