Cuando la mañana atisba
el nuevo renacer,
todo desprende el impetuoso aroma
de la vida que emerge.
Huele a nuevo tu cuerpo,
como la untuosa colonia de bebé.
Huele a nuevo. Si.
La piel recien se estrena
y de la luz se alimenta ufana.
Y huele a nuevo.
Ni aun el mas perfecto de los desodorantes,
el más ambiguo de los perfumes,
el más cítrico de los aromas
puede al fin desbancar ese olor a nuevo
que tuviste una mañana
algún siglo anterior, algún eón,
algun segundo perdido
entre el cálido baile
de los granos de arena del reloj.
Huele a nuevo, si.
Pero el olor se acaba. (
J. H. Kingwater. New. Traslated)