He de saltar hacia tus brazos vil ramera
que me seduces sin llegar a poseerme
he de arroparme con tus sábanas eternas
sobre el hastío de tu lecho pestilente.
UN DÍA DE ESTOS
He de saltar hacia tus brazos vil ramera
que me seduces sin llegar a poseerme
he de arroparme con tus sábanas eternas
sobre el hastío de tu lecho pestilente.
A mí vendrás, ardiente puta de los tiempos
con la inocencia de tu pubis mancillado
sin protestar he de creer en tus engaños
porque a los hombres no nos queda más remedio.
Un día de estos he de hallarte en mi ventana
con la certeza de tu triunfo inapelable
y cual guerrero derrotado he de entregarte
los mil fragmentos de mi ya inservible espada.
Mas tu llegada no ha de ser cuando lo quieras
como sucede con el resto de mortales
coqueta muerte, pese a todo has de aguantarte
hasta que el mundo entero lea este poema.