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Navamorales desde la distancia

Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad subjetiva que el autor percibe, de NAVAMORALES, DESDE LA DISTANCIA.

 
 
     
 
sábado 07/junio/2008 12:15

El profundo amor a NavAMORales


 

El  amor de  NavAMORales

(Homenaje a Gabriel y Galán)

¿Por qué estás triste mujer?

¿ Pues no sabes que el querer

Como nosotros lo vemos

Y así todos lo entendemos

Es auténtico placer?

 

Crees que mi amor es menor

Porque tan hondo se encierra

Y es que ignoras que el amor

De los hijos de mi tierra

No sabe ser hablador.

 

¿ No está tu gozo cumplido

Cuando vamos hacia el prado

Paseando entre las flores

Casi todas de tu agrado

Y no se oye ni un suspiro?

 

¿ Te place la patria mía?

No en los meses del invierno

Ni cuando nieva to’l día

Y los caminos se inundan

De charcos y de agua fría.

 

El campo que está a tus pies

Parece que te acogiera

Como un alfombra de flores

Por tal que te produjera

Más orgullo e interés.

 

Busca en él las soledades

Agua fresca y buen comer

cortas tardes otoñales

Paseos al atardecer

Y pocas solemnidades.

 

Si tú gozarlo supieras

Todo lo que tiene él,  ( Navamorales )

Pronto aquí tu te acogieras

A compartir mi mantel

Y conmigo te vinieras.

 

¿Quieres que vaya a buscar

Pamplina al campo contigo?

A la altura del Nuncar

Hay un prao como te digo

Con mucha para segar.

 

Para que tú te regales

Voy a buscarte un tostón

Por todo lo que tu vales;

¡Que tu vales un montón!

Y más en NavAMORales.

 

Ni conejillo bravío

Que me pidas dejaré

Lo que quieras ¡ amor mío!

Para ti trabajaré

Que por ti pierdo el sentío.

 

¿ Quieres que hiera en su vuelo

A esa paloma torcaz

Para llevarla al puchero

Y comer a lo voraz

Como si fuera un carnero?

 

Si buscas flores sencillas

Todas las tendrás aquí;

En los prados,  campanillas

En la ribera,  claveles,

Y en huerto,  florecillas.

 

Si quieres, rosa temprana

Aquí tienes que esperar

Pues el invierno se ensaña;

Puede que llegue hasta a helar

Bien entrada esta mañana.

 

O vamos a mis sembrados

Para que veas la vesana

Y los surcos bien tirados

Que trazo yo con mi yunta

Derecha,  de lado a lado.

 

Verás mecerse,  aireadas,

Las hojas de los sembrados

los juncos de la ribera

La hierba de las praderas

Las  espigas ya granadas.

 

Y mientras gozas del vago

rumor del viento indulgente

Yo te preparo un buen trago

De cafelito caliente

Para pasar un buen rato.

 

Y conmigo,  nueva Ceres,

Yo te propongo que vengas

Y si tu así  es que lo quieres

Nos vendremos para el pueblo

Que tiene el AMOR que quieres.

 

¿ Sientes ganas de llorar?

Pues no reprimas tu instinto

Yo te quiero recordar

Que todo aquí es muy  distinto

Que allí,  en nuestra gran ciudad.

 

Mas… vamos para el  prao un rato

Retocemos en la hierba;

Tu te quitas esos jatos

Y,  nos echamos la  siesta

Alli cerca del regajo.

 

¿ Quieres que de esa ladera

Nos bajemos hasta el río

Subamos por La Tejera

Se nos quite todo el frio

Y volvamos por la era?

 

¿Lloras? Pues si es de ternura

¡ Tu tienes facilidad!

Aprovecha esta aventura

Sin perder la compostura

Por  toda la eternidad.

 

Mas si lloras desconsuelos

Aquí no te escucharán

Ni los ángeles del cielo

Ni los cárabos del suelo

Por tus lloros llorarán.

 

Y si piensas que es menor

Porque tan hondo se encierra

Recuerda que el hondo amor

De los hijos de esta tierra

No sabe ser hablador.

 

¡ Alégrate, pues, mujer! ,

Que yo sé que,  tú amor,  vales

Y tienes ese interés

Que vale más que la mies

De todo Navamorales.

DGH

 

Poesía Castellana de Jose María Gabriel y Galán

¿Por qué estás triste, mujer?
¿Pues no te sé yo querer
con un amor singular
de aquellos que hacen llorar
de doloroso placer?

Crees que mi amor es menor
porque tan hondo se encierra,
y es que ignoras que el amor
de los hijos de esta tierra
no sabe ser hablador
.

¿No está tu gozo cumplido
viendo desde esta colina
un pueblo a tus pies tendido,
un sol que ante ti declina
y un hombre a tu amor rendido?

¿Te place la patria mía?
No en sus hondas soledades
busques con vana porfía
la estrepitosa alegría
de las doradas ciudades.

El campo que está a tus pies
siempre es tan mudo, tan serio,
tan grave, como hoy lo ves.
No es mi patria un cementerio,
pero un templo sí lo es.

Busca en ella soledades,
serenas melancolías,
profundas tranquilidades,
perennes monotonías
y castizas realidades.

Si tú gozarlas supieras,
ahora mismo depusieras
tu adusto ceño sombrío.
¿Qué de mi patria quisieras
para alegrarte, bien mío?

¿Quieres que vaya a buscar
cuarzos blancos al repecho,
colorines al linar,
nidos de alondra al barbecho
y endrinas al espinar?

Para que tú te regales,
no dejaré una con vida
veloz liebre en los eriales,
ni esquiva perdiz hundida
del cerro en los matorrales,

ni conejillo bravío
dormido bajo el carrasco,
ni mirlo a orillas del río,
ni sisón en el peñasco,
ni alondras en el baldío.

¿Quieres que hiera en su vuelo
a ese milano que el cielo
raya con círculos anchos,
y de sus garras los ganchos
venga a clavar en el suelo,

y, atrás, la cabeza echada,
las plumas te enseñe y rice
de la pechuga alterada,
y ante tus pies agonice
con la pupila espantada?

Si buscas flores sencillas,
hay en el valle violetas,
y gamarzas amarillas,
y estrelladas tijeretas,
y olorosas campanillas.

Si quieres, rosa temprana,
ver los sudores y afanes
que cuesta el pan de mañana,
ven y verás mis gañanes
trajinando en la besana.

O vamos a mis sembrados
y allí verás emulados
de tus labios los carmines,
que parecen amasados
con pétalos de alvergines.

Verás mecerse, aireadas,
del mar de la mies las olas,
aquí y allá salpicadas
de encendidas amapolas
y de jaritas moradas.

Y mientras gozas del vago
rumor de aquel ancho lago
de móviles verdes tules,
yo una corona te hago
de clavelillos azules;

y con ella, nueva Ceres,
reina serás, si tú quieres,
de mis campos y labores,
que reina de mis amores
ya hace tiempo que lo eres.

¿Sientes ganas de llorar?
También las sé yo sufrir
cuando me pongo a pensar
que Dios te puede llevar
y hacerme sin ti vivir.

Más… ¡vamos al prado un rato,
que en él hay sombra de encinas,
murmullos de viento grato
y agua fresca de regato
rebosante de pamplinas!

¿Quieres que de esa ladera
te baje un haz de tomillo,
o que salte a esa pradera
y te traiga un manojillo
de oliente hierba triguera?

¿Lloras? Pues si es de ternura,
deja ese llanto correr,
que es un riego de dulzura,
hijo de la fresca hondura
del manantial del placer.

Mas si lloras desconsuelos
y torturas de los celos,
¡vive Dios, que lloras mal!
Testigos me son los cielos
de que mi amor es leal.

Y si piensas que es menor
porque tan hondo se encierra,
recuerda que el hondo amor
de los hijos de esta tierra
no sabe ser hablador.

Alégrate, pues, mujer,
porque te sé yo querer
con querer tan singular,
que a veces me hace llorar
de doloroso placer…



 
 
   · autor: navamorales  · sección:  
     
   
 
     
 
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