Vacaciones… La santa semana… Este año llegaba con anticipación, precipitación… Quizás así aparentaba más corto el año, si es que deseaba sentir todavía más fugaz, efímero el inexorable paso del tiempo…
En estas reflexiones reparo en lo contradictorios, en lo ininteligibles y paradójicos que resultamos ser los seres humanos… Siempre anhelante de vacaciones, mas disgustada ante la semana santa… Persistentemente anhelando el veloz advenimiento del verano mas deseaba con vehemencia un lento discurrir del tiempo…
Curiosa entelequia la vida… Se sucedían en mi existencia, con un compás cíclico y cadencioso, temporadas, períodos eternos, infinitos, sin fin, devorados por un tedioso hastío y cansancio indolente, con fases que transcurrían raudas, veloces, cuan tormenta de una noche de verano… Y es que casi ninguna vez, el transcurso del tiempo objetivo, inapelable, infalible, imposible de interrumpir, se acomoda con nuestro propio transcurso del tiempo subjetivo e intimista, con el que jugamos a nuestro antojo, ya forzando su marcha, ya deteniéndolo lánguidamente…
Estos días intentaré que los dos se estrechen fraternalmente la mano… Procuraré que no corra tan vertiginoso que cuando quiera disfrutar de él ya se haya desvanecido… Ni tan pausado que me arroje a las llamas de un vertiginoso vacío existencial, abrumado y desilusionado…
La semana santa siempre había estado ligada para mí a alicaídas sensaciones… Quizás por su proximidad con la astenia primaveral… Quizás por ese especial silencio, soledad de una ciudad que se queda vacía y apagada, triste, desposeída de sus bulliciosos ciudadanos y su febril actividad diaria… Pero en esta ocasión emprenderé una huida de todas esas lúgubres impresiones y disfrutaré en ese equilibrio difícil de las fuerzas del tiempo…