Amenaza lluvia afuera… Aun quedan unos minutos… Un día más… Quizás tenía tiempo para ir paseando… Siempre lo consideré la mejor forma de comenzar el día... Acaso la única… Máxime en días como hoy, exaltación existencialista…
Paseo intimista en los albores de la mañana, al abrigo de la tenue luz de la aurora… En el recogimiento de mis abstraídos pensamientos… Viaje introspectivo a las entrañas de nosotros mismos, puede que a las entrañas de la ciudad misma, más allá del pavimento y hormigón, cemento y polvo… Una travesía a la otra ciudad que se esconde detrás del apresuramiento diario, los fugaces recorridos, impaciente intranquilidad en las que nos sumerge cada día… Detrás del alquitrán, dióxido de carbono, del ladrillo infinito… Y es ahora, realzándose con las primeras luces de oriente y las últimas de poniente, cuando más al descubierto queda su latido…
En mi distraído camino por los icebergs de la conciencia, desentrañando serenas nostalgias y viejos temores, me entrecruzo con algún otro caminante surcando por sus mares… Una mirada cómplice, tímida sonrisa… Extraños bajo el mismo amanecer, retirados en universos distintos, mas partícipes de un mismo compromiso, de un mismo pretexto metafísico y existencial…
Ya casi amaneció del todo… Sus pasos ya se oyen lejos… Cada uno volverá a sus rutinas y olvidaremos ese segundo de éxtasis compartido… La ciudad se vuelve a adormecer otra vez, con nosotros como fugaces testigos, mientras sus habitantes comienzan a conquistarla vehemente, en desenfrenado frenesí, en sus cruzadas del día a día… Acaba un viaje, empieza otro… Será hasta mañana…