Marchó con solo una lágrima como equipaje. Ni siquiera fue capaz de mirar hacia atrás, hacia la rama en la que quedaba prendida parte de su vida.
Huyó con las manos engarfiadas sobre un último recuerdo. Con la mirada puesta en un mañana sin fecha ni recibo.
Se fue cabizbajo y sin ninguna pincelada de cálida ternura.
Nada quedó tras él. Tan solo una sombra escapando.
Ni siquiera una música casi imperceptible apoyaba sus pasos sonre la hierba cansada.
Tampoco sabía adonde dirigirse. Solo caminó.