Carnaval
El carnaval llega a su fin y mañana miércoles comienza la cuaresma. Posiblemente algunos quisieran que el carnaval se prolongara indefinidamente para disfrutar sin límites, pero el calendario y la realidad se impone de grado, o por la fuerza. Y este año con especial ímpetu.
Disfraz de carnaval
Carnaval es el nombre del período de tres a cinco días que, para los católicos, preceden al comienzo de la cuaresma y, principalmente, el de la fiesta popular que se celebra en tales días, que consiste en bailes de máscaras, disfraces, comparsas y otros regocijos bulliciosos.
Algunos antropólogos han dicho que el carnaval es una fiesta de inversión social, en la que los pobres se sienten ricos y los poderosos trabajan al servicio de los habitantes de los barrios más pobres. De acuerdo con esta tesis, la inversión social funciona como una válvula de escape que alivia tensiones sociales y permite el mantenimiento del statu quo. Esto es particularmente verdadero en el Carnaval de Río de Janeiro, donde no es raro ver un empresario o un diplomático empujando un carro alegórico, desde lo alto del cual un favelado saluda majestuosamente al público, vestido de emperador romano o de dios griego.
El origen de la fiesta se remonta por lo menos a las celebraciones orgiásticas del Imperio Romano, en honor de Baco y de Saturno, conocidas respectivamente como bacanales y saturnalias, pero aquí nos limitamos al origen de la palabra carnaval, que se sitúa en la Edad Media en Italia, principalmente en Roma, Venecia, Florencia, Turín y Nápoles.
En español, carnaval aparece ya en el Diccionario de Nebrija, en 1495, en el cual se define «Carnaval o carnes tollendas: carnis priuium» (privación de la carne).
En cuanto al origen de la palabra, los autores coinciden en señalar la palabra italiana carnevale, que proviene del antiguo carne levare (quitar la carne) porque después del carnaval los católicos inician el período de cuaresma, cuarenta días durante los cuales no se come carne. Confirma este origen el sinónimo español carnestolendas¸ del latín tollere (abandonar).
Actualmente ha quedado descartada la seudoetimología fundada en el otro sentido de la palabra levare (confortar, consolar) con base en la cual, se había afirmado durante mucho tiempo, que carnevale o carne levare significaba 'confortar al cuerpo para prepararlo para la austeridad de la Cuaresma'...
En Navamorales el carnaval era una fiesta que marcaba la distancia de cuarenta días antes de la Semana Santa. Como en cualquier lugar de nuestra piel de toro, durante el franquismo el carnaval estuvo prohibido, y sólo allá por la década de los años 60 recuerdo algún carnaval, en el que la iniciativa partía de los quintos y, a su alrededor alguna que otra manifestación mínima de los mismos.
Los disfraces no eran otra cosa que atuendos sacados del fondo de armario con prendas antiguas, pañuelos lujosos bordados a mano, y capas de paño negras, con rivetes de colores, que vestían los mozos y las mozas para estos días.
Los quintos recorrían las casas de los vecinos pidiendo chorizos morcillas o lomos, que luego servían de base a una ostentosa comida, alrededor de una fiesta con su bacanal. Era frecuente animar el cotarro con instrumentos como el almirez y botellas de Anís del Mono, que como bien se sabe son de cristal labrado y permiten un facil acompañamiento a otros utensilios musicales.
El almirez es una especie de mortero generalmente de cobre que se utilizaba el día de carnaval como instrumento musical.
Lo más significativo de este periodo que va entre el carnaval y la Semana Santa era La Cuaresma. Este periodo como hemos dicho, afectado por la todopoderosa iglesia, dejaba a la juventud casi sin el único espacio de acercamiento permitido, que lo costituía el baile en el salón.
Los supuestos excesos del carnaval, en cuanto a la comida, la bebida, y otros vicios menos confesables, iban a tener un paréntesis a lo largo de toda la Cuaresma. Y si no había el baile, se había de inventar otro tipo de opción de aproximación entre los jóvenes: El paseo.
No había baile; había paseo. Y ello no era otra cosa, que la salida de los mozos y mozas los domingos de la cuaresma y en especial de la chiquillada, por la carretera que va a parar a la Caseta de la Virgen, y de allí por la carretera comarcal, llegando incluso hasta el pueblo próximo: El Villar de Corneja.
Se ha de decir que hasta los años 70 del pasado siglo, existía una venta en el cruce de la carretera que se dirige a Gallegos de Solmirón; llegar allí era un record para los más jóvenes y, no eran infrecuentes los intercambios de comunicación entre mozos y mozas de ambos pueblos. En alguna ocasión, las siempre solapadas rivalidades entre pueblos vecinos, desencadenaba algún desafortunado desencuentro, que nunca llegó a mayores.
Tal vez sea de aquellos entonces de cuando yo, personalmente guardo un marcado recuerdo del sobrenombre que les atribuíamos a los del pueblo de al lado “comalíos”, que llevaba una carga valorativa de lo menos recomendable. Ellos a nosotros nos llamaban “pizarreños” y no me atrevo a decir si la intencionalidad tenía o no la misma maledicencia por su parte. También en aquellos paseos, no eran ajenos los “socarraos” o los “chapuceros”, lo cual viene a significar, que el paseo se convertía en una ocasión para la intercomunicación interpoblacional, imposible de cualquier otra manera.
Hoy ya casi nadie recuerda que La Cuaresma era una época de ayuno; bueno, de ayuno y abstinencia. Hoy a algunos se nos vuelven a rememorar aquellos tiempos, cuando conviven con nosotros magrebíes que fieles al islam, celebran cada año, y durante un mes entero, el Ramadan; y se lo toman del todo en serio; aún recuerdo yo, cuando eso de no comer carne durante algunos días de la cuaresma, especialmente los viernes, era del todo respetado y cumplido.
El arraigo de algunos de estos ritos y costumbres debe venir nada más y nada menos, que de la época de nuestro padre Adán, al que se permitió en un principio alojarse en el Paraiso y, disfrutar de todas y cada una de las excelentes frutas que en él se criaban; pero hete aquí que para ponerle a prueba de su obediencia, ¿porque sinó para que iba a ser?, Dios le prohibió comer fruta del árbol, manzano él, que llamó de la ciencia del bien y del mal. Y claro está, si me lo prohiben – ¡por algo será!, y ahí tienes a la mujer, - que mujer tenía que ser, ayudada en sus maledicencias nada más y nada menos que por una vibora, bueno llamémosla serpiente, que parece que suena algo mejor. Y Adan, cayó de cuatro patas. Desobedeció, y se acabaron los buenos tiempos.
Desde entonces, los mortales quedamos invalidados para el disfrute porque sí; ahora si quieres disfrutar te lo curras primero, y luego, ya veremos. - Te ganarás el pan con el sudor de tu frente; y así nos va la vida. Claro que siempre hubo duros de oído, y no acostumbran a faltar los sordos de conveniencia, y de nuevo, hecha la ley hecha la trampa; algunos entendieron esto otro: a partir de ahora te ganarás el pan con el sudor del de enfrente; y aquí hemos desembocado hoy, con los inumerables casos de corrupción. Por lo que se observa, los políticos no son nada aficionados a visitar al otorrinolaríngólogo.
Las corruptelas son cosa de ahora porque antes... Bueno antes también. Nuestro libro de sobremesa ya citado en nuestro blog, en alguna que otra ocasión,El Lazarillo de Tormes, nos da una lección magistral de cuando Lázaro se ganó el sustento, acompañando a un vendedor de bulas. ¡Sí sí! , en Navamorales, en cuaresma, se había de ayunar, tal y como lo mandaba la santa madre iglesia; pero no todos.
Buñuelos de cuaresma
El que tenía posibilidades de conseguir una bula (documento gráfico) que costaba su dinerito, quedaba exento, durante todo el año de someterse a este sacrificio. Díce Lázaro, que al final abandonó a este amo porque -
¡ Cuantos burladores como estos deben de haber que se aprovechan de gente inocente!
La bula que eximía de ayunar y abstenerse de comer carne
No obstante, recuerdo que cualquier terapia suele ir acompanyada del mensaje del ayuno, aunque bien creo que no era el caso de aquellos tiempos en Navamorales. Allí el ayuno se hacía más bien por necesidad. La estética del niño gordo no era conocida en mi infancia. No hacía falta épocas de ayuno, ya que el ayuno y la abstinencia lo eran por obligación, y durante todo el año.
Dejemos hoy martes, el último día de carnaval, y pasemos al mañana, primer día de cuaresma, que tal vez este año sea de rememoranza, y no voluntaria, de aquellos años de la posguerra. ¡ Ay que tiempos aquellos que pue que no vuelvan!
DGH