No dije que el primer mes fue mi Brigada Centeno quien ayudaba en todo momento y realmente el lugar donde le conocí, sin duda gracias a sus consejos y a el como persona, que estabilizaba todo, uno pudo seguir adelante, en todo caso poco más que añadir sobre él, pues muchas veces se ha escrito ya en el blog en torno a su figura. Dentro de “cocina” siempre lo recuerdo sobre todo en aquel viaje en el que fuimos a Vicalvaro para coger material de platos, vasos y cubiertos para la tropa del cuartel. (Archivo30/ Enero/2008:” Va de platos”).
El segundo mes quien llevaba el tema intendencia no era ya el brigada, esta vez era un sargento recién llegado de su viaje de novios, un personaje raro de narices, apenas recuerdo nada de él pero para que quien esto lea y se haga una idea contaré que una tarde se trajo la calculadora que se había comprado en Canarias y de la que no entendía su uso, por lo que sabiendo que era yo administrativo intuyó que le ayudaría. Lo hice, pero no por ser yo muy listo…no, es que la calculadora era más simple que una piruleta. Y no, el sargento no sabía manejarla por lo que con eso explico lo que me tocó currar en sentidos contables aquel mes. No, el sargento del que no (quiero) recuerdo su nombre, no me ayudó en momento alguno. Pero tampoco molestó, todo hay que decirlo.
Terminaba ya mi segundo mes de cocina y esperaba ansioso “el premio” que intuía notable. Así fue en cierto modo. El último día, un recluta me llamó, indicando que saliera al patio de armas del cuartel y que en medio del mismo estaría el capitán Córdoba y el de ahora, el capitán Rodrigo.
Tras el saludo, tomó la palabra el nuevo mando:
-Te damos un mes de rebaje, normalmente se da mes de fiesta por mes de trabajo en cocina, pero has estado dos y darte ahora sesenta días es una barbaridad, así que vete ésta tarde a la hora del paseo y regresa el día treinta y uno de marzo, tienes un mes de….sencillamente no estar aquí; sobre todo no se lo digas a nadie. Por cierto, te agradecemos tu labor; lo has hecho bien. Recuerda, el treinta y uno, a la hora del paseo regresas.
El capitán Córdoba, tosco como era dijo:
-Jodido, un mes de paseo, no esta mal. Marcha, te lo has ganado.
Esperaba dos meses, pero… A caballo regalado, no le mires…los días de fiesta. Era la primera vez en la mili, que tenía un momento de verdadera alegría.
Corriendo como alma que llevaba el diablo subí a la Cía y comenté por encima con los amigos y compañeros lo sucedido y recogí lo fundamental en el petate; no me faltaba -por cierto- el candado.
Terminó mi estancia en la cocina y me marché de permiso sin apenas tiempo para despedirme de casi nadie. Recogí algunas cosas personales del cajón de la mesa que me había servido para tantas papeletas y al cerrar y ordenar todo para el siguiente administrativo de no recuerdo ya que CIA. Me di cuenta de que “águila” me mirada de reojo subida en una silla. ¿Cómo subió? Ni idea. Me acerque a la rapaz, acaricié su cocorota y por primera vez acerqué mi mano al pico que abrió sin interés de hacerme daño.
-Adiós “bicha” que preciosa eres; ¡parece tengas menos grasa! ¿Cómo has subido a la silla? Si no sabes volar.
Cerré la puerta despacio y el animalillo se quedo allí, subido, como queriendo venir conmigo. Pero…
Vestido ya con el traje de “bonito” para salir a la calle, calada la gorra negra de “carros” hasta la cejas, miré a Luis (mi buen amigo) y éste me despidió con una enorme sonrisa, con verdadero afecto; nos abrazamos y noté que lo echaría de menos. Bajaba las escaleras rápido como una bala de pistola 9 mm..... Parabellum.
Aún llegue a tiempo a la estación de Chamartin atravesando literalmente Madrid en metro. Sobre las ocho partía en el tren que me haría llegar a Zaragoza, a casa, cerca de la medianoche. Di, claro, una sorpresa a mis padres, pues lógicamente no me esperaban.
Sigue…/…