Viernes… Una nueva semana que se va, una semana menos… Todo en la vida es un estado de ánimo, exclusive el tiempo… Un tiempo imperturbable, impasible… Nunca se detiene, ni avanza más rápido, ni más pausado… Nunca regresa… Abocada a un nuevo fin de semana, invadida por inmemoriales disquisiciones filosóficas…
No tengo muchos planes previstos… En realidad no tengo ningún plan previsto… Aún así, una cierta alegría, un cierto entusiasmo parece asomarse, infundando un poco de aliento lozano a mi espíritu… Adormeciendo por unos instantes cualquier atisbo de congoja…
Llegará mañana y suspiraré por el retorno al lunes, con sus rutinas y su inercia… Automatismo diario en el que nos perdemos, refugio en que cobijarnos cada día, distrayendo nuestra mente de mayores preocupaciones y pensamientos profundos… Gran paradoja humana… Tal vez sólo mía… Siempre anhelando fugarse de la monotonía y cuando la novedad, los cambios irrumpen… O cuando sencillamente estamos liberados de ataduras y obligaciones, nos sentimos arrojados al abismo… Desnudos ante la realidad, tomando conciencia de nuestra propia existencia, quizás no siempre la deseada… O nunca… Embestidos por el hastío… Desprotegidos y solos como niños arrancados de los brazos de su madre... Quizás arrancados de nuestro destino… O siendo testigos de él…
Pero mientras llega mañana, hoy disfrutaré pensando que es viernes… Y el lunes volveré a desear que sea viernes… Misterio, enigma sublime de la vida… Probablemente ahí radica la difícil armonía, la difícil calma… Nunca perder la capacidad de esperar, soñar, ilusionarse… Aprendiendo a ser, según lo exija el guión, bien espectadores, bien intérpretes, coristas de nuestra propia película llamada vida…
Amenaza lluvia afuera… Aun quedan unos minutos… Un día más… Quizás tenía tiempo para ir paseando… Siempre lo consideré la mejor forma de comenzar el día... Acaso la única… Máxime en días como hoy, exaltación existencialista…
Paseo intimista en los albores de la mañana, al abrigo de la tenue luz de la aurora… En el recogimiento de mis abstraídos pensamientos… Viaje introspectivo a las entrañas de nosotros mismos, puede que a las entrañas de la ciudad misma, más allá del pavimento y hormigón, cemento y polvo… Una travesía a la otra ciudad que se esconde detrás del apresuramiento diario, los fugaces recorridos, impaciente intranquilidad en las que nos sumerge cada día… Detrás del alquitrán, dióxido de carbono, del ladrillo infinito… Y es ahora, realzándose con las primeras luces de oriente y las últimas de poniente, cuando más al descubierto queda su latido…
En mi distraído camino por los icebergs de la conciencia, desentrañando serenas nostalgias y viejos temores, me entrecruzo con algún otro caminante surcando por sus mares… Una mirada cómplice, tímida sonrisa… Extraños bajo el mismo amanecer, retirados en universos distintos, mas partícipes de un mismo compromiso, de un mismo pretexto metafísico y existencial…
Ya casi amaneció del todo… Sus pasos ya se oyen lejos… Cada uno volverá a sus rutinas y olvidaremos ese segundo de éxtasis compartido… La ciudad se vuelve a adormecer otra vez, con nosotros como fugaces testigos, mientras sus habitantes comienzan a conquistarla vehemente, en desenfrenado frenesí, en sus cruzadas del día a día… Acaba un viaje, empieza otro… Será hasta mañana…
Sus ojos habían perdido el fulgor de antaño… Ahora parecían turbios y mortecinos, quizás sucumbiendo a la decrepitud de la vejez… Pero sus palabras seguían siendo el verbo locuaz que me había cautivado tantos atardeceres de verano… Aunque elocuente siempre había sido muy discreto y mesurado… Los años lo habían vuelto más histriónico, quien sabe si consciente de que estaba escribiendo las últimas páginas de su existencia… Como héroe de tragedia griega interpretaba este último acto… Con afectación premeditada, balanceaba estridente su cuerpo en cada movimiento, en cada gesto… Pretencioso, silabeaba grandilocuentes palabras orgullosas, hincándose como aguijones en el aire, imbuyendo el ambiente de una fuerza embaucadora…
Con la magia de un arpa, de sus labios iban brotando vibrantes sonidos, cadenciosos, hechizándonos, sucumbiendo cautivos en su silábica sinfonía… Excelsa obertura… Los tañidos de su voz me retrotrajeron a un tiempo pasado…
Cada tarde nos perdíamos por los bucólicos pasajes que tan bien conocíamos pero que siempre conseguían sorprendernos… Tú disertabas sobre lo divino y lo humano… Tus palabras, teñidas por el ocaso de escarlata púrpura, olían al salitre que trasegaba la brisa de poniente… Palabras, suaves y delicadas, exhalando libertad, evasión… Ambrosía enardeciendo mi espíritu, aun candoroso, acuciado de conocimiento… Veladas que solían expirar a orillas del mar, donde las olas engalanaban nuestros sueños de ilusión y esperanza…
Tú compartiste tu sabiduría y educación, contigo aprendí a recrearme en el excelso goce de un libro, a paladearlo como si cada página, cada línea fuese única… Hoy entonas tus últimas enseñanzas… Se apagará tu voz, nunca tu palabra…
Había llegado el día… Tanta espera… Tanta agitación, inquietud, desasosiego… Todo ahora estaba preparado… Había revisado todo una y otra vez, casi de forma compulsiva… Nada podía salir mal, nada podía ser confiado al azar, siempre tan antojadizo y travieso…
Asomo de un incipiente temor al desencanto, a ilusiones quebrantadas, ahogando la excitación, las ansias precedentes… Vacilaciones de los últimos momentos… Quizás pusilánime, consciente de una retracción imposible… Vértigo claustrofóbico ante el vacío de una mirada atrás… Ausencia de camino de regreso...
Intento recomponer mis emociones, distraer lúgubres sensaciones, cavilaciones sombrías, ante el advenimiento del día que tanto había ansiado, intérprete de tantos sueños y tantas noches, tantas ambiciones y desvelos… Pero apenas, en pleno ensimismamiento entusiasta, una etérea ilusión estalla en teatral paroxismo, vuelve a emerger la sombra de las dudas, existenciales aprensiones… Espoleo mi memoria en búsqueda de esos anhelos desorientados, desconcertados y sólo recuerdos evocadores de una náusea sartriana en su lugar…
Aquellas palabras retumban con fuerza eclipsadora: “lo que esperamos es lo que nos mantiene vivos”… Ahora, ante un inminente e ineluctable destino, tantas veces añorado, sólo anhelaría una eterna espera, sucumbir en los brazos de una entrañable, cándida espera… Bizarría hasta hoy imperturbable, carcomida por el vacío existencial ante el día después…
Sin ningún tipo de contemplación el despertador marca la rutina de cada día, con toda su crudeza… Con sobresalto espasmódico nos arranca de nuestros sueños, descerrajándolos… Devolviéndonos a nuestra ininteligible realidad más severa, áspera… Renaciendo, resurgiendo cada día, aun sea con servidumbres adquiridas…
Hoy sin embargo su bramido estridente y sobresaltado parece haberse transmutado en delicada y primorosa melodía… Hacía tiempo que no tenía un despertar tan apacible… Todos los recuerdos y penas, añoranzas y tribulaciones, adictos compañeros en los últimos días, fieles espectros íntimos, inherentes a mi propia existencia parecían haberse esfumado… Ya no eran para ti mis primeros pensamientos… Con pausa inhalo una cierta sensación de libertad que irrumpe con fuerza, apoderándose de mí…
Hoy será otro día… Lloverá afuera, pero un rayo de sol, aunque tenue, iluminará mi día, el cielo gris se tornará en azul para mis ojos, ávidos de ilusión... Hoy todo tendrá otro color, quizás el color que siempre tuvo… Hoy volveré a sorprenderme con las pequeñas cosas, esas que destilan una felicidad tan sincera como tierna, conmovedora… Soplo de brisa fresca… Volveré a estremecerme con esa satisfacción tan especial que nos invade ante los pequeños logros, las pequeñas victorias de cada día, ya sólo sea un gesto, una sonrisa… Esa satisfacción de la que sólo lo intangible, lo incorpóreo consigue impregnarnos tanto…
Sé que hoy sólo fue una pausa en el largo camino del olvido… Aun son muchas las nubes que volverán a oscurecer la travesía, descargando con fuerza tempestades… Pero hoy aprendí que la vida no acaba, sino que comienza… El cielo puede esperar…
Balbuceo de noticias… La radio va mascullando sus crónicas… Como cada despertar, enciendo la radio… Las noticias de siempre… Donde acaba la realidad y donde la ficción… Café aguado… Insustancial salutación en el rellano… Calles mojadas… Espíritus rotos… Haz de papeles amontonados… Y yo meciéndome en tu ausencia que no cesa…
Voces convertidas en un eco lejano… Demasiado ruido… Demasiado movimiento… Orgía de atrevidos violines descompasados enredando con mi soledad… Turbando la compañía de tu ausencia…
Hoy es uno de esos días en que querríamos detener el tiempo, ya sólo fuese un instante… Que un solo suspiro fuese impetuoso rocío, capaz de que el universo cejase en su giro… Y recrearnos así, regocijarnos en nuestras penas, reconfortarnos en nuestro dolor como catarsis purificadora… Deleite sombrío… Recobrando nuevamente el mundo su latido… En el mismo soplo que lo dejamos…
Mientras sólo vislumbrarlo sea una quijotesca quimera, siempre quedarán mis soliloquios, atemperando la frialdad del alma…
Domingo… Dies Dominicus… Dies solis… La aurora, con su fastuosa corona sonrosada, anuncia, en su danza de trompetas y acróbatas equilibristas, la llegada del sol… Un sol todavía tímido, desperezándose en el horizonte… Apenas amanece… Denodados esfuerzos en una lucha titánica para no ver ocultado su fulgor… Con pundonor, ansía reverenciar a la mañana… Emprende un nuevo viaje por el firmamento, tomando relevo fraternal a una luna creciente, preludio de una cercana luna llena… Sin conseguir desvanecer del todo las nacientes brumas matinales, comienza a acariciarnos con sus primeros rayos, suavemente, con la ternura del beso maternal… Rayos despuntando atrevidos, asomándose en el ocaso de nuestro letargo… Animando a despertarnos… Invitándonos a vivir…
Hoy será un domingo más… Como tantos otros… Con la ilusión ya desvanecida de tenerte… Me perderé entre las desiertas calles de domingo… Me imbuiré de sus cambiantes sensaciones… Confundiéndome entre joviales domingueros… Paseando entre ese halo de tristeza y melancolía que siempre rezuman los domingos… Mañana será otro día… Volverán las oscuras golondrinas…
Noches impregnadas de ilusión, anhelo, de aliento… Apatía y añoranza vencidas ante un desatado ímpetu megalómano, enigmático y delirante... Palabras que brotan, con vida propia, embriagadas de emociones desquebrajadas… Refugio de almas proscritas, de quejosas veladas de soledad acompasada…
De extraño a extraño… Liberado el pudor y la vergüenza…Donde la congoja, acicalada de entusiasmo y consuelo, despoja su amargura… Donde nada es verdad y nada mentira… Ambigüedad y misterio sugerente e inspirador… Donde las luces y las sombras, oscuridad y fulgor confundidos, navegan por un mismo mar de sentimientos, expuestos a un albur desconocido… Esperando su llegada a un próximo puerto… Quizás el último… Quizás el definitivo…
Nunca pensé que el regreso a mi olvidado diario, a mis viejas costumbres, comenzase a despertar sensaciones dormidas en la cotidianeidad y monotonía de la existencia…
Hay momentos en que emprendemos una huida íntima… Siguiendo la estela de nuestros recuerdos… Quizás la estela de nuestros sueños… Una tenue línea separa sueños y recuerdos en una huida donde se confunden los confines de lo onírico y lo real… Sueños que sirven para hacernos recordar… Recuerdos para hacernos soñar… Los sueños de ayer son los recuerdos de hoy... Los sueños de hoy serán los recuerdos del mañana…
Una escapada a lo hondo e insondable de nosotros mismos, con la soledad como excelsa compañía… Elocuencia transmutada en hieratismo gozoso… Deleite profundo de lo íntimo… Melancólico éxtasis…
Una huida tan necesaria como peligrosa, aventurada, turbulenta… Reinventándonos en cada escapada… Tras la búsqueda de un regreso sereno… Catarsis de nuestras inquietudes y agitaciones…
Apenas llego de una huida y emprendo otra… Mañana es un día demasiado doloroso aún… Always somewhere, miss you where I've been, I'll be back to love you again...
Hoy es el día después… Aún flota una cierta sensación de nostalgia que se resiste a abandonarme… No es una sensación nueva… Convertida últimamente en la banda sonora de mi vida… Letra reminiscente, compás de añoranza… Sonando con fervor a veces, como un leve rumor otras… Pero siempre ahí… Ambientando mis días, mis alegrías y mis desdichas, mis fracasos y mis victorias… Con una inusitada ambivalencia destila ora un sereno recuerdo, reconfortante, apacible... Ora un desasosegado despertar de emociones… Es tan largo el olvido…
Hoy el mar me obsequió con una calurosa acogida en sus brazos de espuma… Ese que tantas veces contemplaba cuando aun no habías partido… Ese que es reflejo de nuestras almas… Hoy sus olas batían lánguidamente, exhalando al sucumbir un apenas perceptible susurro… Hoy el mar abandona su intrepidez, arrullando con su séquito de olas una sempiterna balada… Mi sempiterna balada… Here in my heart...
Hoy es un día triste… Nostálgico por lo menos… El sol brilla en todo lo alto, queriendo ocultar un tímido invierno… Como una tibia sonrisa intenta silenciar mis emociones, efluvios del pasado, aunque hoy sea un poco más difícil… Aún queda mucho por llover…
Nunca son fáciles los comienzos… Una vorágine de sensaciones nos abruman… Ilusión y excitación de lo desconocido, vértigo de un camino sin explorar, misterioso… Éxito y fracaso… Dos fuerzas siempre gravitando en nosotros, asomo de Jekyll y Mr. Hyde… Una nos hace soñar y luchar, una mirada pretenciosa a la vida, un guiño a la vanidad… La otra, nos acongoja y nos perturba, insinuación de vulnerabilidad y fragilidad… Y así es la vida… Siempre luchando entre dos frentes, en una dualidad constante… Cometemos huidas a uno u otro lado… Nos acercamos valientes al precipicio de lo desconocido, permanecemos en nuestro propio refugio de sentimientos y emociones… Búsqueda constante del virtuosismo que nos mantenga en el delicado umbral de la encrucijada… Quizás la búsqueda de nosotros mismos… Una difícil búsqueda… Un difícil equilibrio… Un difícil comienzo…
Fetichismo, vanidad, egocentrismo… Mera veleidad… Nunca sabremos exactamente lo que nos impulsa a sentarnos a escribir a un universo desconocido, tan grande o pequeño como queramos imaginar… Una ventana abierta o cerrada al mundo según se vea… Pero una ventana que nos seduce, nos fascina, que nos embriaga con su enigmático poder… Voyeurismo o exhibicionismo… Lo mismo de mágico y sublime… Hoy es un prefacio… Mañana habrá un epílogo… Pero entre tanto, todo un camino mágico que recorrer… Un camino a ninguna parte o al universo mismo… Una ventana indiscreta para mostrarnos a veces, escondernos otras… Y siempre para cautivarnos como una musa…