Con apenas un instante que conceder a este imprevisto nuevo cobijo de emociones desamparadas, descubro la importancia, la significación que poco a poco va teniendo en mi vida… Comienzo de un divertido entretenimiento transmutado en necesidad, obligación obsesiva e imperiosa… Cómplice leal de mis palabras y mis silencios, íntimo consejero… Cuan diván brindando alivio y consuelo en arrojo de mis confidencias y lamentos, anhelos y desvelos, emociones reprimidas en la amargura y la aflicción, en el pudor y el recogimiento… Emociones embargadas, inundadas de lágrimas que nunca llegaron a brotar, de palabras que nunca llegaron a vencer el precipicio para ser pronunciadas… Bálsamo aplacador de extraviadas inquietudes desconcertadas… Donde derramo nostalgia y turbación y cosecho olvido y distracción…
Coloreado, garabateado de pinceladas ficticias o reales, quien sabe, mas siempre irrevocablemente impregnadas con la huella indeleble del fascinante universo del subconsciente que cada uno llevamos dentro en el que nos atrincheramos a veces y huimos otras…
La vida recupera su latido… La ciudad vuelve a su carrera, sus quehaceres… Se van unas peregrinaciones, vuelven otras… Termina una travesía, comienza otra…
La vida es en realidad un continuo viaje, un continuo peregrinaje… Una sucesión de estaciones forzosas o voluntarias, implacables o clementes, vamos surcando, salvando inexorablemente… En algunas nos descendemos para proseguir distinta ruta, otras las dejamos atrás, sin detenernos… Caminos equivocados a veces, abandonados, despreciados o rehuidos otras… Ora a la cima del éxito y la victoria, aplauso y laureles, ora al abismo, la sima del fracaso e infortunio, abucheo y olvido…
Entrecruzados, enredados caminos extraviados en las profundidades de la nada… Superación, o dejadez, incuria al acecho, apresurando o aquietando, entorpeciendo nuestra marcha…
Caminantes nos acompañarán en todo nuestro peregrinaje, otros nos irán abandonando para continuar su propia ruta terrenal o celestial… Peregrinos con los que sólo cruzaremos una fugaz mirada, desconocidos aunque compañeros de viaje…
Caminos que aun sin rumbo, aun en espiral sinuosa siempre esconden una gran enseñanza que impartirnos…
Cuan los sueños dentro de los sueños, son las vacaciones viajes dentro del gran viaje de la vida… Hoy casi todos retornamos a nuestro viaje primigenio, para perseverar esculpiendo la senda de nuestro destino… Algunos más entristecidos otros más complacidos, algunos más cansados, otros menos pero todos anhelando ya nuestra próxima huida… Al fin y al cabo, eso es la vida, un sueño y anhelo eterno, perpetuo…
Vacaciones… La santa semana… Este año llegaba con anticipación, precipitación… Quizás así aparentaba más corto el año, si es que deseaba sentir todavía más fugaz, efímero el inexorable paso del tiempo…
En estas reflexiones reparo en lo contradictorios, en lo ininteligibles y paradójicos que resultamos ser los seres humanos… Siempre anhelante de vacaciones, mas disgustada ante la semana santa… Persistentemente anhelando el veloz advenimiento del verano mas deseaba con vehemencia un lento discurrir del tiempo…
Curiosa entelequia la vida… Se sucedían en mi existencia, con un compás cíclico y cadencioso, temporadas, períodos eternos, infinitos, sin fin, devorados por un tedioso hastío y cansancio indolente, con fases que transcurrían raudas, veloces, cuan tormenta de una noche de verano… Y es que casi ninguna vez, el transcurso del tiempo objetivo, inapelable, infalible, imposible de interrumpir, se acomoda con nuestro propio transcurso del tiempo subjetivo e intimista, con el que jugamos a nuestro antojo, ya forzando su marcha, ya deteniéndolo lánguidamente…
Estos días intentaré que los dos se estrechen fraternalmente la mano… Procuraré que no corra tan vertiginoso que cuando quiera disfrutar de él ya se haya desvanecido… Ni tan pausado que me arroje a las llamas de un vertiginoso vacío existencial, abrumado y desilusionado…
La semana santa siempre había estado ligada para mí a alicaídas sensaciones… Quizás por su proximidad con la astenia primaveral… Quizás por ese especial silencio, soledad de una ciudad que se queda vacía y apagada, triste, desposeída de sus bulliciosos ciudadanos y su febril actividad diaria… Pero en esta ocasión emprenderé una huida de todas esas lúgubres impresiones y disfrutaré en ese equilibrio difícil de las fuerzas del tiempo…
Hoy es uno de esos días en que parece que todos los astros se confabulan con fuerza irresistible para jugar con las cartas de nuestro destino en hechizo perverso, en la otra orilla de nuestro sino…
Lunes, nublado, noche insomne… Hoy había sido una de esas resacosas mañanas de noches desveladas, tendida en mi lecho, convertido en refugio de nostálgicos recuerdos, de ilusiones descerrajadas por las travesuras de una tiránica realidad caprichosa y endiablada… Embriagada en la eternidad de la noche de quiméricos suspiros que coléricos, cuan poseídos, desgarran el aire en fúnebre tañido, en desafío a la misma parca… Ella con su danza macabra, los lamentos con su tenebroso, sepulcral rumor… En mi desvelo, la madrugada se torna inmortal, embebecida noche de los tiempos…
En cada segundo eterno una nueva inquietud me acecha agazapada… Cada vuelta esconde un encuentro con los espectros de nuestra conciencia, con un sobrecogimiento helado…
Lo mejor de noches como estas, la certeza de que vendrá un naciente amanecer presuroso en desvanecer con la luz de su aurora todas las tinieblas que nos atormentan… Con júbilo la vemos asomarse, nos recreamos en sus caricias, nos mecemos en su aureola sonrosada… El día será largo y difícil, los delirios de una noche tremebunda y tormentosa, sofocados…
Un poco cansada… Agotamiento físico o anímico, espiritual… Incapaz de discernir… A veces creo que es la propia existencia costumbrista y reiterativa, monotonía inercial… Para algunos compás armonioso, para mí estridente y demoledor…
Hoy había quedado en un café cerca del mar, ese que tan bravo se había comportado esta semana… Alicaída, deseo anticiparme, adelantarme a la hora acordada… Hay caminos que sólo acogen como compañía la soledad de uno mismo… Desde siempre el mar había sobrellevado, caballeroso, actuar como mi más reservado confidente, con mi complaciente aquiescencia… A él revelaba alegrías y penas… Siempre escuchaba respetuoso, arrullando mis silentes palabras, mis silentes emociones… Me acogía en su regazo de espuma ya con el impetuoso aliento salado de un día embravecido, ya con la dulce suavidad acuosa de su serena placidez azulada…
Cuantas promesas y juramentos me habías arrancado, cuantos pactos y compromisos sellamos entre arena y salitre… Arrastrando mis inquietudes con tu blanquecina resaca, retornaban purificadas a la orilla, donde languidecías exhausto de tan larga travesía…
Hoy volvíamos a estar frente a frente… Yo contemplativa, tú restableciéndote, serenándote tras la tempestad…
Velando tu oleaje, la vida se me asemeja a una ola… A veces pequeñas y suaves, otras atroces y fieras… A veces acomodados en su cresta, otras porfiando denodadamente por subirnos a ella, otras arrastrados sin compasión… Y siempre, siempre, anhelando por la ola buena, con la que surcar todos los mares…
Un papel traspapelado… Ya faltaba poco para la salida… No abrigaba demasiadas ambiciones… Aquella hoja plegada interpretaba ahora mi máximo amparo, mis mayores ilusiones… Carcomida por la apatía y desinterés desde que había sucumbido a aquella turbulenta vorágine de sensaciones indescriptible y contradictoria… Vencida por la rutina de las decepciones…
Prosigo la búsqueda del papel entre aquel haz de documentos caóticos y desordenados… Observo mi respiración entrecortada, jadeante; mis manos temblorosas revolviendo, ahondando torpes… Nublada la visión… Delirios en la ansiedad de la busca… Siluetas fantasmagóricas asediando, profanando mis anotaciones, revelaciones… Despojadas las entrañas, con el alma desgarrada, aturdida por una indómita desnudez, cual desposeída de los más valiosos ropajes, violada en su intimidad…
Ardía por hallar aquellas palabras escritas, arrancadas de los vientos de mi memoria y mi conciencia, de los vientos de mis pensamientos e impresiones agitados y desasosegados… Palabras veladoras de mis silencios, mis secretos y desventuras, mis más íntimas inquietudes…
Con el tiempo vencido, acierto a ver una pequeña hoja garabateada con unos signos apenas perceptibles… Segundo de éxtasis delirante, lo aprehendo delicadamente, acariciándolo con ternura lo recuesto con suavidad y complacencia entre las hojas desgastadas de un viejo libro de biblioteca, como quien recupera una parte de sí mismo o el más preciado tesoro…
Nublado… No es el mejor comienzo para un lunes… Aunque hoy el día no tenía sabor a lunes… Una cierta satisfacción, cierto bienestar me había despertado, transmutando mi matutina abulia acostumbrada en inusitado dinamismo, presteza… Desde ayer había dispuesto que hoy volvería a aventurarme en esa excelsa y sorprendente antesala de embarque, tránsito entre el alto, la pausa, la quietud y la marcha, la partida, el traslado… Lugar que infunde las vivencias más existenciales… Me gustaba comenzar el día entre tales divagaciones filosóficas…
Quizás no era el día más adecuado… O era el más adecuado de todos… Después de un periplo electoral… Fuera como fuera, hacia allí van mis pasos, decididos, al reencuentro de conversaciones extraviadas, desatendidas, de miradas perdidas, abandonadas, cuerpos impacientes… Héroes del asfalto y la monotonía… Los contemplo detenidamente, como quien contempla un amanecer… En realidad somos el amanecer urbano…
En mi recuerdo estaban aquellas confidencias sobre la felicidad dejadas a medias… Por más que inquiero con la vista, no encuentro a aquellas dos intérpretes de tan magnas reflexiones… Quizás hoy están en otro amanecer o decidieron ir en busca de la felicidad… Que es la felicidad en realidad… Paraíso perdido, paraíso por llegar… La realidad nuestra de cada día, la que está por venir… Está en los sueños, en la esperanza, en la riqueza… Quien sabe… Yo creo que está en los pequeños detalles, en las pequeñas pinceladas de cada día… Y que nos la perdemos al buscarla en grandes cosas… Quizás si comprendiésemos que la felicidad es mucho más factible, practicable de lo que pensamos, si la desprendiésemos de la aureola con la que la mitificamos, percibiríamos la felicidad como un edén terrenal… La descubriríamos en cada saludo, cada gesto, cada palabra… Como decía la canción: “En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo, ni los árboles nunca podrán ocultar el camino de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino…” “Piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo que colorear…” Quizás sea eso la felicidad, un lienzo que colorear…
Por momentos me abruma la celeridad quizás precipitación con la que se va deslizando el tiempo en mi vida… Paradójico en una existencia vulgar y monótona… Una nueva semana se va… Hace unos minutos aun estaba desperezándome en un lunes perezoso y apático, soñoliento y cuan transportada me encontraba ya en los albores de un nuevo fin de semana… Me incorporo despacio, con torpeza doy unos pasos… Poco a poco recobrando la conciencia… Cada mañana me cuesta más volver a la realidad…Mis pensamientos se resisten a renegar de su universo onírico, se resisten a renunciar a su cosmos romántico y fantasioso…
Paulatinamente recordando que este fin de semana no será un fin de semana más… No sé si mejor o peor, distinto seguro… Acariciando la taza de desayuno reparo en las notables semblanzas, entre este domingo que iba a vivir y algún otro de un tiempo pasado… Parece que en la vida vamos tejiendo idéntica órbita, pintando en un solo vuelo, explorándolo una y otra vez… Con estas reminiscencias del pasado, siento como una sensación sombría se derrama dentro de mí, oprimiéndome, asfixiándome hasta paralizarme como hace mucho no lo hacía… Creía olvidada, adormecida por lo menos esa melancolía… Creía superados esos recuerdos… Cuan rauda arroja los recuerdos la memoria… Aquella travesía también había comenzado un domingo… A horas intempestivas… De final incierto… Esta etapa de ahora sería más breve, menos intensa y no dejaría tanta huella en el alma… Mas yo no podía dejar de vislumbrarlos perversamente semejantes… A veces resulta difícil comprender los engranajes profundos, recónditos y subjetivos de la mente…
Con estas cavilaciones y ese vacío helado que deambulaba en mí, cierro la puerta de mi morada, enfilando una nueva jornada… Esperando al domingo en que tendré que cumplir con mi compromiso ciudadano…
Llamo al ascensor… Vacío… Un suspiro de alivio… En los ascensores las palabras parecen desvanecerse… Miradas incómodas… Invadido nuestro espacio vital… Vulnerables…
Aún sin deliberar la disyuntiva de cada día… La primera bocanada de viento gélido me conduce instintivamente a la parada del autobús… Deliberación concluida… Nada que ver con la brisa suave y apacible de los últimos días… En prodigiosa mimesis también un escalofrío, un ligero estremecimiento me había cortejado aun no bien despierta… Quizás rememoración de páginas pasadas… Escruto la parada desde lejos… Hervía con muchedumbre en algarada, arribando continuamente nuevos personajes, allí parados, detenidos, cualquiera diría que ociosos, desocupados...
Desde mi perspectiva parecían figurantes, bultos valleinclanescos, hijos del esperpento, séquito grotesco…Sus cuerpos se deformaban en sombras siniestras, gigantes quijotescos… Sus gestos se tornaban más grandilocuentes… Siluetas fantasmagóricas desvaneciéndose conforme me aproximaba para regocijarme con ellos de esa alegoría esperpéntica…
Hay días como hoy en que ficción y realidad parece confundirse en una entelequia única… Hay días que allá donde los demás ven vulgaridad y tedio, yo aprecio una exquisita lírica, bucólica y delicada… Un lugar inhóspito y frío como la parada de autobús destila hoy el más delicioso de los lirismos, conmovedor de las más bondadosas pasiones… Observo a la gente que presurosa va abordando la parada, a la que impaciente espera la llegada del próximo autobús como quien espera el próximo billete de su sino… Escucho sus conversaciones… Algunas fugaces y fatuas… Otras tan trascendentes y profundas que me hacen estremecer de nuevo… Dos señoras, mediana edad, apariencia distinguida sostienen un fascinante debate sobre la felicidad… Sus voces son un leve susurro entre el bullicio pero lúcidas e inconfundibles… Las dos parecían un poco doblegadas por el destino, viva imagen de un fatalismo inexorable… Cuando más gozosa era su conversación, un súbito y apresurado adiós la interrumpió sin piedad… Llegaba el autobús en el que una de las mujeres debía de partir… La otra permaneció ahí, impasible, como si nada hubiese sucedido… Hubiese querido permanecer allí pero debía partir también… Subiendo las escaleras de aquel atestado autobústenía la sensación de haber sido testigo y partícipe de una de las más meritorias escenas de la excelsa Luces de Bohemia… Mañana regresaría… Quien sabe si aquella conversación inconclusa mañana continuaría… Quien sabe si un nuevo Valle-Inclán había resucitado…
Una cierta luz crepuscular destellaba en la lejanía, donde océano y firmamento aparentaban fundirse en fraternal abrazo… El lucero del alba comenzaba a resplandecer jactancioso… Las callen bullen con un tumultuoso trajín, con un alboroto revoltoso, tan desordenado como inusitado… Desconcertada, sin rumbo fijo, acabo siendo impelida, engullida por esa caterva humana… A la deriva… Había salido unos minutos antes, lapso bastante para ser cómplice de tan febril convulsión…
Resuelvo adelantar alguna compra… Siempre tediosa labor la de mercadear… Enardecedora de las más sublimes reflexiones filosóficas, existenciales… En realidad, siempre consideré el consumo como el más digno ejercicio filosófico, como la más digna inclinación metafísica… Hordas ardientes de dispendio, desenfreno lascivo, espíritu maligno que con perversidad maquiavélica va poseyendo espíritus inertes… Quizás enjambres de personajes ignorados en conclusión sartriana… Quizás ya no vendemos el alma al diablo, compramos el diablo mismo… Quizás el diablo se viste de Prada… Qui lo sa…
Por hoy, entre tanta disquisición filosófica, regresaré a mi hogar, más cansada, más madura (bello eufemismo de vieja), más arruinada pero “venturosa” y “ufana” con mi botín. Al fin y al cabo, ya lo decía un sabio, las dos fuerzas que mueven al mundo, el sexo y el dinero son…
Las once… Domingo… Para qué madrugar… Con cierta desgana apuro los últimos sorbos de café recién hecho… Siempre seduciéndome más su aroma que su sabor, pocas veces me puedo deleitar con su fragancia… Hoy quise complacer a mis sentidos…
Más tarde saldría… Había decidido rescatar rincones y momentos latentes, ocultos en los subterfugios de la memoria… Volvería tras esos recuerdos de infancia… No siempre felices, sí sencillos y cándidos, alejados de aprensiones y cavilaciones, despreocupados…Sin venerar la infancia, a veces añoro esa sabiduría, ese talento de los albores de la vida para asombrarnos, sorprendernos… A veces añoraría no ser niño, sino la mirada de niño… Contemplar el mar con ojos de niño, los jardines, las colinas, las cumbres de la vida… Quizás entonces reverdecerían… Quizás las alegrías y las penas tendrían otra profundidad...
Con mi percepción treintañera sigo hostigándome, escudriñándolo todo, en un desesperado intento por elucidar por qué lo que ayer era beneficioso, hoy es arrinconado… Por qué lo que anteriormente parecía sereno, despejado, al presente se torna oscuro, confuso… Por qué todo lo que un día parecía firme y consolidado, inequívoco y estable, no era más que un volcán adormecido que un día despierta, entrando en erupción, arrasando sin piedad, asolando todo a su paso… Por qué una mañana nos levantamos y reflejándonos en el espejo descubrimos que lo que hace poco nos parecía bello y agradable, ahora, en génesis absurda, se erige, con obscenidad impune, en grotesco y repugnante… Por qué deseamos algo con las mismas fuerzas que lo odiamos… Por qué…
El aroma del café recién hecho ya se había desvanecido… Ahora sólo mis interrogantes flameantes en una atmósfera de súbito plomiza… Rezagadas bocanadas de café, ya frío y amargo, preceden mi partida…