Hay que llevar los vicios como un manto real, sin prisa.
Como una aureola que se ignora, que se aparenta no percibir.
La belleza es un maravilloso vicio de la forma.
Y luego ¿qué?
Convicción de no decaer, excepto, ay, físicamente.
Uno puede matar si no es a sueldo. Mi ambición es de este mundo pero no del vuestro.
Las trampas que tiende esta época son doblemente infames.
Habría que tener mil vidas por día e inmolarlas diariamente.
Uno da todo para no tener nada. Siempre para comenzar de nuevo.
Es el costo de la vida maravillosa.
La muerte es el término espantoso del sol. El contrato que debe terminar.
Costumbres de propietario.
Vuelve a mí, fantasma de mis noches.
Vuelve a verme para que yo me encuentre…
(César Moro. Hay que llevar los vicios…)