DESTIERRO INTERNO
A diario los hemos visto en los semáforos, en los parques, en los puentes peatonales y vehiculares, y en la periferia de nuestras ciudades engrosando los cinturones de miseria.Son el producto de un país que bajo una misma desgracia, se enfrenta a un absurdo conflicto interno que día a día mengua lo mejor de nuestras generaciones.
Como siempre suele suceder, los colombianos nos hemos vuelto insensibles ante la cruda realidad que a diario nos grita: ¡“Solución”!, insensibles ante el dolor y el hambre de quienes con su trabajo durante mucho tiempo nos han dado de comer; y digo que nos han dado de comer, porque es precisamente del campo, de donde salen las toneladas de comida que alimentan a nuestras grandes ciudades; mas hoy paradójicamente nuestros abastecedores son los que mendigan en las calles y avenidas un trozo de pan.
¡Ah!, pero nuestros gobernantes en su infinita sabiduría, suelen creer que la problemática de los desplazados se soluciona simplemente ubicándolos en albergues temporales, o asignándoles pequeñas casas en las que para acomodarse con sus familias numerosas deben casi que dormir unos encima de los otros.¿Pero de qué van a vivir?, eso es algo que ni Alcaldes, ni a Gobernadores, y menos el Todo Poderoso Presidente de la república se les ocurre preguntar, porque piensan que el problema de los despatriados en su propio país, se resuelve con pañitos de agua tibia.
Antes de terminar con este artículo insignificante ante semejante problemática, quiero jugar a ser poeta para liberarme de la indolencia que a veces me aqueja.
LOS DESPLAZADOS
Casi siempre han dormido al pie de las montañas
y el pan se lo han ganado con la tierra que aran
mas hoy piden limosnas en nuestras capitales
porque en el fértil campo tan sólo hablan las armas.
Yacen en las esquinas y en nuestras grandes plazas
porque no encuentran casa ni pan en estas urbes
y en sus miradas tristes mueren las ilusiones
de ver llegar la paz a esta perdida patria.
Los desplazados huyen para salvar sus vidas
del para y la guerrilla que matan a inocentes
los desplazados duermen sobre un colchón de miedo
y pintan sus recuerdos con gris melancolía.
Han venido a estas urbes para crear miseria
pues de sus gratas tierras echáronlos un día
y van llevando a cuestas el peso del exilio
de este país maldito que ignora sus tristezas.
Wilson Perea Estupiñán.
..
.