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Bajo el embrujo subyugador

monólogo cualquiera de un día cualquiera


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martes 06/mayo/2008 20:42

Surcando los mares de la conciencia y recuerdos. Final.


Al fondo del arroyo parecían despuntar las ramas verdes de un frondoso árbol, que mecidas al viento parecían saludarme… Cautelosa, me adentro un poco más y un estremecimiento me sobresalta… Tras esas ramas que divisaba se erigía un pequeño jardín, un oasis en medio de naturaleza muerta… Igual que el sauce, sorprendentemente había vencido al tiempo y las inclemencias… Una satisfacción placentera y delicada me invade de nuevo… Me encontraba con ánimos y decisión, segura de que podría volver a recuperar aquel pueblo… Un extraño presentimiento me decía que volvería a ser el amable y vital, el alegre paraje de antaño…

En comunión perfecta con la naturaleza, me serviría de catarsis purificadora, renaceríamos los dos de nuestras cenizas, cual ave fénix… En mimesis prodigiosa también yo me sentía naturaleza muerta, también con pequeños oasis de esperanza queriendo reverdecer en mi interior malherido, oscurecido por las sombras y tinieblas de muchos árboles caídos… Un leve resplandor porfiando por desvanecer para siempre el crepúsculo eterno en el que durante tanto tiempo había estado zozobrando mi existencia…

Tendiéndome en aquel escondido edén, cojo de mi inseparable bolso un libro, un bolígrafo y un folio en blanco que siempre portaba y rasgueo el papel con unas palabras:

“Sé que hoy sólo fue una pausa en el largo camino del olvido… Sé que hoy sólo fue el principio del olvido… Aun son muchas las nubes que volverán a oscurecer la travesía, descargando con fuerza tempestades… Pero hoy aprendí que la vida no acaba, sino que comienza… El cielo puede esperar…”


 
 
  2 comentarios  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
viernes 25/abril/2008 16:47

Surcando los mares de la conciencia y recuerdos. V parte.


Ciruelos de ramas abiertas y copa esférica, con sus hojas contorneadas, bordadas de colores cobrizos y rojos en otoño y acicalando los huertos de profusos tonos blancos y rosados, en estampa única, al despertar la primavera… Almendros engalanados con la belleza de sus flores blancas rosáceas… Naranjos, perfumados a azahar, de copa frondosa y compacta… La inconfundible higuera de rama curvada, cuya sombra tanto reverenciaba… El porte majestuoso de los castaños, los cerezos en flor, de floración más bella del mundo la distinguía mi madre… Nogales, limoneros, manzanos, melocotoneros, robles componían un excelso y egregio vergel perfumado con delicadas y refinadas fragancias, primoroso aroma a camomilla, mimosa, ciprés, a narciso, magnolio, jazmín… Que la suave brisa que se erigía en la tarde aumentaba y mezclaba en explosión impetuosa de aromas y colores boscosos fastuosamente pintados…

Todo el bosque alfombrado del blanco y púrpura del acanto, naranja y rojo de las alegrías, los pétalos rojo pasión de las amapolas… Las fragantes azucenas, la mentolada nébeda celeste con su enjambre de gráciles abejas festivas, azuladas petunias, las amarillas margaritas que tantos amores había deshojado… Muérdago mágico sobre el que se cernían tantas leyendas… Todas porfiaban por engalanar el verde prado con la mayor belleza…

Un edén del que brotaban melódicas notas, como si los mismos ángeles descendiesen para agasajarnos con sus salmos… Gorriones, alondras, jilgueros, zorzales… Todos anhelaban deleitar ese recodo mágico de la naturaleza, bucólico e idílico, entonando delicadas melodías y sumándose con sus cantos al estallido de luz, colores y aromas… Con el espíritu gozoso tras todas esas sensaciones revividas, llego al viejo arroyo, ahora seco y maloliente… De nuevo, voluptuosa naturaleza transmutada en exangüe y decrépita vegetación… Contemplo sobrecogida…


 
 
  2 comentarios  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
viernes 18/abril/2008 22:26

Surcando los mares de la conciencia y recuerdos. IV parte


El mismo olor me acoge a la entrada… Barniz de polvo en los egregios muebles, tapiz de telarañas, realces de serrín apolillado… Con valor, me asomo a la cocina… Estampas, impresiones, estela de una vida pasada en algún paño aún colgado… Por la pequeña claraboya apenas entraba luz ahora…

Súbitamente vislumbro a mi madre, allí, con su pequeño mandil de tela manchado de tizne y aceite… Con las manos y la frente enharinadas, preparando el pan de los domingos, mientras mi hermano y yo revoloteábamos a su lado, risueños, jugando con las pequeñas migajas que le iban cayendo al amasar aquellas grandes bolas de masa… Esperando ansiosos que hornease las primeras barras de pan… Parecía que aun podía percibir ahora aquel aroma a pan recién hecho… Aquellos primeros bocados de pan caliente en las tardes de riguroso invierno era uno de mis más tiernos recuerdos de infancia…

Tras estas nostálgicas evocaciones, continúo mi exploración… Por las estrechas y crujientes escaleras de madera subo con cuidado a la buhardilla… Un escalofrío me sobrecoge… Aquella había sido mi primera habitación… Ahora se encontraba vacía e inerte, entonces era uno de mis refugios favoritos. Un camastro, una mesa destartalada y una exigua cómoda era todo su mobiliario pero su pequeño balcón desde el que divisaba casi toda la aldea, con su pequeña parra de uvas verdes y agrias, le daba un encanto especial… Me acerco al balcón, de la vid sólo permanece un pequeño palo seco…

 Intento alentarme ante tan desolador paisaje… Con un día de desinfección y limpieza, pronto lo convertiría en el acogedor hogar que había sido… Con todas las ventanas abiertas para que entrase la luz de la que durante tantos años se había visto privada, purificar el aire y que se fuese desvaneciendo aquel olor, resuelvo recorrer las desiertas callejuelas del pueblo, perderme entre sus rincones y prados…

Al bajar por una empinada cuesta de barro y tierra recuerdo que aquel era el frondoso camino que expiraba en un pintoresco riachuelo de aguas transparentes… A una y otra orilla del camino, una tupida arboleda se fundía en fraternal abrazo, formando un sendero con cubierta de hojarasca ocultándolo del inclemente sol del estío y que la brisa mecía en silbidos gozosos o lánguidos suspiros, trasegando el perfume desprendido por las flores y el salitre del mar cercano… Ahora, a cielo abierto, sólo unas hojas secas, que crujían a mi paso, de unas pocas ramas y troncos tronchados, de enjuta y ajada corteza, que apenas desprendían vida… Con la sombra de esta degradada naturaleza continúo camino abajo, en busca del antiguo

riachuelo… Solía pasar en él muchas tardes de verano… Era un mágico entorno sorprendente y fascinante… Un pequeño edén, que me a mis ojos inocentes, parecía sacado de un mismísimo cuento de hadas del que incluso yo me figuraba protagonista… Cuanto tiempo había permanecido allí, leyendo o escribiendo, retirada del mundo… Con la primorosa sinfonía de un caudaloso salto de agua derramando sus aguas, incansable, en el riachuelo, convertido con la luz del sol en reflejos brillantes centelleantes que me entusiasmaban…  Al abrigo de un frondoso bosque de incalculables árboles y diversa flora…


 
 
  1 ¿sólo? comentario!  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
domingo 13/abril/2008 19:02

Surcando los mares de la conciencia y recuerdos. III parte


Un penetrante hedor a pasado, a añejo, a humedad y madera putrefacta me da un infausto acogimiento… Me notaba demasiado debilitada, abatida… Sin fuerzas… En destello fulgurante, recuerdo aquellas noches veraniegas de la infancia en las que, emulando ser un explorador, dormía en la pequeña finca de los abuelos, transversal a nuestra casa, al abrigo de un árbol centenario de ramas largas, flexibles y colgantes, con el enojo de mi padre en avieso mohín y la resignada aquiescencia de mi madre… Sin más reflexiones, arrumbando las maletas en el atrio, atravieso presurosa la recogida plazoleta, donde sólo hacía unos minutos había detenido el vehículo su marcha y giro a la derecha por una empedrada callejuela que circundaba la vivienda, así, si todo permanecía como antaño, debía llegar a la parte posterior de la casa, con el vergel a su lado…

La negrura de la noche no me permitía vislumbrar con nitidez… Me adentro cautelosa, en lo que ya era casi era una fronda selvática, en busca de lo que hoy pensaba debía ser un frondoso sauce llorón… Oculto entre matorrales, consigo encontrarlo… Allano ligeramente la humecta tierra que lo rodea, insólitamente yerma de vegetación y arropándome con el mantón que portaba, me tiendo bajo el sauce, tratando de descansar y adormilarme un poco tras un agitado día, tras una época inquieta, convulsa que me había encaminado hacia hasta aquel instante y aquel lugar […]

Un canto melódico, en rítmica cadencia, me rescata de mis sueños algo superficiales… Gesta imposible entornar los ojos, la claridad aun era tenue y crepuscular pero molesta para mis fotosensibles pupilas cobijadas bajo el palpebral velo caído… Afinación del oído en embebido propósito de escuchar con nitidez aquel canto… Ahora no tenía dudas, era el canto del cuco, un canto con resonancias a madera, como una nota aflautada deslizándose en un rumor de agua en cascada… Debía de ser la primera vez que se escuchaba este año, anunciando con su melodía los albores de la primavera, siempre retratada como un canto a la vida… Su recital sólo podía ser un buen presagio…

Hoy el bramido estridente y sobresaltado que me despertaba todos los días parecía haberse transmutado en delicada y primorosa melodía… Hacía tiempo que no tenía un despertar tan apacible… Con pausa, inhalo una cierta sensación de libertad que irrumpe con fuerza, apoderándose de mí… Sentía prender en mi interior la llama de la vida, reflejándose con ardor mi sonrisa en sus destellos… Hoy comenzaría otro tiempo, otra siembra en mi vida, de mejores y fecundos frutos… Llovería afuera pero un rayo de sol, aunque tenue, iluminaría mi día, el cielo gris se tornaría azulado para mis ojos, ávidos de ilusión... Soplo de brisa fresca... Ahora creía estar segura que volver aquí no iba a suponer una equivocación…      

Sentía las articulaciones entumecidas… El aún gélido cierzo rasgaba el aire difuminando, en un estallido en cascada, infinitas gotas de rocío que engalanaban, resplandecientes, el paisaje, los pétalos, las hojas, las hierbas, bañándolos de un radiante fulgor…

Me incorporo despacio, ya aclimatada a la claridad matinal, contemplo mi alrededor constatando mis impresiones de la noche… Aquello que rememoraba como un vergel transmutado ahora en agreste espesura… Desconcierto de ramas exánimes, gigantes quijotescos donde otrora se desafiaban exuberantes árboles frutales… Despojos de flores marchitas vestigios de bellas flores lozanas con las que cortejaba a mis primeros amores infantiles… Rastrojos, maleza usurpando tierra, árboles, flores… El coqueto enrejado que separaba la casa hoy apenas se intuía… Sólo el sauce venciendo al tiempo, sus ramas seguían teniendo la lozanía y el verdor de antaño, su tronco seguía fuerte y vigoroso, robusto… En extraordinaria proeza, venerado por una naturaleza silvestre que lo protegía de sus zarpas devastadoras… Sólo una pequeña hierba verde y cuidada crecía a su orilla, con mimo… Apisonando con cierta impericia los altos rastrojales voy abandonando la descuidada finca… Era hora de volver de nuevo al hogar, con la luz del día tendría otro color…


 
 
  Sin comentarios  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
martes 08/abril/2008 19:03

Surcando los mares de la conciencia y los recuerdos II parte


Habían transcurrido varias horas, desconocía con precisión cuantas… Tres, cuatro, quizás cinco… Pero habían ido sucediéndose las horas en aquel envejecido vehículo… Acaricio la pulverulenta luna, ansiando escrutar si se vislumbraban ya los verduscos alcores, las verdosas faldas estampadas, pintadas en una explosión de colores, los alfombrados valles perfumados de jazmín y gardenias, meciéndose con la suave brisa de poniente… Aun nos hallábamos lejos pero ya se había desvanecido el reflejo ceniza y escarlata… Un glauco débil y tímido comenzaba a despuntar entre piedras, cantos y arenisca… Una brisa húmeda y salina presagiaba a su vez la cercanía del mar... Exhausta, vencida por la inquietud y el extenuante viaje, logro adormecerme, acunada por el zarandeo jadeante y monótono al que ya me había acostumbrado, arrullada por el mortecino rumor ahogado del motor…

Una sacudida brusca me saca sobresaltada de mi letargo… El automóvil se había detenido en estruendoso temblor… Ya había anochecido del todo pero la pequeña farola de la plazoleta, con su ambarina luz, atestiguaba que ya habíamos arribado… De súbito, un cúmulo de recuerdos se agolpan, confusos, en una turbulenta vorágine de sentimientos, indescriptible y contradictoria… Una sensación sombría se derrama dentro de mí, oprimiéndome, asfixiándome hasta paralizarme… Creía superados, adormecidos por lo menos, algunos de esos recuerdos… Y allí permanecía, inmóvil, sentada en el andrajoso asiento trasero de un vehículo extraño… Corroída por una lúgubre ansiedad… Ensordecedoras palpitaciones irrumpiendo en la silente oscuridad de la noche… Sólo el iracundo bramido del conductor y su fuerte y ruda mano sobre mi hombro en feroz zarandeo, logran arrancarme de mi ensimismamiento… Aun aturdida, en enajenado azoramiento, desciendo de aquel vehículo que tan huraño se había mostrado y aferrándome con inusitada fuerza a mi equipaje, enfilo hacia mi vetusta y olvidada nueva morada… Con las manos temblorosas, rebusco las mohosas llaves en aquel bolso raído de tantas batallas… Con un estrépito chirriante y estridente por la herrumbre forjada a través de los años, abro la cerradura, despacio…


 
 
  1 ¿sólo? comentario!  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
jueves 03/abril/2008 20:56

Surcando los mares de la conciencia y los recuerdos. I parte


Me asomo a la ventana, el automóvil que me debía llevar a mi destino ya estaba en la puerta… Recogiendo el equipaje, cierro la puerta de la que durante tantos años había sido mi morada… Una sensación extraña, ora nostálgica, ora temerosa, me hostigaba desde que me había levantado, abrumándome con su pertinacia… Vacío que se me clavaba punzante cuan puñales, en palidecido vértigo…

Apenas me había despedido de nadie… No me gustaban mucho las despedidas… En realidad no me gustaban nada las despedidas, exaltación grotesca e histriónica de las más enardecidas pasiones… Siempre había sido persona circunspecta, discreta, alejada de estridentes emociones… Camino de mi nuevo hogar, el lejano y solariego pueblo de mis antepasados, sincerándome conmigo misma, reconozco que a alguna persona sí hubiese deseado contarle tantas cosas… Aunque sólo fuese ofrecerle una explicación de mi marcha pero ya no había vuelta atrás posible… Y quizás ni yo misma tenía esa explicación…

Enclavada en aquel vehículo sofocante, un grito ahogado moría en mi garganta, sudor frío humectante cristalizando, en quemazón, sangre en escarcha… Nunca había imaginado cuan difícil iba a resultar esta travesía… Comenzaba a marearme… Ansiedad agarrotadora… Calor abrasador… Traqueteo inquebrantable, perpetuo, en aquel pavimento empedrado y polvoriento…  En la herrumbre de aquel automóvil desvencijado, al filo del desmembramiento, intento divisar el horizonte, apenas un borroso paisaje yermo azabache y carmesí… La tierra parecía destilar gotas de alquitrán y sangre… Añoraba las verdes colinas de mi niñez, de frondosa vegetación…


 
 
  4 comentarios  · autor: galca  ·  sección: General  
     
 
domingo 30/marzo/2008 01:19

Tiempo poco, necesidad toda


Con apenas un instante que conceder a este imprevisto nuevo cobijo de emociones desamparadas, descubro la importancia, la significación que poco a poco va teniendo en mi vida… Comienzo de un divertido entretenimiento transmutado en necesidad, obligación obsesiva e imperiosa… Cómplice leal de mis palabras y mis silencios, íntimo consejero… Cuan diván brindando alivio y consuelo en arrojo de mis confidencias y lamentos, anhelos y desvelos, emociones reprimidas en la amargura y la aflicción, en el pudor y el recogimiento… Emociones embargadas, inundadas de lágrimas que nunca llegaron a brotar, de palabras que nunca llegaron a vencer el precipicio para ser pronunciadas… Bálsamo aplacador de extraviadas inquietudes desconcertadas… Donde derramo nostalgia y turbación y cosecho olvido y distracción…

Coloreado, garabateado de pinceladas ficticias o reales, quien sabe, mas siempre irrevocablemente impregnadas con la huella indeleble del fascinante universo del subconsciente que cada uno llevamos dentro en el que nos atrincheramos a veces y huimos otras…


 
 
  2 comentarios  · autor: galca  ·  sección: General  
     
   
 
   
     
 
 
     
 
Bajo el embrujo subyugador
 
     
   
 
     
 
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