Habían transcurrido varias horas, desconocía con precisión cuantas… Tres, cuatro, quizás cinco… Pero habían ido sucediéndose las horas en aquel envejecido vehículo… Acaricio la pulverulenta luna, ansiando escrutar si se vislumbraban ya los verduscos alcores, las verdosas faldas estampadas, pintadas en una explosión de colores, los alfombrados valles perfumados de jazmín y gardenias, meciéndose con la suave brisa de poniente… Aun nos hallábamos lejos pero ya se había desvanecido el reflejo ceniza y escarlata… Un glauco débil y tímido comenzaba a despuntar entre piedras, cantos y arenisca… Una brisa húmeda y salina presagiaba a su vez la cercanía del mar... Exhausta, vencida por la inquietud y el extenuante viaje, logro adormecerme, acunada por el zarandeo jadeante y monótono al que ya me había acostumbrado, arrullada por el mortecino rumor ahogado del motor…
Una sacudida brusca me saca sobresaltada de mi letargo… El automóvil se había detenido en estruendoso temblor… Ya había anochecido del todo pero la pequeña farola de la plazoleta, con su ambarina luz, atestiguaba que ya habíamos arribado… De súbito, un cúmulo de recuerdos se agolpan, confusos, en una turbulenta vorágine de sentimientos, indescriptible y contradictoria… Una sensación sombría se derrama dentro de mí, oprimiéndome, asfixiándome hasta paralizarme… Creía superados, adormecidos por lo menos, algunos de esos recuerdos… Y allí permanecía, inmóvil, sentada en el andrajoso asiento trasero de un vehículo extraño… Corroída por una lúgubre ansiedad… Ensordecedoras palpitaciones irrumpiendo en la silente oscuridad de la noche… Sólo el iracundo bramido del conductor y su fuerte y ruda mano sobre mi hombro en feroz zarandeo, logran arrancarme de mi ensimismamiento… Aun aturdida, en enajenado azoramiento, desciendo de aquel vehículo que tan huraño se había mostrado y aferrándome con inusitada fuerza a mi equipaje, enfilo hacia mi vetusta y olvidada nueva morada… Con las manos temblorosas, rebusco las mohosas llaves en aquel bolso raído de tantas batallas… Con un estrépito chirriante y estridente por la herrumbre forjada a través de los años, abro la cerradura, despacio…