Había en el grupo el 2º Jefe que era el Comandante Enrique A., hombre simpático donde los haya, con muy buena figura, soltero y que iba siempre hecho un figurín cuando no iba de uniforme y las solteras europeas que había en Xauen suspiraban por él.
Panorámica de Xauen (Marruecos) en la actualidad.
Enterándose en una conversación un día que fui a la población de Xauen a cobrar la "muna", el sueldo de los áscaris, el de los oficiales del Tabos y la asignación del mismo, me preguntó por mi vida de soltero y no sé por que salió que yo conocía a Virginia de Matos, Emma Penella, su hermana Lili, más conocida en el cine como Elisa Montes y la otra hermana (Terele Pavez). Empezó allí una amistad que duró hasta su muerte siendo ya general y que durante toda su vida cada vez que me veía me daba un abrazo y nunca me llamaba por mi nombre sino "mehalaui".
Tenía la costumbre y para eso contaba con mi colaboración y el otro teniente Pepe C., de que cuando conocía una extranjera, la llevaba a su casa donde unos cuantos askaris hacían guardia (ese día nada más) vestidos con el Suljan (una capa) de gala y lanzas con banderín en ristre.
Aquello a las extrajeras las encandilaba pues se creían en un cuento de las Mil y una Noches y para rematar el golpe, me daba un telefonazo y me decía que "si el Tabor estaba preparado para la inspección". Yo sabía lo que me insinuaba y era coger a cuatro askaris montados a caballo, vestidos de gala, con lanza con banderín y al mando mío salíamos a esperarle cerca de la laguna, mientras el otro Teniente se ocupaba de que mi mujer, ni la mujer del capitán ni este se enterase de la llegada del 2º Jefe. Calculábamos lo que tardaría en llegar y con un cuarto de hora antes de lo pensado salía con los cuatro jinetes y cuando llegaba el Comandante acompañado de la extrajera los jinetes se colocaban dos a cada lado del coche del comandante y yo le saludaba militarmente y le decía "Makemba Maior" y otras veces "Hatta haya Jarrab Tami Mehal-la. Otras veces era Pepe C. el otro Teniente el que lo hacía, el caso es que el Comandante se volvía a su acompañante y la decía "Dicen que no hay novedad". Y escoltados por los cinco jinetes le conducíamos hasta la puerta de la residencia donde se le había preparado un té moruno.
Si yo le hubiera contestado cuando me llamó un "que no", era porque la mujer del capitán o la mía estaban allí y el Capitán NO se había ido a dar una gran caminata, como tenía por costumbre. Naturalmente cuando regresaban a Xauen veíamos a la extranjerita abobada con aquel hombre que le hacía soñar de ser la protagonista de una película en la Arabia.
Estas cosas hacían olvidar el tedio de vivir en un poblado aburrido, frío y de una monotonía a veces insoportable...al menos eso pensábamos hasta que ocurrió, lo que ocurrió.
PERO ESO ES OTRA HISTORIA.
Mariano Cañas.