Sin ningún tipo de contemplación el despertador marca la rutina de cada día, con toda su crudeza… Con sobresalto espasmódico nos arranca de nuestros sueños, descerrajándolos… Devolviéndonos a nuestra ininteligible realidad más severa, áspera… Renaciendo, resurgiendo cada día, aun sea con servidumbres adquiridas…
Hoy sin embargo su bramido estridente y sobresaltado parece haberse transmutado en delicada y primorosa melodía… Hacía tiempo que no tenía un despertar tan apacible… Todos los recuerdos y penas, añoranzas y tribulaciones, adictos compañeros en los últimos días, fieles espectros íntimos, inherentes a mi propia existencia parecían haberse esfumado… Ya no eran para ti mis primeros pensamientos… Con pausa inhalo una cierta sensación de libertad que irrumpe con fuerza, apoderándose de mí…
Hoy será otro día… Lloverá afuera, pero un rayo de sol, aunque tenue, iluminará mi día, el cielo gris se tornará en azul para mis ojos, ávidos de ilusión... Hoy todo tendrá otro color, quizás el color que siempre tuvo… Hoy volveré a sorprenderme con las pequeñas cosas, esas que destilan una felicidad tan sincera como tierna, conmovedora… Soplo de brisa fresca… Volveré a estremecerme con esa satisfacción tan especial que nos invade ante los pequeños logros, las pequeñas victorias de cada día, ya sólo sea un gesto, una sonrisa… Esa satisfacción de la que sólo lo intangible, lo incorpóreo consigue impregnarnos tanto…
Sé que hoy sólo fue una pausa en el largo camino del olvido… Aun son muchas las nubes que volverán a oscurecer la travesía, descargando con fuerza tempestades… Pero hoy aprendí que la vida no acaba, sino que comienza… El cielo puede esperar…