Los seguidores habituales del blog ya habrán leído este texto en los comentarios de las entradas dedicadas a la cocina. Hemos preferido que aparezca como entrada dado su interés. Agradecemos a Isaac Adillo sus acertadas palabras que nos dan una nueva visión de aquel extraño universo que surtía nuestras hambrientas "panzas" en el cuartel.
Saludos a todos.
Fermín.
Sí, con el Cp. Córdoba se comía mejor, su tamaño ya delataba que era amante de la buena cocina y de la buena bebida; a mi particularmente me caía bien y me parecía buena persona, dentro de lo que te encontrabas por allí.
La lástima era que a las 10 de la mañana, ya iba completamente "cocido", y eso lo hacía demasiado impredecible.
Recuerdo unas maniobras en Robledillo de Mohernando, a su mando. Se hizo una enorme sardinada en el campamento, a la que todo el pueblo estaba invitado, paseábamos a los niños y no tan niños en los carros subiendo y bajando por una loma, algo impensable hoy día; casi todas las tardes nos daba un rato de asueto en el pueblo (cuatro casas mal contadas) en sus dos bares, antes de ir a dormir.
Un día se empeñó en coger la ambulancia para ir al pueblo, que estaba a unos escasos 500 metros para ir a tomar algo; el caso es que la ambulancia acabo embarrancada en una acequia a 50 m. del campamento.
Son las únicas maniobras que recuerdo con una sonrisa; otro día mientras todos estaban pegando botes por el campo, yo quedé al mando del reten/guardia del campamento, parecido al lobo que guarda las ovejas, pasamos media mañana en un micro-bar del pueblo que estaba en un lugar discreto, y otro buen rato bañándonos en los lavaderos comunitarios, una construcción preciosa y antigua, techada, seguramente mas ornamental que practica porque por allí no apareció nadie a lavar la ropa.
Habíamos montado las tiendas en una pequeña loma, ya al atardecer y con poca luz; al día siguiente vimos que había por el suelo muchos pequeños agujeritos, y descubrimos que dentro de cada uno vivía una araña, tarántulas supongo, también descubrimos que debajo de cada piedra que levantabas había un escorpión, y una de nuestros entretenimientos durante los días posteriores, consistió en organizar luchas a muerte entre ambos animales.
Ese mismo día que estaba de retén, por la noche organizaron una movidita, consistente en montar a todos los soldados en los camiones, con las lonas cerradas, recorrer varios kilómetros y dejarlos abandonados en la oscuridad de la noche para que volviesen andando sin ninguna referencia ni rumbo, mientras los oficiales y suboficiales se volvían en los camiones y se echaban a dormir; los del reten que también hacíamos las imaginarias, les oíamos a lo lejos en la noche sin que consiguiesen orientarse, e intentábamos ayudarlos con los encendedores como referencia y algún golpecito o voces discretas.
Por cierto el propio capitán, se encargo de preparar leche de pantera en un enorme barreño para acompañar o a continuación de la sardinada.
Un saludo.
Isaac Adillo 