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Tiempos de mili en Wad Ras 55

Recuerdos, fotos, aventuras, nostalgias y añoranzas de la mili en el viejo cuartel WAD RAS 55 en el Madrid de los años setenta.

 
 
     
 
Tuesday 19/August/2008 12:58

Wadrreros en la Expo. Parte 2: Los tres mosqueteros.


Os habíamos prometido que la serie “Wadrreros en la Expo” tendría en breve más capítulos. Pues bien, aquí los tenéis. Los mayorales, Fer A. y Pedro se han vuelto a reencontrar tras veintimuchos años en la Zaragoza del primero con motivo de la Expo del Agua. Y al encuentro se ha unido el tercer miembro de aquel grupo que nació en época cuartelera y que ya ha aparecido en el blog en alguna ocasión: Fermín Esteban, el Ranchero por excelencia. (Le dedicamos una entrada llamada  "FERMIN EL RANCHERO", en Enero de 2006  que podéis buscar en el archivo del blog).

Os dejamos primero una foto de los tiempos wadrreros y la primera parte de una aproximación literaria del encuentro escrita con la emoción a flor de piel.

En la siguiente entrada la imagen será actual y finalizará la crónica.

Saludos a todos.

Pedro A.

0000_1_1a_tres_mosq_monolito_wad_ras.jpg

(Fermín A. Fermín Esteban y Pedro A. con el monolito de la entrada del Wad Ras de fondo. 1978/79) 

 

EL ENCUENTRO.

Con la mirada aun casi perdida, incrustada diríase, en el marcador de velocidad del AVE –que llegó a 302 km/h-, la estación Delicias apareció como un oasis de color arena perlada solo mancillada por las rectilíneas rampas andantes que comunican el subsuelo burbujeante de vías, traviesas y raíles con la superficie. El sur había quedado atrás casi de alborada.

Unos pasos, en principio titubeantes, una inquietud escrutadora, un giro de cabeza en busca de lo esperado. Un alguien que se acerca y a quien no distingues entre la multitud. Una voz que se acerca y pronuncia tu nombre. Unos brazos que te estrechan. Unas palabras que te envuelven y te empujan hacia atrás más de veinte años en el calendario…

Fermín Esteban, el Ranchero, el compañero del alma, el hombro que soportó lágrimas, el oído que supo atesorar susurros de alegría contenida, de sufrimiento compartido, el amigo que siempre estuvo en ese lugar en el que uno espera encontrar el alivio, el  soporte, la fortaleza de la comprensión, la risa que esconde el dolor, la mano que te guía… Extrovertido y con un desbordante mundo interior. Él estaba allí, frente a nosotros. Ana y yo lo miramos, al principio sin distinguirlo. Después su imagen se formó rápida y viva. Sus pasos –aquellos pasos recordados- semejantes a sílabas, desgranaron frases coordinadas con sus labios. ¡Dios mío! Dijo alguien. ¡Pedro!; ¡Fermín!...

El sonido se volvió quedo ante el abrazo. La fuerza de los brazos intentó sonsacar el paso de los tiempos. Vano esfuerzo.

¿Quién dijo algo? ¿Quién articuló palabras de bienvenida?. Debió ser el Tiempo con mayúscula. No han quedado nítidas en el recuerdo. Las letras pronunciadas son solo –ahora- sensaciones. Escenas cinematográficas que solo han sido reales en el instante fugaz que nos impidió aprehenderlas con cualquiera de los cinco sentidos que pretendimos azuzar para el momento.

El plano siguiente huele a taxi acalorado, a recuerdos de Fermín pasando por su viejo barrio de niñez juguetona, a intercambio de jirones de vida entrecortada… ¿Qué has hecho? ¿Cómo has vivido? ¿Qué has pensado? ¿Dónde estás? ¿Cómo conjugas esos verbos del día a día?...

Hijos que han crecido, esposas que han dado sentido al camino, ilusiones prendidas en las insignificantes esquirlas que saltan por doquier cuando rozamos la vida con la realidad que soñamos… divinas y humanas presencias se hicieron verbo en aquel taxi que, inmune a los recuerdos, vibraba feliz sobre el asfalto tibio hasta el final del primer trayecto.

La Zaragoza agosteña tintineaba en las fachadas iluminadas por un sol de cálida justicia. En la otra acera, el hotel con nombre de leyenda. Puerta al Oriente, a lo deseado, a lo buscado.

Un paso de cebra. Un semáforo en rojo. Una mano en el hombro. Otra voz. Otro Fermín. Ahora el oficinista de serio y adusto semblante en aquel perdido cuartel ya desmantelado. El compañero de oficios y vales de comida, de máquinas de escribir y furrielería polvorienta. El amigo continuo y permanente. Un referente de seriedad combinada con un extraño punto de tierno interior escondido. Siempre presente, siempre al acecho, siempre al quite. Introvertido, con la mano extendida, la mirada firme y el corazón palpitante de humanidad serena…

Otro encuentro de extraña plasmación, casi irreal. Una voz, una imagen que rastrea los sentidos hasta el extremo. Una emoción que raya en el dolor. Un soplo de aire irrespirable que tapona las frágiles branquias de lo real. Demasiados años, quizá, sin enfrentarnos frente a frente. Tiempo que estalla en un solo instante y que tiñe de blanco suspiro el cabello, la barba… hasta un fragmento de alma  podríamos decir que encaneció también bajo nuestras miradas. Salvo en ese blanquecino velo, nada más había cambiado. El risueño galopar de las voces destronó al árido reloj. El brillo nuevo de los ojos de antaño renovó el escenario y los personajes supimos, de pronto, recitar el papel que nunca estudiamos. El encuentro –como un nuevo individuo unido a todos- nos fue guiando lentamente, poniendo en nuestras bocas lo que una mente desasosegada intentaba hilvanar...

Continuará...

Pedro A.



 
 
   · autor: ferapaly  · sección: General  
     
   
 
     
 

Comentarios

  • Wednesday 20/August/2008 08:42 · Isaac escribió:
    JO---, Se me ha hecho un nudo en la garganta, y los ojos me han quedado vidriosos...
  • Wednesday 20/August/2008 21:05 · 1º liria plm mz escribió:
    Impresionante, felicidades
 
 
     
     
 
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