Hoy es uno de esos días en que parece que todos los astros se confabulan con fuerza irresistible para jugar con las cartas de nuestro destino en hechizo perverso, en la otra orilla de nuestro sino…
Lunes, nublado, noche insomne… Hoy había sido una de esas resacosas mañanas de noches desveladas, tendida en mi lecho, convertido en refugio de nostálgicos recuerdos, de ilusiones descerrajadas por las travesuras de una tiránica realidad caprichosa y endiablada… Embriagada en la eternidad de la noche de quiméricos suspiros que coléricos, cuan poseídos, desgarran el aire en fúnebre tañido, en desafío a la misma parca… Ella con su danza macabra, los lamentos con su tenebroso, sepulcral rumor… En mi desvelo, la madrugada se torna inmortal, embebecida noche de los tiempos…
En cada segundo eterno una nueva inquietud me acecha agazapada… Cada vuelta esconde un encuentro con los espectros de nuestra conciencia, con un sobrecogimiento helado…
Lo mejor de noches como estas, la certeza de que vendrá un naciente amanecer presuroso en desvanecer con la luz de su aurora todas las tinieblas que nos atormentan… Con júbilo la vemos asomarse, nos recreamos en sus caricias, nos mecemos en su aureola sonrosada… El día será largo y difícil, los delirios de una noche tremebunda y tormentosa, sofocados…