El arquero Rogerio, muy suelto de cuerpo -de hecho la línea de gol no pareció sujetarlo a la legalidad deportiva- terminó atajando el penal de Alayes casi fuera del área chica; y los árbitros -Chandía y compañía- no castigaron ese burdo abuso con una nueva ejecución del penal.
UN ROBO... Y ASÍ TERMINÓ GANANDO SAN PABLO