El mes de marzo, lo pasé trabajando en la empresa, para ganar unas pesetas que me permitieran posteriormente vivir un poco mejor el resto del servicio. Gané una buena pasta de entonces que ingresé en mi cartilla de Correos con la que casi me sustentaría el resto del servicio, amén de otros envíos económicos de mis padres.
Foto de aquel mismo día, poco antes de coger el tren que me regresaba de nuevo al cuartel.
Cuando regresé al cuartel, un 31 de marzo algo antes de la retreta, triste y con el corazón en un puño, abrí la puerta de la Cía. y lo primero que hice fue mirar a fondo la gran habitación. Fue así como noté la llegada del siguiente reemplazo al mío, pues caras nuevas se apreciaban en las sillas de metal… En ellas alguien que luego sería importante y todavía lo sigue siendo. Pedro, había llegado en ese reemplazo.
Sobre éste tema, el próximo martes 31-03-2009 colocaré una entrada.
En un ratillo libre y antes de la cena, me fui a las dependencias de cocina para saludar a todos. Mí vuelta sobre todo tuvo un objetivo casi único: volver a sentir el calor de “Águila”.
En aquel momento, el Sr. Carlos removía una gran cacerola, parecida en tamaño a la de Asterix y sus pócimas. Le pregunté por el animal y no me contestó. Seguía removiendo el contenido de la gigantesca olla de metal. Me acerqué y observé el lento girar de una sopa espesa. Sin saber la causa sentí un escalofrío. Volví a interrogarle. Levantó uno de sus ojos hacia mí. Titubeó.
–Desapareció hace unos días. Me dijo.
De lejos una voz preguntó el menú de noche. Carlos giró su otro ojo hacia un punto indeterminado a su izquierda, creo y gritó:
-Para la noche “sopa de… pollo”!!!.
Aquella noche no cené.
Sigue…/…