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Tiempos de mili en Wad Ras 55

Recuerdos, fotos, aventuras, nostalgias y añoranzas de la mili en el viejo cuartel WAD RAS 55 en el Madrid de los años setenta.

 
 
     
 
martes 24/marzo/2009 20:18

DE COCINA 5ª parte “ Y aún seguimos….”.


Mi última (supuesta) jornada de cocina aquel mes de enero/79 me hizo recordar que la vida militar volvería a ser mas activa dentro de la Cía con la instrucción diaria  incluida, pero  llegó la sorpresa.  

Mi Cía. cambiaba de capitán, ahora el Capitán Eustasio Rodrigo Mata sería el nuevo mando, con muchos mas modales, mas fino, pero a la vez mas implacable y mira tú por donde, le habían asignado ser “capitán de cocina” para el mes de febrero/79. Cuando me presenté a Rodrigo recibí la noticia que no era otra lógicamente que ser nombrado de nuevo oficinista de cocina, pues uno ya se sabía los menesteres internos, para que enseñar a nadie mas. Como el mismo dijo en frase hecha…

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       - “Si algo funciona… ¿para que cambiarlo?”.

El cocinero Carlos se alegró, ó eso parecía al menos por lo que dijo, pues su rostro era siempre igual de terrible, pero si, creo que abrió el ojo un poco mas de lo habitual, el ojo inútil…recuerdo. El caso es que Carlos -debo decirlo- cuando hablaba de sus cosas, parecía incluso ser buena persona y realmente llegamos a intimar un poco; solo un poco. Es que eso de hacer menús, colocar un número de  proteínas y calorías a los alimentos en aquellas papeletas rancheras de tiempos remotos, definitivamente… unía.     

El águila, MI águila, que a escondidas con trapos de todo tipo algo humedecidos pasaba pos su plumaje para paliar la ya citada grasa, siguió siendo fiel cual canino, seguía paseando de vez en cuando conmigo por las dependencias, pero la pobre nunca salía al exterior; una vez lo intenté para ver si volaba de una vez y se hacia libre, pero solo sacó poco mas que el pico de la puerta trasera de la dependencias aquella y se volvió a meter. Insistía en que saliese al exterior, pero se largaba al cuarto trastero en donde la conocí, por cierto. Nada se podía hacer a ese respecto.

Durante aquel mes de febrero, un domingo, incitado por algunos amigos, salí de fiesta por la tarde y me fui a ver un partido de fútbol al estadio Vicente Calderón; yo que de futbol no se nada. Era la primera vez que acudía a ver un partido, que aunque no me gustaba, pues bueno…no dejaba de ser una experiencia nueva y por ello acepté. (Archivo 13-Junio/2006 *Vomitorio 63*).

         Sigue…/…



 
 
   · autor: ferapaly  · sección: General  
     
   
 
     
 

Comentarios

  • miércoles 25/marzo/2009 15:45 · Antonio escribió:
    Esta serie de relatos sobre la cocina, me han dejado pasmado. Mira que he oído historias raras de la mili, pero como ésta, ninguna. Excepcional y asombrosa. ¿Que demontres hacía ese pájaro allí? Misterios de la vida cuartelera, quizá herencia ancestral.

    En mi mili, también conocí al cocinero, muy gordo él. No hablaba casi nunca, pero se las arreglaba para lograr guisos comestibles de materias primas cercanas a la porquería. De hecho, él lo sabía y recomendaba no comerse "aquello". De hecho, tragarse el segundo plato, carne o pescado, era apuesta segura para problemas de estómago y tripas.

    Pasé rara vez por cocina, de servicio, era asqueroso. No por el material que era nuevo sino por el método y materias que se usaban. Cambiana esos turnos por gusradias o lo que fuese con tal de no pisar el lugar.

    Curioso el hecho de que con algunos capitanes, pocos, se comía decente, con el resto, era repugnante sentarse ante los platos. Creo que sobreviví la mili a base de bocatas y de las comidas externas. De hecho, salir de paseo no era para caminar, sino para comer algo decente.

    Lo del berbercio en la mili ya es asunto legendario. Raro era el cuartel en que no hubiese especialistas en empinar el codo. Conocí un brigada, persona noble y simpática además de ser técnicamente muy competente, que tras toda una vida en la legión y todos los cuerpos africanos habidos, era capaz de beberse media botella de coñac sin pestañear. La otra mitad la reservaba para cuando acababa el servicio. Pués bien, no se tratabillaba al hablar, no perdía el equilibrio, seguía siendo competente, hacía las cosas bien. No se le notaba nada. Era asombroso. Debía tener varios hígados. De las curdas que se montaban en la residencia de oficiales, con el personal agarrándose a las paredes páter incluído, mejor no hablo. Solo digo que los que nos tocaba guardia, estábamos atentos a los alegres juerguistas por si les daba por ir a tocar las narices a algún centinela, cosa que ocurrió y encima con el oficial vestido de civil. Y estaba de servicio...

    En fin, cosas de la mili

    Saludos y enhorabuena por los relatos.
  • miércoles 25/marzo/2009 17:53 · Fer.A. escribió:
    Gracias Antonio, me alegro de que te gusten los relatos, faltan dos capitulillos mas. No menos interesante es lo que cuentas en tu comentario, una variante del mundo comida/bebercio muy realista y cercano a lo que conocimos muchos. Como dices, eran "cosas (nuestras batallitas)de la mili".
    Fer.A.
  • miércoles 25/marzo/2009 21:22 · Antonio escribió:
    Gracias Fer, como escribí cuando llegué a este sitio, cambiando algunas cosas por aquello de los diferentes cuerpos y armas, parece que todos estuvimos en el mismo sitio y con la misma gente. Me deja asombrado comprobar que nuestras experiencias tienen bastante de común. Incluso leyendo de milis en diferentes épocas, varían en detalles como que antes se repartían mas bofetadas o e vivía en alojamientos infames, pero el resto, el fondo sigue siendo el mismo.
    Por todo esto, aunque nunca me subí a un carro, sólo los ví pasar a mi lado, eran de Infantería de Marina y tras tanto tiempo de leeros, hasta me dá la impresión que estuve "recluído" por vuestro cuartel.
    Y en el fondo, teneis razón con lo de que un trozo de nuestras vidas se quedó tras esos muros y en esas garitas en que se vigilaba al oficial de guardia. Tampoco comprendo el porqué a veces uno regresa atrás en el tiempo como por ejemplo hago de vez en cuando que con el Google Earth visito el lugar de mi encierro involuntario. El cochambroso cobertizo de techo de uralita en que viví ya lo ha echado abajo, pero el resto sigue igual. No volvería a la mili otra vez, pero si me gustaría visitar el lugar. No entiendo ni porqué me ocurre eso, pero en fin, misterios del insconciente o algo así.
    Saludos cordiales y enhorabuena una vez mas por vuestros magníficos relatos.
 
 
     
     
 
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