Ya en la Biblia José fue prevenido, de guardar algo que sobraba de los años de abundancia, para los años de escasez, que los habían de suceder.
¡ La que se avecina!
( Los niños de la abundancia… y ser de pueblo)
( La crisis va a poner a prueba a ésta generación de niños, adolescentes y jóvenes hiperconsumistas) ¿ Y ahora que vienen mal dadas? ¡Hagamos un poco de pedagogía! ...
Nos hablaron de desaceleración, de un menor crecimiento, de una minicrisis pasajera, y ahora hemos descubierto que entramos de lleno en una crisis de rango elevado y que afecta a todos los países, de todo el mundo, y por supuesto al común de los mortales. La globalización también lo es de la crisis. Sin eufemismos, hoy ya podemos decir que estamos atravesando la crisis financiera y económica mundial tal vez más importante de la historia.
La del 29, del pasado siglo, fue la primera gran crisis, para los que habían entrado ya en el mundo de verdad; los desheredados sencillamente siguieron, auque algo peor.
Los expertos anuncian de los efectos de esta crisis, en el hábito hiperconsumista de las nuevas generaciones; en especial de los niños y adolescentes. También de los jóvenesos de treinta años para abajo, que tal vez ahora, se perciban de que el pedir cualquier cosa, para ya, y con exigencias, sea un hábito que entre en deshuso. Y es que, es fácil acostumbrarse a vivir mejor que vivieron nuestros padres. Esa respuesta ha sido grata y de ello, nosotros, y la generación anterior, se han sentido orgullosos; pero, ¿cómo encajará la nueva juventud, hoy adolescencia, un recorte de suministro al que venían acostumbrados? He aquí la cuestión.
Estos “pitufos”de hoy , que con ocho años ya van por la tercera o cuarta generación de móvil estrenado y dilapidado. Esos niños que han viajado ya, en su corta edad a más lugares lejanos de los que nunca ni siquiera soñaron sus abuelos.
Estos que nunca oyeron hablar de “pasarlas de a kilo”, “pasarlas canutas”, o “pasarlas estrechas”, y en ningún caso, de crisis. Son niños o adolescentes que vinieron al mundo en época de bonanza, en donde bastaba con pedir. De los que no están acostumbrados a un “no”, ante una petición, incluso impertinente; y de esta cultura, están también impregnados las nuevas generaciones de padres, que han dado a entender a sus hijos que no había límites en sus peticiones, creando así pequeños tiranos que se han acostumbrado, a consumir sin límite necesidades superfluas más allá de las básicas. Recordemos qué son, para un niño de hoy, determinadas marcas o aparatos electrónicos de última generación.
Arremeto directamente contra estos padres que asientan su comportamiento permisivo en afirmaciones, que todos hemos oído alguna vez: ¡que disfrute de todo lo que yo no tuve! ¿ Cómo no se lo voy a comprar si yo me lo puedo permitir? O ¡No quiero que sea menos que los demás!
Esta generación creciente se educa así en un sistema que nunca le proporcionó una negativa, desarrollando una bajísima tolerancia a la frustración; ello da lugar con excesiva frecuencia a una debilidad e inmadurez, que propicia con cierta frecuencia, conductas delictivas; y si no es así como mínimo será una persona incapaz de marcarse retos a medio a largo término; este individuo necesita respuestas satisfactorias inmediatas, si no, no juega. ¡Quiero esto, y ya !
Los expertos analizan la base de este comportamiento, y lo argumentan diciendo que no se ha enseñado a distinguir lo esencial, de lo básico e imprescindible. Confundiéndolo todo. Hoy, el móvil, que no tuvimos nunca ningún niño ni joven de nuestra generación es imprescindible para cualquiera de la generación actual.
¿Quién nos ha inculcado esta necesidad? Tal vez alguien interesado. Hoy las compañías de comunicación se están literalmente “forrando”, a costa de un hecho superfluo, que hace sólo unos 20 años llevaba sólo Mario Conde en su coche, el presidente del gobierno y tal vez el rey –supongo-, y sin embargo en este corto espacio de tiempo, nos lo han vendido como un objeto imprescindible: me refiero sólo a un objeto, que hoy ya tenemos, poco menos que por imprescindible: el teléfono movil.
El escaparate nos ha idiotizado a todos; y algunos, tal vez se lo puedan permitir; pero hoy, más de uno acostumbrado a sobrepasarlo, habrá de dar marcha atrás… y eso no será fácil. De mal a bien, ¡qué bien!; pero bien a mal ¡qué mal!
Pero a lo que íbamos, tal vez, y esto no lo digo yo, los mejor preparados para este envite que se nos viene encima son, la generación de los más mayores; y sobre todo de aquellos que nos criamos en un pueblo como Navamorales, y en donde había poco que tirar. Allí, y con muy pocas diferencias, la palabra despilfarro no se conocía. Como ya he comentado en algún otro pasaje de este blog, la llegada de los Reyes Magos, por poner un ejemplo, venía en forma de un plumier de dos pisos y una caja de colores Alpino; esto en el mejor de los casos. Los Reyes Magos, a los niños malos no los traían, ni carbón. Un nabo bien gordo y a punto de congelarse. Por si algún lector urbanita llega a este punto y se sorprende advertiremos, que en Navamorales, allá por las Navidades se recolectaba una cosecha procedente de la ribera de Las Vegas, que eran los nabos, ( rabanitos algo más gruesos ), que bien pelados eran un bocado exquisito, pero nabos , al fin y al cabo.
Afirmo entonces, que los que nacimos y nos criamos en esa posguerra sórdida, estamos más capacitados para afrontar la crisis económica, porque crecimos entre dificultades de todo tipo, y aprendimos a distinguir perfectamente lo que era estrictamente necesario para vivir. Yo creo que si algo bueno ha de tener la crisis que se avecina, es justamente el hecho de que aprendamos a establecer las bases de un consumo más racional y responsable. Y por acabar dándole al problema una pequeña salida pedagógica se me ocurre que incluso en tiempos difíciles se puede aprender algo positivo, y ello se lograría si conseguimos:
.Demostrar que tener más, no nos garantiza mayor felicidad.
. Deberíamos atender a los anuncios publicitarios con una mirada crítica.
. Tal vez ahorrar para el futuro no sea una mala idea.
. Se impone el reciclaje, la reutilización de las cosas. Nuesrtro planeta no aguanta.
. Y para terminar, reivindicar que el ser de pueblo, no es tan troglodita como algunos quieren pintarlo. Precisamente una buena parte de los habitantes de la gran ciudad, provienen del campo. Lo que pasa es que nos hemos olvidado, e incluso en más de una ocasión despreciado la condición de ser de pueblo.
DGH