Wilson visita el Centro Cultural Comfandi a diario para
‘leer’. Una voz robotizada le describe lo que hay en las
páginas. Esta misma tecnología es la que usa para
acceder a las funciones del computador.
Mas allá de la noticia
La tecnología, el mejor apoyo para los invidentes
Por Adolfo Ochoa Moyano
Wilson visita el Centro Cultural Comfandi a diario para
‘leer’. Una voz robotizada le describe lo que hay en las
páginas. Esta misma tecnología es la que usa para
acceder a las funciones del computador.
La Universidad Icesi convocó a 30 limitados visuales para ofrecerles
capacitaciones. Recientemente en Cali se realizó un encuentro entre
un grupo de invidentes y algunos empresarios locales. La idea fue
demostrarles que con una moderna tecnología ellos pueden convertirse
en personas capaces de trabajar en sus organizaciones.
Wilson tiene 32 años, lleva el cabello corto y bien recortado.
Cualquiera diría que acaba de llegar de la peluquería. Usa unas
gafas de marco negro y lentes azules, pero detrás de ellos sus ojos
no ven.
Habla despacio, con una voz suave y tranquilizadora. Pronuncia muy
bien cada palabra, como si fuera un sacerdote que aconseja a uno de
sus feligreses y quiere que su mensaje sea lo más claro posible.
Su aliento huele a menta y sonríe mucho. Dice que es un tipo feliz
pero que solamente tiene una frustración: no podrá ‘leer’ un DVD con
nueve mil obras literarias que un amigo le regaló. Asegura que el
tiempo de su vida no le va a alcanzar, pero hasta eso lo dice
sonriente.
Pero esa carrera contra el reloj no lo detiene en su intento de
devorar cuantos libros pueda. Por eso todos los días se le ve
sentado por ahí en una mesa del Centro Cultural Comfandi poniendo
atención a una voz robótica que sale de una especie de radio y le
describe lo que ocurre en un libro, cuyas letras él no puede ver.
Wilson pasa tanto tiempo allí, que camina entre computadores, sillas
y estantes para libros y cd’s sin usar su bastón. Bromea sobre eso:
“estoy aquí todos los días pero nadie sabe a ciencia cierta qué hago
aquí. ¿Soy un usuario de la biblioteca?, ¿un empleado?, ¿un curioso?
pues, la verdad, es que soy todo eso a la vez. Solamente quiero leer
y aprender”.
Esa pasión por los libros lo llevó a estudiar comunicación social de
manera técnica, en un instituto de la ciudad. Dice que si maneja
información se vuelve perspicaz, aprende a no tragar entero. Así
supera su limitación visual.
Cuenta que por eso su libro favorito es ‘Las venas abiertas de
América Latina’, de Eduardo Galeano. De acuerdo con su reflexión, a
través del texto de Galeano vio clara la dura realidad de esta
sociedad: un círculo vicioso de poderosos que no quieren dar
oportunidad a quienes no consideran que pueden lograr algo. Para
Wilson el mundo está diseñado para videntes, oyentes y caminantes.
Allí el discapacitado no tiene espacio.
Por eso él está empeñado en que nadie le diga lo que no puede hacer,
ni a él ni a ninguna otra persona con cualquier limitación física.
Milena Londoño, asistente de la biblioteca Comfandi, piensa igual:
una persona que no pueda ver no se puede simplemente desechar.
DIEZ DEDOS PARA VER. Milena, Wilson y Miguel Ángel, otro invidente,
se propusieron un objetivo claro: la comunidad invidente debería
tener un lugar mucho más importante en el campo laboral. Para muchos
su iniciativa no tenía nada de novedoso, pero ¿quién quiere ver esas
críticas?
Había llegado la hora de usar una carta escondida bajo sus mangas:
el manejo que tienen de la llamada tiflotecnología.
Esta complicada palabra tiene en realidad un significado simple,
pero muy valioso. Wilson lo explica:
El dato clave
2.866 personas en el Valle sufren de alguna limitación
visual. Esto es el equivalente al 8,48 % de la población
con discapacidad total de Colombia.
“Nuestra sociedad es la de la información y el conocimiento, apoyada
en las denominadas tecnologías de la información y la comunicación.
Sin embargo, dado el contenido visual de estas tecnologías, las
personas con ceguera o deficiencia visual nos vemos afectadas. La
Tiflotecnología es la adaptación de las tecnologías de la
información y comunicación para su utilización y aprovechamiento por
parte de las personas con ceguera y deficiencia visual”.
De esta forma, cualquier invidente puede hacer uso de todas las
funciones de una computadora: word, excel, power point, y además,
puede acceder a la red, sin necesidad de que alguien les describa lo
que hay en pantalla. Un software especializado se encarga, como con
los libros, de guiarlos por los procesos, a través de una voz.
Wilson ha encontrado en esto una buena oportunidad de trabajo. Al
incorporar la tiflotecnología en su computador realiza ediciones de
audio.
“Tenemos una herramienta muy poderosa, los invidentes son auto
suficientes, eso quiere decir que pueden realizar cualquier trabajo
como una persona sin limitaciones”, dice Milena, “la gente debe
conocer esto”.
Además de Wilson y Miguel, ambos con carreras profesionales, 28
invidentes más se sumaron a la iniciativa de abrirse un espacio en
la sociedad. Todos con la tiflotecnología sentada a su derecha.
“El sólo pensar en organizarnos para mostrar que somos capaces de
rendir laboralmente ya es una ganancia. Hasta hoy, mucha gente ni
siquiera podía pronunciar la palabra tiflotecnología”, dice Wilson.
CAMINANDO SIN BASTÓN. El grupo de 30 invidentes, liderados por
Milena Londoño se propuso mostrarle al mundo cómo la tecnología está
a su servicio. El primer paso era buscar ayuda.
En la Universidad Icesi encontraron el aliado perfecto. Un curso
llamado Liderazgo era la herramienta perfecta para ubicarse en el
mapa.
La idea consistió en que estudiantes, bajo la coordinación de la
profesora María Isabel Velasco, se encargaran de convocar a
empresarios de la ciudad para mostrarles las ventajas de vincular a
una persona invidente, pero muy preparada, a sus compañías.
Además, se ofrecieron capacitaciones en presentación de hojas de
vida y de entrevistas de trabajo.
En Cali hay varios lugares que emplean la tiflotecnología para
brindar a la comunidad invidente una oportunidad de acceso al
conocimiento. La biblioteca del Centro Cultural Comfandi es sólo uno
de estos sitios. Sin embargo, su mérito está en ser la primera en
intentar romper los paradigmas.
Santiago Mejía entendió la necesidad de lograr eso. Él apenas supera
los 20 años de edad pero quiso participar del grupo de la
Universidad Icesi que asumiría el reto de convocar a empresarios
locales para que al menos vieran la enorme cantidad de tareas que
los invidentes pueden realizar con la ayuda del software.
No le resultó fácil. Es más simple jugar un partido de fútbol
después de clase que tratar de convencer a presidentes corporativos
de contratar nuevos empleados, especialmente si estos son ciegos.
“Nos tardamos un par de meses, pero se logró el objetivo. El pasado
30 de noviembre en el Centro Cultural Comfandi se realizó el Primer
Encuentro Tiflotecnológico de la ciudad. No asistieron todos los
empresarios que esperábamos, pero dos grandes compañías ya están
interesadas en personas del grupo de invidentes. Los resultados aún
están por verse”, cuenta Santiago.
Así, el grupo de invidentes empezó a caminar sin bastón, pero
firmemente por una zona que los lleva por la senda de la superación,
de la mano de la sociedad de la información.
El dato clave
Otros lugares de la ciudad que cuentan con equipos que usan
tiflotecnología son la sala Jorge Luis Borges, la Biblioteca
Departamental y la Fundación Carvajal del barrio el Vallado. El
acceso a los computadores en estos sitios es gratuito.