No entiendo por qué después de 5 siglos y algo más, aún seguimos buscando nuestra identidad al otro lado de los océanos.Y lo digo precisamente por un término que en los últimos tiempos se ha vuelto muy sonoro en nuestra lengua; ya no queremos hablar de la población negra, y a ella nos referimos como los “afro descendientes”
COLOMBIA, PAÍS MULTIRRACIAL
No entiendo por qué después de 5 siglos y algo más, aún seguimos buscando nuestra identidad al otro lado de los océanos.Y lo digo precisamente por un término que en los últimos tiempos se ha vuelto muy sonoro en nuestra lengua; ya no queremos hablar de la población negra, y a ella nos referimos como los “afro descendientes”
En las postrimerías del siglo XIX y a comienzos del XX, nuestros compatriotas de entonces se humillaban entre sí porque los unos se sentían de mejor familia que los otros, y en sus delirios de rancia nobleza se fueron adueñando del país con políticas poco ortodoxas.Ésta es una costumbre genéticamente heredada de nuestra mal llamada Madre Patria, que nos impuso un modus vivendus sustentado en sangre, cruz y fuego, hasta el punto de hacer que nuestros antiguos invasores se sintieran representantes del Dios supremo.
¿Cómo vamos a hablar de afro descendientes cuando el último ser traído a la fuerza al continente americano murió como mínimo hace 120 años?, ¿de qué nos sirve intentar reconstruir una identidad que se esfumó en la piel lacerada del último esclavo traído a nuestro país?,cierto es que el mundo (y en especial Europa) debe a toda la población negra mil perdones por sus arbitrariedades; pero cierto es también que a esta población, cargada de múltiples talentos, le corresponde construir una identidad adecuada al entorno de una patria que está situada a kilómetros del legendario continente africano.
Imagínense si los norteamericanos hubieran creado su identidad basada en la cultura inglesa, ¿verdad que hoy vivirían constantemente arrodillados ante las políticas de mamá Londres?.Pero no señores, ellos decidieron empezar de cero en una tierra que no les pertenecía, y han llegado incluso a creerse los dueños del mundo entero.
Sé que me dirán que el caso de los Estados Unidos es distinto al de los esclavos africanos; ¿pero hasta cuándo se va a llorar sobre la leche derramada?
No estoy en contra de ninguna expresión cultural; pero sí me parece absurdo que se pretenda crear una identidad basada en la cultura de un continente que para bien o para mal, ha roto su cordón umbilical con los negros de nuestras tierras.Digo pues, que más allá de sentirse “afro descendientes”, el deber de todos nosotros es crear una identidad que sea capaz de aglutinarnos por encima de nuestras diferencias, para así construir una patria fuerte y con un rumbo definido, en la que todos quepamos y podamos hablar con propiedad de la cultura colombiana.
Wilson Perea Estupiñán.