No sabe el viajero si tras la siguiente curva del camino hallará el descanso que anhela. Ni siquiera imagina qué puede encontrar bajo el guijarro que aparta displicente. El viajero sigue caminando. Presiente. Sospecha. Pero no sabe… Lo ignora todo del siguiente paso. Solo conoce bien sus huellas pasadas sobre el barro…
Presiento la rosa en el tallo dormido,
presagio la caricia y presiento la pena.
Y el beso que han de darme,
y el llanto no nacido
humedece mis dedos
y entristece mis venas.
Presiento que me quiere
quien no puede quererme.
Presiento mis insomnios
y el llorar de una estrella.
Yo presiento su risa
-y en mis versos su huella-.
Y la risa que pasa,
y la duda que seca.
Todo presiento, todo,
lo que pasa en la tierra:
la caricia y el llanto,
el beso y el poema.
(Gloria Fuertes. Presentimientos)