Domingo… Dies Dominicus… Dies solis… La aurora, con su fastuosa corona sonrosada, anuncia, en su danza de trompetas y acróbatas equilibristas, la llegada del sol… Un sol todavía tímido, desperezándose en el horizonte… Apenas amanece… Denodados esfuerzos en una lucha titánica para no ver ocultado su fulgor… Con pundonor, ansía reverenciar a la mañana… Emprende un nuevo viaje por el firmamento, tomando relevo fraternal a una luna creciente, preludio de una cercana luna llena… Sin conseguir desvanecer del todo las nacientes brumas matinales, comienza a acariciarnos con sus primeros rayos, suavemente, con la ternura del beso maternal… Rayos despuntando atrevidos, asomándose en el ocaso de nuestro letargo… Animando a despertarnos… Invitándonos a vivir…
Hoy será un domingo más… Como tantos otros… Con la ilusión ya desvanecida de tenerte… Me perderé entre las desiertas calles de domingo… Me imbuiré de sus cambiantes sensaciones… Confundiéndome entre joviales domingueros… Paseando entre ese halo de tristeza y melancolía que siempre rezuman los domingos… Mañana será otro día… Volverán las oscuras golondrinas…